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Opinión: Unas palabras dedicadas a Enrique Peña Nieto

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Por Carlos Páez Agraz  @discursar
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NOTA DEL EDITOR: Carlos Páez Agraz es director general de AdQat, empresa dedicada a la evaluación del discurso político. Ingeniero civil certificado en Business Management por el Institut de Management Altran de París, Francia y en sistemas de calidad ISO/QS-9000 por el British Standarization Institute de Londres, se dedica a la consultoría y la mediación no legal en México, Francia y España. Es socio fundador de Gestión Orientada al Humano S.C.

Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.


A Enrique Peña Nieto:

Ganaste la elección con una emocionalidad muy alta. Te muestro algunos datos de la calidad de tus discursos de campaña: http://ow.ly/c3J7D. Ganaste con 38% de los votos emitidos con una abstención del 37%.

Bajo este marco tengo dos preguntas: ¿con cuál de los dos puntos de partidos gobernarás? Y basado en las características de tu discurso ¿cuándo inicia el momento de la racionalidad?

Respecto a tu estilo de gobernar, la primer hipótesis es que al saberte ganador intentes “reformas” que pueden nacer culturalmente muertas aún si las cámaras las aprueban rápidamente. Sin duda, tienes el poder de un bulldozer.

La segunda es partir del hecho de que gobernarás a un país donde el 62% de los votantes no te eligieron y eso es un cambio de aproximación estratégica vital en este momento. No tienes un cheque en blanco Enrique.

Diversos datos muestran al país deshecho, sin brújula y atascado en la vulgar corrupción e impunidad. Cuentas con el apoyo tácito de tan solo el 22% del padrón electoral, que asciende a poco más de 84 millones de personas inscritas. Es muy poco.

Respecto a tu discurso de campaña fue de una emocionalidad desproporcionada. Casi 65 de cada 100 palabras que escribiste, te escribieron o improvisaste, fueron una forma de emoción. Fue tu estrategia y te funcionó. Lograste re-unir al PRI cultura, al voto sicológico, el que se ejerce por conveniencia, destrozaste al voto sociológico (el que procura el bienestar general) que se auto disgregó, radicalizó y fue representado por partidos que son, de diversas formas, metástasis del PRI cultura. Además, no eres culpable de que tus adversarios hayan jugado tan mal en campaña.

Tu bombardeo de impresos fue impresionante respecto al de tus oponentes. Los desapareciste. En Guadalajara y el DF quedé sorprendido de tu capacidad de promoción y reposición de impresos de muy alta calidad. No hice una medición, pero apostaría a que produjeron el triple que el de sus adversarios. Si eso conforma un delito, con su pan te lo comas.

Ahora llega la realidad. A partir del 1 de diciembre serás el mandatario, elegido por el mandador, los ciudadanos soberanos que nos manifestamos políticamente el domingo al votar, anular intencionalmente o abstenernos. Una lectura que requiere de toda tu concentración y realismo.

No queda espacio para más emociones Enrique, no definiste los cómos que tantos ciudadanos te pidieron en diversos temas, pero la realidad te obligará a mostrarnos tus formas y modos. Llegó el momento de la racionalidad, de los datos duros, de la argumentación, de tu capacidad para tomar la mejor idea venga de donde venga.

Un grado de emocionalidad tan alto puede hablar de un apasionamiento por tus mentores, creencias y visión. Eso me preocupa profundamente. Reflexiona a profundidad y por favor no caigas en la tentación autoritaria de decidir solo. Te ruego destruir de ya, las llaves del bulldozer.

A construir puentes Enrique. No voltees a otro lado. Ni los capitalismos más desarrollados permiten la acumulación del poder que aquí padecemos. Trabaja mucho en tu reactividad y dedica más tiempo a reflexionar las palabras con que comunicarás tus ideas. Si sigues con un patrón similar al de campaña, el riesgo de producir negociaciones viscerales, será muy alto. No está el horno pa bollos.

No te olvides que millones de mexicanos se han activado en el territorio por diversas causas. Escúchalos por favor y ponte en sus zapatos. Seguiremos tu discurso de transición y ejercicio del poder y entonces te podré decir más. No desearte suerte sería una canallada porque sería condenarme 6 años más. Cuando termines tu mandato tendré  50 años ¿sabes? Y me quiero morir en un país democrático. No te creo nada, pero sueño con que me calles la boca con tus actos.

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