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Opinión: Voces jóvenes en tiempos electorales

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Por Iliana Rodríguez Santibáñez  @ADNPolitico
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NOTA DEL EDITOR: Iliana Rodríguez Santibáñez es doctora en Derecho con mención honorífica por la UNAM; profesora-Investigadora especialista en Derecho internacional del Tecnológico de Monterrey; miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt, y autora de “La Soberanía en tiempos de globalización” y “La transición democrática en Iraq”.

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En una sociedad fincada desde tiempos inmemoriales en culturas prehispánicas de guerreros y sabios en ciencias como la astronomía y las matemáticas, no debería sorprendernos la inteligencia y voluntad en contra de la manipulación que expusieron cientos de jóvenes en las pasadas marchas bajo el slogan “Yo soy 132”.

No nos sorprenderían si hubiesen sido estudiantes de las universidades públicas, porque parece que nos mal acostumbramos a que éstas sean quienes enarbolen causas sociales o simpaticen con estas y perdemos nuestra capacidad de asombro.

Pero al tratarse de universidades privadas estereotipadas como aquellas al margen de las causas sociales, que responden sólo a intereses privados y no públicos, nos sorprendemos de inmediato ante sus recientes manifestaciones. 

Se les subestima, la carga de su preocupación les llevo a la ocupación de las calles, a la acción pública como forma evidente de protesta contra la represión a la libertad de expresión y el derecho a la información principalmente.

La clase media alta de estas universidades privadas del país, no se sumó expresamente en esta marcha al colectivo de aquellas voces que no pueden tolerar 50 mil muertos por la inseguridad y 50 millones de pobres, pero si se manifestó en contra del destino manifiesto que no han elegido aún.

Estas voces juveniles que sostenían  "no somos porros, somos estudiantes" clamaron una y otra vez su desacuerdo con el sistema democrático de México y se desprendieron de partidos políticos, invitaban al voto razonado el 1º de julio y citaron para el 23 de mayo para una nueva movilización de protesta. El problema de la falta de tutela efectiva de derechos por parte del Estado, ocurre cuando al no existir los mecanismos de defensa para el ciudadano, este se ve obligado a elevar la voz bajo mecanismos no judiciales, sino sociales, lo que es legítimo pero preocupante al observar que hay ciertos segmentos como el de las comunicaciones que parecen estar al margen de la ley o bien que funcionan al amparo del poder al que sirven ignorando a la sociedad.

Lo que habría que acotar es el que designen a estas manifestaciones como movimientos sociales, forman opinión pública y pueden llegar a ser uno de estos, pero no aún, pues básicamente los movimientos sociales  se definen como “el intento de dar a los problemas sociales soluciones sociales frecuentemente inspiradas en concepciones filosóficas o religiosas y siempre marcadas por la sociedad en que han vivido e intentado rebasar, pues se parte de la idea de que una comunidad social es una buena realidad que no puede reducirse a lo político ni a lo económico” (Diccionario UNESCO de ciencias sociales. p 1458) y concretamente como “una serie de interacciones ininterrumpidas entre quienes ostentan el poder y las personas que exitosamente claman hablar en nombre del electorado, por medio de una representación informal; en el curso en que estas personas hacen públicamente visibles sus demandas de cambio en la distribución del ejercicio del poder.” (Encyclopedia of Democratic Thought. p. 663.)

Entonces lo que debe revisarse en estas marchas es la interacción de los ciudadanos en este caso universitarios, con los órganos de poder antes quienes manifiesta sus reclamos en este caso en contra de los efectos de determinados grupos u órganos de poder. En estas marchas si bien es cierto se protesta por ejemplo contra los medios, no se tiene un interlocutor formal para ello, por lo que su presencia en este momento es efímera, su consistencia se conseguirá en la medida de su organización, por lo que no es posible ni denominarla “Primavera mexicana” como se observa en redes sociales, o “M-15” de España, o el movimiento “Occupy” en Estados Unidos. Prematuro asemejarlos con estos movimientos.

Lo que no le resta valor a lo que por sí mismo aporta valor ¿Cuál? La capacidad de expresarse en contra de aquello que se cree injusto. Esto es lo importante, jóvenes universitarios cuya cultura e inteligencia les permite tomar decisiones propias al margen de la posible manipulación de partidos  o grupos políticos, dentro de una democracia que permite la disonancia en las ideas. Esto es la esencia de la democracia, participar.

J.J.Rousseau escribía en  su obra El Contrato Social, respecto de la relación del gobernado y la forma implícita que tenía en las relaciones de poder del gobernante, esta relación encuentra su cause en realidad a través de los derechos administrativos del hombre y del ciudadano, que no son sino todas aquellas  garantías y prerrogativas legales de los ciudadanos para hacer exigible las obligaciones de las autoridades públicas tal y como se establecen en nuestras leyes y en todos y cada uno de los  programas políticos y administrativos de origen público. La marcha “Yo Soy el 132”  como otras marchas exhiben esto, exigir a la autoridad una obligación insatisfecha.

La posibilidad de reclamo del ciudadano para ver cumplir lo que las leyes y programas públicos consignan, va más allá de la opinión pública; aunque ciertamente puede incidir en la transformación del derecho no sucede con la contundencia que un movimiento producto de las masas -como un derecho que apremia- podría influir, ambos podrían en consecuencia ser al final del día recursos legales, pues las manifestaciones o marchas públicas tienen sustento en la libertad de reunión ó manifestación y la libertad de tránsito.

Los movimientos sociales en general operan en el marco de la ley, tienen estructura, propósitos y adeptos leales; intentan llamar la atención de otros para conseguir más miembros. También desean llamar la atención de determinado público o élites en el poder para encontrar eco a sus peticiones que parten de sus derechos políticos y que obtienen respuesta en ocasiones a través de estos derechos de corte administrativo o burocrático en el sentido lato de la palabra.

 Estos derechos pueden tener incidencia en varios tipos de relaciones de poder, la marcha  “Yo Soy 132” puede formar opinión pública, lo que ya es un inicio, esta por verse la consistencia como grupo representativo de un segmento de la población, que se ocupa y no solo se preocupa. Las elecciones presidenciales en México, pondrán aprueba su interés por cambiar  o mantener con su voto determinada estructura de poder. En un escenario donde parecía imposible, hoy todo es posible.

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