OPINIÓN

Tiaré Scanda: Gracias a #YoSoy132, y a sus papás y maestros

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Por Tiaré Scanda  @Tiare_Scanda
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NOTA DEL EDITOR: Tiaré Scanda es actriz de cine, teatro y televisión. En 1996 estuvo nominada al Premio Ariel a mejor actriz de reparto por la película “El callejón de los Milagros” y en 2001 a la Diosa de Plata a la mejor coactuación femenina por “De ida y vuelta”. Actualmente trabaja en la telenovela “Por ella soy Eva”,  de Televisa, donde interpreta a “Marcela Noriega”, una mujer víctima del machismo y la violencia intrafamiliar.


¿A qué edad deja uno de ser joven? ¿Cuando aparecen las canas? ¿las arrugas? ¿O cuando las rodillas duelen tanto como para no ir a una marcha?

Tal vez uno deja de ser joven cuando le dejan de doler las causas que antes le parecían justas e importantes. Cuando se resigna. Cuando piensa que quienes exigen que se cumplan sus derechos son unos revoltosos.

Cada estudiante involucrado en la marcha “Yo soy 132” vale por dos, tres o cuatro personas, porque hay que reconocer y celebrar a los padres y maestros que han formado a jovencitos conscientes, críticos, responsables y solidarios.

Da esperanza saber que hay muchos mexicanos capaces de organizarse por un objetivo común y que en este país, huérfano de líderes, puede haber en estos jóvenes un semillero de personas con conciencia, sensibilidad y determinación que puedan dar cauce a las buenas intenciones de muchos otros que no saben qué hacer con ellas.

Lo mejor de todo es que los estudiantes se están organizando entre ellos, pacíficamente y sin obedecer a los objetivos de ningún partido político. También me encanta que la universidad que dio el primer paso haya sido la Ibero, una universidad privada, porque eso ayuda a romper una barrera social con los estudiantes de universidades públicas y empezar a construir un país que de verdad sea para todos. Un país en el que el sólo hecho de ser mexicanos nos acerque, nos dé un motivo para conocernos y para compartir el país, aún si no pensamos igual excepto en una cosa: que todas las personas tienen derecho al bienestar, a la dignidad, a la información, a expresar sus puntos de vista y a un futuro que no de miedo vivir sin confianza.

¡Gracias a las madres y padres que están formando buenos mexicanos y que se esforzaron tanto para que sus hijos llegaran a la universidad! ¡Gracias a los hijos por no defraudarlos! ¡Gracias a todos los que predican con el ejemplo y no se corrompen ni se rinden! ¡A todos los jóvenes, con canas o sin ellas, que siguen pensando que la vida tiene sentido… la de todos. Que con inteligencia y responsabilidad se puede participar en movimientos sociales y cambiar lo que no está bien. Que la maldad humana, la avaricia, la mezquindad, no son lo único que somos!

También somos la solidaridad, el respeto, la consideración, la conciencia de que existen los otros, y de que un país tan averiado, por algún lado hay que empezar a arreglarlo.

Para hacerlo en equipo, para trabajar juntos en la reconstrucción de un país, no nos ayuda nada dividirnos entre buenos y malos, porque ni los buenos somos tan buenos ni los malos completamente malos.

Las televisoras, por ejemplo, a pesar de todos los errores indefendibles, son empresas que generan miles de empleos desde hace muchos años: escritores, maquillistas, historiadores, técnicos en iluminación, ingenieros en sistemas, mercadólogos, sociólogos, escenógrafos, camarógrafos, comerciantes (proveedores de muebles, ropa, joyería, flores, materiales varios), choferes, reporteros, personal de limpieza, músicos, ingenieros de audio, carpinteros, pintores, vestuaristas, tintoreros y, por supuesto, productores, directores y actores, entre otros muchos oficios.

Lo que hacía falta era que la audiencia tuviera el valor de decir lo que no le estaba gustando. “Al que no habla, Dios no lo oye”. Pero la ciudadanía ya está hablando, gracias a las nuevas formas de comunicación que lamentablemente sólo están al alcance de algunos.

Lo ideal sería que todos hiciéramos  un ejercicio de autocrítica y corrigiéramos lo que estamos haciendo mal. Lo ideal sería que los mexicanos tuviéramos más opciones de todo: de supermercados, de telefonía, de salas cinematográficas, de televisoras, etc.

Lo que es un hecho es que, en la medida que seamos exigentes y participativos, lograremos tener servicios de mejor calidad, funcionarios honestos, gobiernos decentes, y televisoras que atiendan mejor las demandas de una audiencia que por fin se ha decidido a hacerse escuchar.

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