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7 lecciones que México aprendió sobre debates presidenciales

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Por Cecilia García Muñoz  @CECIGARMU
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El primer debate presidencial de la era de las redes sociales en México está por ocurrir.

En la antesala del domingo 6 de mayo a las 20:00 horas, Julio Juárez Gámiz, analista político y especialista en medios de comunicación del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, comparte a través de ADNPolitico.com siete lecciones en torno a estos encuentros para tener en cuenta.

Lección 1: El formato es importante, para bien y para mal

 La negociación sobre cómo será el debate es fundamental para salir bien parado de él, advierte Julio Juárez.

Por eso, los equipos de los candidatos revisan cada detalle: las rondas de participación, los minutos, el papel del moderador, la posición de los podios, la iluminación, las cámaras, las tomas, etcétera.

Los políticos han ido aprendiendo que el riesgo de salir mal en un debate es muy alto y para ellos es mucho más conveniente tener todo bajo control. Por eso los formatos de los debates presidenciales en México han sido más bien rígidos.

Juárez Gámiz señala que la principal víctima de los debates presidenciales en México es la espontaneidad y que, en la medida en que los debates sean menos rígidos, como se pretende para este año, serán más interesantes y reveladores para los votantes.

Lección 2: La imagen es fundamental

Se puede estar dando un mensaje correcto, pero si el candidato se ve mal, será mal recibido.

“Lamentablemente en un debate televisivo puedes estar hablando de algo cuyo valor argumentativo sea muy bajo pero si lo dices bien y te ves bien diciéndolo, será mejor recibido por el auditorio”, explica Juárez.

Ya que los debates sirven para que los electores se hagan una idea de quiénes son los candidatos “sin intermediarios” ni ediciones, porque es en vivo y todos están bajo las mismas circunstancias, los detalles como el tono de voz, el volumen, la entonación, el cansancio, el nerviosismo o el control personal, la contundencia, la congruencia, la elocuencia y la pulcritud terminan siendo las cartas de presentación del candidato.

Los debates están hechos para llegar a un público que no consume noticias políticas de manera compulsiva y está abierto a generarse una idea del candidato que ve en televisión, por lo que todo lo que pueda leer de él será clave para su toma de decisiones.

Lección 3: El postdebate puede ser más importante que el debate mismo

Uno de los temas fundamentales ya no es lo que sucede en el debate sino lo que sucede después del debate, sobre todo porque en esa etapa los que no lo vieron se enterarán de que pasó en él.

En esa etapa los equipos de campaña se han ido profesionalizando para darle un “spin” o nuevo giro a la nota terminado el debate, y pretenden impactar en la preferencia de quien vio o no el debate respecto a que su candidato fue el ganador.

Esta etapa es otra vez de percepción y es una estrategia comunicativa. Los equipos de campaña capitalizarán los aciertos de su candidato y los errores de los demás candidatos a su favor, intentando generar su propia visión global de lo que ocurrió en el debate a partir de los elementos que les son convenientes.

Julio Juárez refiere que en Estados Unidos, por ejemplo, las mesas de postdebate suelen ser más intensas e interesantes que los debates mismos. A estos espacios en los medios de comunicación acuden personajes del equipo de campaña del candidato o del partido político, y tienen como objetivo defender las posturas del candidato y alargar el impacto positivo de sus aciertos o el negativo de los errores de los demás.

Lección 4: Los debates están hechos y dirigidos a los indecisos

Si eres uno de esos electores que aún no saben por quién votar, los debates se están organizando para ti. Los electores duros no cambiarán de parecer así su candidato haga el peor papel en el debate, pero tú sí podrías decidirte viendo el abanico de opciones.

Por eso todos los detalles cuentan: el tono de voz, el volumen, el tipo de lenguaje, la ropa, el peinado, la sobriedad, la incapacidad de ser flexibles y hasta el más mínimo detalle, lo que sea que detone en la mente de un indeciso su deseo de votar por él.

Las encuestas revelan que alrededor de 30% del electorado está en condición de indeciso, por lo que el debate puede servir para disminuir ese número.

Entre menos información de los candidatos tenga el televidente, más influyente para su decisión será lo que vea del debate. Por eso, es común que los candidatos de partidos con menos votantes o los que han tenido menor exposición tengan repuntes de intenciones del voto tras el debate. Esa exposición no la obtendrían de otra manera.

Pero mientras que para un candidato no puntero o desconocido el debate puede ser de ayuda, para los que van a la delantera resulta un ejercicio muy riesgoso.

Lección 5: Desdeñar un debate se paga caro

“La lección de 2006 es que el juega a defender pierde”, advierte Julio Juárez.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador (entonces candidato de la Alianza por el Bien de Todos, PRD, PT y Convergencia) encabezaba las encuestas preelectorales y decidió no ir al primer debate organizado por el IFE.

Sus adversarios tomaron ventaja de eso. El ahora presidente Felipe Calderón, entonces candidato del PAN, lo acusó de sentirse tan confiado de ganar que no quería exponer sus ideas.

“Si tu guardas a tu candidato, buscas no interactuar y dejas de ir a los debates, como lo hizo López Obrador en 2006, la gente sanciona esa falta y la evalúa muy negativamente”, explica Juárez Gámiz.

En esta elección, por primera vez, la ley obliga a que la autoridad electoral organice los debates y a que los candidatos acudan, por eso, los cuatro tendrán que ir a dos debates.

Para evitar el escenario de la “silla vacía”, el representante del PRI ante el Consejo General del IFE, Sebastián Lerdo de Tejada, dejó claro en el acuerdo firmado para la realización de los debates que, si como prevé la ley, luego de los dos debates obligatorios se organizaran otros, éstos no podrían llevarse a cabo sin la participación de todos los candidatos registrados. Así, el partido con el candidato puntero se vacuna por si no quisiera seguir exponiéndose a ataques de sus perseguidores.

Lección 6: La teleaudiencia se sofistica cada sexenio

El público es muy hábil para atribuirle un grado de credibilidad a los mensajes que se emiten en los debates, independientemente de que sean ciertos o falsos. Se puede criticar a un contrincante y si la gente creyó el ataque, no necesariamente es porque sea cierto, sino porque fue convincente.

La teleaudiencia sí identifica cuando un candidato está haciendo un “truco”. Si saca debajo del atril una foto, un documento, una “prueba” contra su adversario, y si el truco está mal hecho, el impacto se vuelve negativo para el que no supo atacar correctamente.

Así también, los votantes de México y el mundo han establecido un umbral de tolerancia a la violencia o ferocidad de un ataque en televisión.

“Si te pasas de tueste en el ataque y si la gente llega a percibir esa maniobra como un golpe bajo o algo que no se vale, el ataque se vuelve en contra de quien lo hizo con fuerza desmedida”, asegura Julio Juárez.

Este límite esta respaldado por la idea o percepción del votante de cómo debe comportarse un jefe de Estado.

“Por eso el ‘cállate chachalaca’ se volvió en contra de López Obrador en 2006, porque no esperas que un jefe de Estado se exprese de esa manera para criticar a sus adversarios”, dice el analista.

Lección 7: Las redes sociales, arena fundamental

 El gran factor diferenciador de esta campaña y de los debates por venir serán las redes sociales, porque en ellas, antes, durante y después del debate, se estarán gestando las propias batallas en donde se podrán ganar o perder votos valiosos.

Y no sólo por lo que puedan influir esos fenómenos comunicativos en los propios usuarios de las redes sino que, dado que los medios convencionales están cada vez más atentos a lo que ocurre en ellas, es previsible que  lo que se gane o pierda en redes suba a radio, televisión, revistas y periódicos haciendo una ola expansiva de esa reacción.

Para Juárez es previsible también que los equipos de campaña estén durante el debate utilizando todos los recursos disponibles a su alcance para fijar temas de agenda y hacer “trendings topics”.

Así que prepárate para diferenciar las tendencias creadas por robots retuiteadores de las genuinamente construidas por los usuarios de las redes que sí estén viendo el debate y plasmando sus impresiones en tiempo real en las redes sociales.

Los debates paralelos, ocurriendo al mismo tiempo que los candidatos están en televisión, serán todo un acontecimiento digno de ser observado.


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