OPINIÓN

Opinión: La importancia del gabinete presidencial

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Por Iliana Rodríguez Santibáñez  @ADNPolitico
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NOTA DEL EDITOR: Iliana Rodríguez Santibáñez es doctora en Derecho con mención honorífica por la UNAM; profesora-Investigadora especialista en Derecho internacional del Tecnológico de Monterrey; miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt, y autora de “La Soberanía en tiempos de globalización” y “La transición democrática en Iraq”.

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La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal (LOAPF) establece, entre otras disposiciones, las bases de organización de la Administración Pública Federal que le dan viabilidad a las acciones del Gobierno, particularmente a entidades centralizadas y paraestatales, acotando que las secretarías de Estado que conocemos como el gabinete presidencial son centralizadas, lo que no implica naturaleza jurídica ni patrimonio propios.

Esta LOAPF indica la existencia de 18 secretarías y una Consejería Jurídica para el Poder Ejecutivo. Estas secretarías componen el llamado gabinete presidencial, y el jefe del Ejecutivo, o sea el presidente, tiene la facultad constitucional para designar a los secretarios(as) de este gabinete, de ahí que pueda crearse desde uno muy profesional hasta uno de meros amigos. Entre unos y otros se juega parcialmente el destino de la nación, y señalo "parcialmente" porque sus facultades obedecen a leyes y están obligados a la rendición de cuentas, debido al contrapeso de los Poderes Judicial y Legislativo. De otra forma, estaríamos atados a la voluntad de un poder autoritario en realidad.

La contraposición entre los sistemas parlamentarista y presidencialista ha movido a más de un teórico a proponer una república federal y representativa, como la nuestra de corte presidencialista en apretadas camisas con tintes de parlamentarismo, para llamarlo "cuasi parlamentarismo" o "presidencialismo atenuado", donde los gabinetes por el grado de participación pueden ser de carácter híbrido o atenuado, y con ello tratar de dar respiro al sistema presidencial, que suele ser en ocasiones omnímodo por el grado de concentración de poder en el jefe del Ejecutivo.

Sin embargo, el modelo presidencial aún no esta agotado. Más bien, se ha abusado de éste en la incorrecta interpretación de un poder absoluto, y en cuyo caso los nombramientos de titulares de secretarías pocas veces responden al liderazgo adaptativo de quien las encabeza: hombres y mujeres aptos pero en lugares equivocados donde no dan el ancho.

La pregunta y propuesta es saber si los candidatos a la Presidencia de México, tras las elecciones de este domingo primero de julio, estarán dispuestos a llamar a hombres y mujeres de valía y pertinencia para estas posiciones, más allá del color del partido que los o las identifique, mediante una coalición de gobierno, y la pregunta va de regreso ¿Estarán estos hombres y mujeres con un partido específico dispuestos a trabajar por México? Estoy segura de que sí.

La importancia del gabinete define la marcha del Plan Nacional de Desarrollo que deberá incluir las propuestas de cambios prometidos por los candidatos presidenciales una vez que sean electos formalmente. Su viabilidad tendrá como operadores a estas secretarías y sus titulares, de ahí su importancia.

Tenemos la experiencia en sexenios pasados del cambio constante de secretarios y secretarias, lo cual obedece desde excusas personales hasta desatinos y prudencia gubernamental.

En los últimos tres sexenio, tenemos por ejemplo que en el periodo del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no solo teníamos todavía un Departamento del Distrito Federal, que se transformó en Jefatura de Gobierno donde su titular por fortuna ya es nombrado mediante elecciones populares, sino que llegó a tener hasta 39 secretarios de Estado, siendo las de mayor movilidad las Secretarías de Gobernación (SG) y la de Trabajo y Previsión Social (STyPS), con cuatro cambios cada una de 1994 al año 2000. De éstos destacan como independientes o sin partido el entonces secretario de Salud, el doctor Juan Ramón de la Fuente, y Lozano Gracia de extracción panista era procurador General de la República.

En el sexenio de la alternancia, el del entonces presidente Vicente Fox, del 2000 al 2006 tuvo hasta 36 secretarios. Los cambios recurrentes se dieron en las secretarías de Energía con cuatro cambios, y las de Seguridad Pública, Medio Ambiente y Recursos Naturales, Economía y la de la Reforma Agraria, con hasta tres cambios cada una en ese tiempo. Cinco independientes, tres militares, un priista y uno de Nueva Alianza. No cambió mucho el número de cambios respecto del anterior gobierno, y la novedad fue incrementar el número de independientes, aunque luego cambiara a algunos. Esta composición le dio el nombre que el mismo acotó del gabinetazo que estuvo estable hasta la mitad de su sexenio. 

El sexenio actual del presidente Felipe Calderón Hinojosa, del 2006 al 2012, ha tenido hasta 40 secretarios: la SG hasta cinco cambios, dos por trágicos decesos de sus titulares, Juan Camilo Muriño y Francisco Blake Mora, ha incluido a más de seis independientes, dos militares y tuvo a un priista.

Tras lo anterior, es importante que el gabinete responda a las necesidades de la democracia, del país, de su gente. La reflexión se orienta en el sentido de no perder de vista el quehacer de aquellos que ocupan, sin voto electoral sino de confianza del presidente, estas secretarías, que operan con recursos del erario público para la realización de la vida pública.

Este domingo la oportunidad del voto es única e histórica para designar a los miembros del Poder Ejecutivo y Legislativo, tras esa fecha termina la jornada electoral pero no se acaba la vida nacional.

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