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Opinión: El segundo round entre candidatos presidenciales

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Por Iliana Rodríguez Santibáñez  @ADNPolitico
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NOTA DEL EDITOR: Iliana Rodríguez Santibáñez es doctora en Derecho con mención honorífica por la UNAM; profesora-Investigadora especialista en Derecho internacional del Tecnológico de Monterrey; miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt, y autora de “La Soberanía en tiempos de globalización” y “La transición democrática en Iraq”.


Sin duda, el debate entre candidatos es una oportunidad para que el voto de los indecisos tome su cauce. Sin embargo, en un formato rígido en tiempo y forma, no hay mucho que decir ni esperar, salvo un posible traspié que se convierta en nota, o la idea reveladora que nos tome por sorpresa y trascienda en lo inimaginable.

En cualquier supuesto, poco o nada modificará las preferencias hasta ahora mostradas. Sin embargo, ese poco puede suceder e inclinar la balanza tal y como ocurrió con el candidato francés de izquierda y hoy presidente François Hollande, en contra del candidato de la derecha Nicolás Sarkozy en las pasadas elecciones de mayo. En este caso, el único debate que sostuvieron le concedió a Hollande una ventaja de seis puntos cuando estaban a tres días de las elecciones en aquel país, margen suficiente para incrementar percepciones a favor y definir el voto de los indecisos.

Uno de los puntos a destacar en el debate francés, y que casi no existe en el escenario mexicano de los debates, es el de refutar y sostener con argumento más allá de los ataques al individuo que se tiene enfrente. Hollande hizo enojar a Sarkozy, que evidenció aquel dicho de “el que se enoja pierde”, y en un debate de cerca de tres horas, la estrategia de Hollande fue refutar a su contrario desvirtuando una a una sus promesas de campaña, confrontándolas en contra de la realidad que prevalece actualmente y hasta entonces construida por Sarkozy y los miembros de su Partido Unidad por un Movimiento Popular (UMP).

En la algidez o tono elevado de ese debate, uno de los segmentos más ilustrativos, recogidos por la prensa internacional, fue el siguiente que confirma lo anteriormente dicho: Hollande le dijo: “Usted defiende a los más privilegiados, y yo defiendo a los niños de la República”; “Hay una diferencia entre nosotros”, contestó Sarkozy, “Yo quiero menos pobres y usted quiere menos ricos”; a lo que Hollande respondió: “Pues ahora hay más pobres y los ricos son más ricos” (“Hollande se crece ante Sarkozy durante un debate largo y agrio”, El País, mayo 3, 2012).

Frases como ésta imperaron en todo el debate, además de los adjetivos descalificativos de Sarkozy a Hollande, que nunca respondió directamente a éstos, mostró temple y compostura en un acto republicano rumbo a la Presidencia.

Ahora bien ¿Qué desearíamos observar y escuchar en un debate corto en tiempo y en formato rígido? Ideas claras, inteligentes y posibles, y siguiendo, por qué no, las reglas de Orwell o de McLuhan, donde “el medio es el mensaje”, utilizar el idioma de la forma más clara posible, tratando de explicar lo complejo de forma sencilla, ejerciendo no sólo por parte de nuestros candidatos el derecho a la libertad de expresión, sino haciendo efectivo el derecho a la información por parte del ciudadano.

Pues no todo ciudadano en edad de votar sabe leer o comprende lo que lee en la prensa escrita, suple esa deficiencia por la televisión y la radio, que no siempre en todos los casos informan sino medio informan o desinforman. Estos medios, a diferencia de la prensa escrita, dan incluso entrada a analfabetas, por lo que debemos pensar en contenidos mucho más inteligentes y directos, para forjar sociedades participativas. Esto debe ser considerado en un debate de esta magnitud.

Enrique Peña Nieto (PRI), Andrés Manuel López Obrador (PRD), Josefina Vázquez Mota (PAN) y Gabriel Quadri (Panal), en un mano a mano, tienen en el debate la oportunidad de definir no sólo su futuro, sino el destino de la nación en las próximas elecciones del primero de julio, donde se atribuyan o no el poder público y todo lo que ello conlleva, la guerra de spots de unos contra de los otros logrará incidir en aquel electorado que no ha considerado aún más elementos que éstos para formarse un juicio serio respecto del voto razonado, que es el más informado.

En cualquier caso, el futuro presidente o presidenta de México debe ser excelente administrador o administradora que fije su mandato como un contrato, bajo el cumplimiento absoluto de nuestra Constitución, misma que requiere nuevas figuras jurídicas además de la sucesión de tal o cual secretario en específico por la falta absoluta del presidente, la figura de la renuncia o dimisión en caso de su incumplimiento o corrupción, tal como ocurre en otros países. El derecho es para cumplirse, no para evadirse.

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