DEBATE DE DEBATES

El primer debate Obama-McCain: dos caras de la misma moneda

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Por Diego Ángeles Sistac  @dasistac

El primer debate presidencial entre los candidatos estadounidenses Barack Obama –demócrata– y John McCain–republicano–, el 26 de septiembre del 2008, dejó de manifiesto que los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos no son tan diferentes.

El debate de ese año, sin embargo, fue un choque contrastante de palabras, campañas y estilos.

Los dos senadores, el republicano de Arizona y el demócrata de Ilinois, se enfrentaron en una batalla de contrastes: joven-viejo, minoría-mayoría, novedad-tradición, contribuciones personales-fondos públicos.

El debate entre estos gladiadores sería una querella que terminaría acentuando las tendencias del electorado: para el 25 de septiembre, día anterior al debate, la casa encuestadora Gallup ubicaba a Obama con el 50% del apoyo del electorado contra el 42% para McCain. Esta tendencia crecería para separar aún más a los candidatos (hasta 53% contra 40%).

Más que los puntos concretos que se debatieron, su desarrollo y sus formas resultaron interesantes. El primer debate atrajo una audiencia de más de 50 millones de personas.

Durante los primeros diez minutos del primer encuentro, Obama sólo una vez atacó las políticas del contrario. En realidad, Obama y McCain parecían estar de acuerdo en todo.

Este primer debate fue rico en la diversidad de temáticas tratadas: la persecución de Osama en Afganistán, el posicionamiento ideológico de Pakistán, el retiro de tropas de Iraq, el rescate económico, la frágil alianza con Rusia y, finalmente, el posible encuentro armado con Irán.

Todos los temas fueron sorteados por los candidatos con verdadera destreza retórica y razonados argumentos.

Era notorio que Obama y McCain tenían la misma postura ante la crisis económica: debían implementar el paquete económico.

También veían con iguales ojos la posición de Estados Unidos en el mundo: debían regresar a un papel conciliador internacional. En realidad, los temas que dividieron a demócratas y a republicanos, se limitaron a salud y seguridad nacional.

Obama argumentó la necesidad de un sistema de cobertura universal, basado puramente en impuestos, tomando como modelos el escandinavo y el canadiense.

En la otra esquina, McCain apoyó la idea de que cada quien fuera libre en su elección de un servicio de salud; pensaba que si disminuían los impuestos habría una mejor distribución del ingreso y, por tanto, una mayor facilidad de adquirir servicios médicos.

En cuanto a la seguridad nacional, probablemente el tema más importante de ese momento, Obama apoyaba la salida de las tropas de Iraq y calificaba esa guerra como el peor error del gobierno de George W. Bush.

El demócrata también pedía regresar a Afganistán y presionar a Pakistán en la búsqueda del resto de Al-Qaeda y de Osama Bin Laden (baja que conseguiría durante su Presidencia en 2011).

Obama proponía entablar pláticas con el Ahmadinejad en Irán, rectificar su postura en cuanto a proliferación nuclear y calmar sus amenazas hacia el Estado israelí.

McCain también apoyaba la salida de las tropas de Iraq, pero enfatizaba los lazos terroristas entre ese país y Afganistán, el argumento que motivó esa guerra, en contraposición a la idea de “armas de destrucción masivas” de Bush.

El republicano se negaba a sentarse con autoridades iraníes, defendía la idea de un posible conflicto armado entre ambos países. Inclusive, actualmente McCain considera que Estados Unidos debería confiar en Israel si éste decidiera atacar a Irán.

Durante el debate no existió ninguna ocasión en que McCain y Obama se atacaran personalmente; el duelo era puramente argumentativo, quizás flojo a veces, pero en verdad un ejemplo de debate político.

El último gobierno de Bush anuló el poder de este debate, su paso por la Presidencia había condenado a los elefantes rojos (símbolo del Partido Republicano).

Su aprobación como mandatario era muy baja, llegó a tener el 65% de desaprobación. Había puesto en bandeja de plata la elección para los demócratas.

La elección terminaría favoreciendo al demócrata con 365 votos electorales, aproximadamente 66 millones de electores, frente a 173 de McCain, el equivalente a 58 millones de votantes. 

Obama se mostró como un gran candidato, tenía un respaldo sin precedentes, era la gran opción demócrata, no tenía “peros”.

DECIDIDO DESDE ANTES

Si bien el debate afirmó posturas importantes para los dos candidatos y sus respectivos partidos, el desenlace electoral estaba determinado, a priori, como consecuencia de la desaprobación del gobierno republicano de George W. Bush.

Obama ejercía la mercadotecnia de la novedad; lo fresco, “el cambio”, el “sí podemos” (“Change”, “Yes we can”).

Toda la campaña de Obama se apoyaba en medios de comunicación no tradicionales –como Twitter, Facebook y YouTube–.

La página de Facebook de Obama llegó a tener más de 19 millones de suscriptores, mientras que la de Sarah Palin –candidata a vicepresidenta por los republicanos– se estancó en 2.8 millones.

Otra estadística indica que, dos días antes de la elección, McCain ganó 964 “amigos” nuevos en Myspace, mientras que Obama sumó más de 10,000.

La propaganda del demócrata a través de YouTube fue observada aproximadamente 14.5 millones de horas alrededor del mundo, de acuerdo con el New York Times, lo equivalente a pagar $47 millones de dólares en publicidad televisiva.

El dinero de la campaña demócrata se obtuvo a través de contribuciones individuales, 659 millones de dólares para ser exactos (McCain por este medio obtuvo la tercera parte).

La "obamanía" tuvo un diseño gráfico de vanguardia: el artista Shepard Fairey dio vida al famoso poster de “Hope” de Obama, que hasta ahora se recuerda como la imagen más duradera de la campaña del demócrata.

La moderna estrategia de Barack le daría el 70% de los votos entre los electores menores a 25 años.

Los slogans de la campaña demócrata apelaban al sector menos afortunado de la población: a diversas minorías y a la incipiente clase media.

Arremetían también contra el gobierno actual en su ineptitud ante la guerra y la avaricia de Wall Street que, según aseguraban, condenó a los Estados Unidos a su peor crisis económica desde 1929.

El Grand Old Party (GOP, Partido Republicano) encontró en McCain su perfecto abanderado y utilizó lo añejo de su figura como símbolo de experiencia.

McCain, águila-elefante político, lideró su campaña demostrando su conocimiento –y práctica– de la política estadounidense desde la Guerra Fría. Su slogan fue: “Country first” (“primero el país”).

La campaña fue clásica, tradicional; con spots de radio, televisión, el típico recorrido nacional y financiada por fondos federales y PACs (Political Action Committees), que sumaban –entre los dos– poco más de 85 millones de dólares, frente a los 1,580 dólares que Obama obtuvo por ese medio.

Al final, estas diferencias se notaron en las urnas.

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