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Peña Nieto dice en su cierre: 'Vamos directo a la victoria'

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Enrique Peña Nieto
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Promedio global

Por Óscar Balderas  @ADNPolitico

La campaña presidencial de Enrique Peña Nieto terminó. Al filo de las 17:44 horas de este miércoles, la gira de 90 días que el candidato presidencial del PRI realizó por el país llegó a su fin con nueve palabras: “vamos directo a la victoria el primero de julio”.

El exgobernador del Estado de México, quien durante los tres meses de la campaña se mantuvo como puntero en las encuestas rumbo a la elección del 1 de julio, cerró ante miles de simpatizantes en la Macroplaza de Monterrey, Nuevo León.

Ahí, con un clima de 38 grados centígrados y antes de la actuación del Grupo Pesado y la cantante Gloria Trevi, pidió por última vez de manera pública un voto de confianza a su proyecto de nación.

“¡Estamos a cuatro días, a cuatro, de esta elección que será decisiva para las familias de México!”, arengó Peña Nieto. y luego agradeció a las 32 entidades que lo recibieron como candidato presidencial.

Con la camisa blanca sudorosa, exhortó a sus simpatizantes a no confiarse en las encuestas y a votar por él para que se vuelvan una realidad propuestas como frenar el alza del precio de alimentos, bajar las tarifas eléctricas, crear un sistema de seguridad social y seguro de vida para jefas de familia.

“¡Vamos a ganar, vamos a ganar! ¿Se puede o no se puede? ¡Claro que se puede!”, dijo el priista, quien se despidió de la campaña a lado de su esposa Angélica Rivera y entre papeles tricolores que flotaban en el aire.

Peña Nieto pidió madurez a los partidos políticos para aceptar los resultados de las elecciones de este domingo.

“Después del 1 de julio espero en todos los partidos una actitud madura, seria y responsable para asumir plenamente el mandato de los mexicanos. Quiero pedirles a quienes siguen este proyecto que cerremos filas, que no nos confiemos.

“Ésta es una elección que sólo se gana con votos. En todas las mediciones vamos adelante; razón de más para redoblar el esfuerzo para que más conozcan mi compromiso", enfatizó.

Con esto termina una gira de más de 2,100 horas de proselitismo que arrancó a las 00:01 horas del 30 de marzo en un bastión panista, Jalisco.

Ahí firmó el primer compromiso que hizo en campaña: crear la Comisión Nacional Anticorrupción, un tema que lo persiguió desde su precampaña, cuando sus adversarios acusaron que como sucesor del gobernador Arturo Montiel encubrió actos deshonestos.

Empezó con una ventaja de, en promedio, más de 20 puntos por encima del segundo lugar, la panista Josefina Vázquez Mota, seguido del perredista Andrés Manuel López Obrador y el aliancista Gabriel Quadri, entonces desconocido para la opinión pública.

Y lo hizo acompañado de su esposa, la actriz Angélica Rivera, quien debutó como videasta política con el canal de YouTube “Lo que mis ojos ven, lo que mi corazón siente” y con un equipo de campaña de priistas que conoció, en su mayoría, durante su estancia como gobernador.

A partir del 31 de marzo visitó Jalisco, Chiapas, Chihuahua, el Distrito Federal, Sonora, Veracruz, regresó al Distrito Federal, Yucatán, Estado de México, Oaxaca, Querétaro, Guerrero, volvió a Veracruz, Guanajuato, Morelos, por tercera vez el Distrito Federal, retornó a Jalisco, Nayarit, otra vez Distrito Federal, de nuevo Estado de México, Baja California Sur, Aguascalientes, Nuevo León, vuelta a la capital del país, Tabasco, Tlaxcala, Puebla, retorno a su estado natal, de nuevo al Distrito Federal, retorno a Guanajuato el 3 de mayo.

En el primer tercio de su campaña, Peña Nieto había recorrido 22 estados sin movimientos en las encuestas que, para entonces, preveían que el PRI y el PVEM podrían llevarse la mayoría de ambas Cámaras legislativas.

La logística de sus mítines parecía una receta de cocina a prueba de fallas: tres horas antes, camiones de distintos municipios trasladaban a los simpatizantes al lugar del encuentro con Peña Nieto, los acomodaban por grupos cerca del paso del candidato y cuando éste llegaba, usaba entre 30 y 50 minutos para estrechar cuantas manos y besar cuantas mejillas pudiera.

Luego, subía al templete, daba un discurso de unos 25 minutos en el que enfatizaba su estilo de gobernar de firmar y cumplir, signaba tres o cuatro compromisos locales, volvía a besar y abrazar a los militantes de su partido y salía en una camioneta Jeep Liberty blindada rumbo al siguiente evento.

Todo a prueba de errores.

Llegó el primer debate presidencial el 6 de mayo y aunque Peña Nieto no ganó, tampoco perdió. Sin un claro consenso sobre quién tuvo el mejor desempeño, el priista salió sin rasguños del encuentro realizado en el World Trade Center de la capital.

Sin embargo, el 11 de mayo – en el segundo tercio de la campaña – una visita a la Universidad Iberoamericana cambió el rumbo de Peña Nieto y de toda la contienda electoral.

El priista fue invitado al foro “Buen Ciudadano Ibero” que realizó la universidad con todos los candidatos presidenciales; sin embargo, la logística del evento no quedó en manos del staff de Peña Nieto y los universitarios se fueron contra él.

A las 10:00 horas de ese viernes, el auditorio José Sánchez Villaseñor tronó contra el candidato. “¡Asesino!”, “¡Ignorante!”, “¡Telecandidato basura!”, le gritaron algunos alumnos, recordándole los casos de abusos a derechos humanos en Atenco, feminicidios en la entidad que gobernó y su relación con el expresidente priista Carlos Salinas.

Peña Nieto salió de la Universidad Iberoamericana entre protestas, lo que provocó que el presidente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, acusara de porros a los estudiantes y demandara una investigación sobre el caso.

La postura del senador priista indignó a los universitarios, quienes respondieron con un video grabado por 131 alumnos que mostraban sus credenciales y desmentían que fueran provocadores pagados por los adversarios del PRI.

La contestación de los “chicos Ibero” provocó la adhesión de cientos de jóvenes a las protestas, que dieron forma a un movimiento de alumnos de escuelas públicas y privadas llamado #YoSoy132. Empezaron en redes sociales y salieron a las calles.

Entonces, Peña Nieto tuvo que enfrentar la materialización de un movimiento juvenil en su contra y que ganaba miles de adeptos a medida que avanzaban los días, incluso entre líderes de opinión de los medios de comunicación.

Lo entendió en Córdoba, Veracruz, cuatro días después del incidente en la Ibero, cuando por primera vez decenas de jóvenes se colocaron en los accesos de sus mítines con mantas y pancartas en su contra.

Una de ellas, de acuerdo con una fotografía en Twitter, decía: “Llegamos y no nos vamos a ir. Somos #132”.

El mensaje fue más contundente el sábado 19 de mayo, cuando miles de personas caminaron del Zócalo al Ángel de la Independencia en la primera #MarchaAntiEPN convocada desde las redes sociales. La fuerza “antiPeña Nieto” movilizaba indecisos.

A partir de entonces, las giras de Peña Nieto cambiaron.

Prácticamente, cada lugar que visitaba el exgobernador mexiquense se encontró oposición de la sociedad civil: Campeche, Colima, Distrito Federal, Sinaloa, Zacatecas, Quintana Roo y Veracruz, donde en el municipio de Poza Rica los priistas agredieron a manifestantes.

La llegada de los #YoSoy132 modificó las encuestas: provocó la caída de Peña Nieto e impulsó a Andrés Manuel López Obrador, quien pasó de tercero a segundo lugar.

La encuesta de Grupo Reforma dada a conocer el 31 de mayo le daba la ventaja más corta que tuvo en la campaña: sólo 4 puntos arriba de López Obrador, a quien la ola de protestas juveniles lo llevó a tener el mejor mes de su campaña.

La logística de la campaña de Peña Nieto cambió y no hubo más encuentros abiertos con universitarios o eventos sin el absoluto control de la mano de su coordinador general de campaña, Luis Videgaray.

La seguridad se reforzó con detectores de armas, dos o tres filtros de seguridad y la prohibición de cartulinas. Los mítines se hicieron en espacios cerrados, hubo pocos encuentros con la sociedad civil y muchos con estructuras del PRI y del PVEM.

El “nuevo PRI” dejó ver que había prácticas que seguían vivas y en los mítines era común ver personas movilizadas, despensas, comida a cambio de asistencia y souvenirs regalados.

Peña Nieto modificó su discurso y le habló también a ese sector que lo repudiaba en redes sociales y en las calles, para pedirles confianza en su proyecto de nación.

Le rechazaron el mensaje durante un partido de futbol entre la Selección Nacional y la de Guyana en el Estadio Azteca, que se transmitía el 8 de junio en cadena nacional, cuando los #YoSoy132 lograron colar el grito “¡Fuera, Peña!” a los televisores de miles de mexicanos.

Para salir al paso de las protestas, publicó un “Manifiesto por una Presidencia Democrática”, una especie de garantía de que, en caso de llegar a Los Pinos, gobernaría sin represión y sin censuras; sin embargo, el día del segundo debate presidencial, el domingo 10 de junio, decenas de miles de personas se organizaron para marchar en su contra en la capital del país.

Del segundo encuentro con candidatos presidenciales, Peña Nieto volvió a salir ileso. No hubo unanimidades sobre quién ganó el encuentro; sólo que el priista seguía arriba.

En el último tercio de la campaña, el abanderado de la coalición “Compromiso por México” se despegó de López Obrador y regresó a una ventaja de entre 8 y 18 puntos, según las encuestas.

Siguieron las protestas estudiantiles, los compromisos firmados, las acusaciones de rebase de gastos de campaña, más spots de Peña Nieto con formato cinematográfico y los llamados a respetar las elecciones y a no caer en la violencia.

Pero el discurso en las plazas, que a veces lucieron semivacías como Sahuayo, Michoacán, o Guadalajara, Jalisco, sí fue el mismo: “en algunos días seré presidente de México y les pido que confíen en mí”.

En las encuestas no se reflejaron negativos para el priista por las publicaciones que hizo el periódico británico “The Guardian” sobre un supuesto vínculo entre el priista, Televisa y una supuesta operación financiera y política para promover su candidatura y su eventual llegada a la Presidencia de la República a través de la pantalla.

Tampoco pesó la ausencia de Peña Nieto en el debate organizado por el movimiento #YoSoy132, su inasistencia a más universidades o a foros que lo pudieran poner en otra situación incómoda.

O las acusaciones de autoridades mexicanas y de los Estados Unidos que involucraban a exgobernadores priistas tamaulipecos con supuestas redes de lavado de dinero y del crimen organizado.

El puntero en las encuestas llegó al final de su campaña conservando la medalla de primer lugar que dan las casas encuestadoras, aunque abollada por los incidentes alrededor de su gira por el país.

Este miércoles por la tarde, cerró sudoroso y sonriente. Con la mano ondeando en el suelo y rodeado los suyos, se fue como candidato, pero prometió volver como presidente.

Aunque, él mismo reconoció, está elección aún no está definida.

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