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Opinión: Los saldos y deseos para la jornada electoral

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Por María Amparo Casar  @amparocasar
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NOTA DEL EDITOR: María Amparo Casar es licenciada en Sociología por la UNAM; maestra y doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la University of Cambridge, King's College; catedrática e investigadora del Departamento de Estudios Políticos del CIDE; columnista en el diario Reforma; miembro de los comités editoriales de la revista Nexos y el Fondo de Cultura Económica, y colaboradora en espacios de análisis como el programa Primer Plano de Once TV México.


Las encuestas ya dejaron su testimonio. El domingo los ciudadanos dejarán el suyo. Definirán quién gobernará los próximos 6 años y la cantidad y calidad de los contrapesos que tendrá el próximo titular del poder ejecutivo.

Ya habrá tiempo de juzgar qué tan acertadas fueron las distintas casas encuestadoras, cuál fue el comportamiento de los electores, de las autoridades electorales, de los candidatos y sus partidos, de los medios, de los gobernantes en funciones y de todos aquellos que con razón o sin ella quieran manifestarse a favor o en contra del proceso electoral.

Todos estos actores son corresponsables del éxito de las elecciones.

Como estamos en veda, dedico estas líneas a compartir los saldos que me gustaría ver de la jornada y del periodo post-electoral que tendrá dos momentos cruciales: la calificación de la elección y la transmisión del poder.

Mis deseos/expectativas son:

1. Que la mayoría de los ciudadanos puedan votar en paz y no se presenten incidentes, sobre todo aquellos que pudiesen estar relacionados con el crimen organizado.

2. Que haya pocas irregularidades, que estas sean denunciadas por las vías previstas para ello y que la justicia electoral sea expedita y las solvente a satisfacción de los quejosos.

3. Que nos vayamos a dormir con una certeza razonable sobre los resultados de la elección y con la seguridad de que los contendientes hayan reconocido los resultados que hasta el momento hayan arrojado el PREP y el conteo rápido.

4. Que las protestas post-electorales sean para elevar el nivel de exigencia sobre la calidad de la democracia y no para desconocer las instituciones y el proceso electoral.

5. Que la declaratoria de validez de la elección presidencial no deje duda sobre la legalidad y legitimidad del ganador.

6. Que el IFE resulte fortalecido como una autoridad confiable y eficaz.

7. Que la transmisión de poderes se dé en condiciones de normalidad democrática.

8. Que se aprenda de los errores, lagunas y desaciertos de la normatividad electoral y que los legisladores los corrijan. Particularmente en tres aspectos. Primero, en la relación medios-política. Segundo en el mayor control sobre el ejercicio de los cuantiosos recursos para las campañas. Tercero en una justicia electoral más eficaz que realmente desincentive y castigue los delitos electorales.

Todos estos saldos fortalecerían la democracia electoral mexicana. 

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