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Opinión: La ignorancia alrededor del voto estratégico

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Por Luis Estrada  @LuisEstrada_
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NOTA DEL EDITOR: Luis Estrada es doctor en Ciencia Política por la Universidad de California en San Diego y director general de SPIN-Taller de Comunicación Política. 

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A sólo dos semanas de la última oportunidad para dar a conocer números de encuestas, la tendencia de la Encuesta de Encuestas de ADN Político muestra cambios mínimos en las preferencias de los candidatos a la Presidencia: un candidato puntero, con ventaja de dos dígitos sobre dos candidatos que, a lo largo de la campaña, no se han podido adueñar claramente del segundo lugar.

Para algunos, la victoria del PRI es inevitable y, por tanto, inaceptable. El llamado de ciertos anti-priístas ha incluido replicar el escenario en el que el PAN y las izquierdas formen una alianza anti-PRI, como las que triunfaron en las elecciones para gobernador en Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Para concretar la alianza anti-PRI la candidata del PAN, o el candidato de las izquierdas, debe declinar en favor del otro. Después, ambas fuerzas políticas se pondrían de acuerdo en el plan de gobierno, en quiénes ocuparían los puestos del gabinete y, sobre todo, cuándo sería el momento de dar por finalizada la alianza entre la izquierda y la derecha para competir cada uno por su cuenta.

El llamado de otros anti-priístas ha sido directamente a los electores a que voten “útilmente” en contra del PRI. El mal llamado “voto útil” es definido en Ciencia Política como “voto estratégico”, y ocurre cuando los electores observan que su candidato o partido no tiene posibilidades de triunfo, por lo que votan “estratégicamente”, favoreciendo a su segunda mejor opción, que sí tiene posibilidades de triunfo. El voto estratégico, al igual que la formación de alianzas, requiere que haya un claro segundo lugar por lo que, de acuerdo con las encuestas publicadas, a dos semanas de la elección existen bajas o nulas posibilidades de ocurrir.

Para que el escenario anti-PRI se concrete, en alianza o mediante voto estratégico, se necesita que la fuerza electoral de uno de los dos, PAN o las izquierdas, sea evidentemente mayor. Las alianzas PAN-PRD victoriosas en 2011 contaban con un partido más fuerte que el otro: en Puebla y Sinaloa, el PAN ha sido históricamente más fuerte que las izquierdas; en Oaxaca, las izquierdas han aventajado claramente al PAN.

Por el contrario, si la fuerza electoral de las izquierdas y del PAN es similar, las posibilidades de lograr una alianza anti-PRI disminuyen. Tal es el caso de la elección para gobernador del Estado de México, en el que al no existir al inicio de la campaña un claro segundo lugar, el PAN y las izquierdas decidieron postular a su propio candidato. A lo largo de la campaña tampoco existió un claro segundo lugar, por lo que el electorado tampoco votó estratégicamente para derrotar al PRI, que eventualmente ganó todo en la elección.

Los equipos de campaña de Josefina Vázquez Mota y de Andrés Manuel López Obrador no lograron posicionar a sus candidatos como el segundo lugar. Sin alianza, posible sólo gracias a la declinación de uno de los candidatos, de último momento diversas voces emplazan al electorado a ceder su primera opción para evitar el triunfo del PRI. La complicación de la convocatoria al voto estratégico anti-PRI surge de la ausencia de coordinación entre los electores panistas y los de la izquierda: ¿Qué amloistas votarían por Josefina si afirman que su candidato va al alza en las encuestas? ¿Qué josefinistas votarían por Andrés Manuel si su candidata ha repuntado en los últimos días?

Observar en las encuestas quién es el segundo lugar es la pieza de información más útil para conocer las probabilidades de que el PAN y la izquierda se decidan a postular un candidato único en contra del PRI, o en su caso de que exista el voto estratégico anti-PRI. Si no existe un claro segundo lugar, las preguntas de los encuestadores sobre cuál sería la segunda opción de los entrevistados, o por quién votarían en caso de que su candidato no tuviera probabilidades de ganar (similar a una hipotética segunda vuelta), sirven poco.

En la recta final de las campañas, tanto el equipo de Vázquez Mota como el de López Obrador publicarán encuestas que intenten enviar el mensaje de que su candidato es el indiscutible segundo lugar, y solicitarán a los votantes sacrificar su primera opción con tal de que no gane el PRI. Por su parte, las encuestas publicadas por los medios de comunicación han mostrado que las tendencias no se han modificado, y que no existe un claro segundo lugar.

El equipo de Josefina tuvo el segundo lugar al inicio de la campaña, derivado de su nominación en la elección interna del PAN, pero cometió errores estratégicos y operativos que le quitaron inercia; el equipo de AMLO tuvo el segundo lugar antes del último debate, pero no ganó el post-debate, y permitió que se confirmara la percepción de que lo había ganado Josefina, equilibrando nuevamente la contienda por el segundo lugar. Si el 1º de julio gana Enrique Peña Nieto, en buena medida los principales culpables serán quienes ignoraron, de principio a fin, la importancia de la competencia por el segundo lugar.

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