OPINIÓN

Opinión: 2 sueños frustrados y 5 obstáculos de Peña y el PRI

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Por María Amparo Casar  @AmparoCasar
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NOTA DEL EDITOR: María Amparo Casar es licenciada en Sociología por la UNAM; maestra y doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la University of Cambridge, King's College; catedrática e investigadora del Departamento de Estudios Políticos del CIDE; columnista en el diario Reforma; miembro de los comités editoriales de la revista Nexos y el Fondo de Cultura Económica, y colaboradora en espacios de análisis como el programa Primer Plano de Once TV México.

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Atrás quedaron dos sueños de Peña Nieto y el PRI: una transición facilita y un gobierno unificado que le permitiera hacer realidad –casi con su pura voluntad y capacidad- su proyecto de gobierno y agenda legislativa.

Más allá de sus habilidades políticas, de aquí al 1 de diciembre y seguramente durante los primeros 3 años de su gobierno, enfrentará obstáculos tanto o más poderosos que los que enfrentó Calderón.

De entrada, aquéllos que pensamos (yo entre ellos) que la “tersura” de la transición estaría inversamente relacionada a la diferencia de votos entre el primero y el segundo lugar, nos equivocamos. Más de 6 puntos de diferencia no sirvieron para amainar los ánimos de desconocer la validez de las elecciones.

Es cierto que ya vimos la película en 2006, pero si las cosas siguen como se han anunciado hasta el momento, el plantón de Paseo de la Reforma va a palidecer frente a los movimientos sociales que ya anunció la Convención contra la Imposición.

Pasado el trance post electoral –que esperamos superar-, se instalarán las nuevas cámaras en las que tendrá que saltar el obstáculo de las fuerzas políticas de oposición. Ya sabemos que no la tiene fácil porque, ni aún con sus aliados “naturales” –el Verde y el Panal–, alcanza la mayoría.

Pero al interior del Congreso no sólo tendrá que negociar con los otros partidos, sino también con el propio. Una cosa es la unidad para llegar al poder, y otra muy distinta la unidad para ejercerlo. El PRI se mantuvo unido porque sabía que sólo así conquistaría el poder, pero una vez habiéndose adueñado de él aparecerán las corrientes que alguna vez se bautizaron como tecnócratas versus políticos, técnicos versus rudos, o modernizadores versus nacionalistas revolucionarios. No sé a cuál de los dos bandos pertenece Peña, pero de alguna manera tendrá que conciliarlos.

Luego tendrá que saltar un cuarto obstáculo: el de los gobernadores. El proyecto modernizador que promete pasa por la transformación del federalismo, y ésta por afectar la libertad de acción de los gobernadores. Vamos a ver qué les parece, por ejemplo, la propuesta de transparentar sus finanzas públicas, o la de dotar al IFAI de competencia en asuntos de las entidades federativas y de los municipios. Vamos a ver también qué piden en la primera negociación presupuestal este fin de año.

Y al final viene el quinto obstáculo: el cobro de facturas de todas aquellas corporaciones -los llamados poderes fácticos- que le dieron su apoyo. Las reformas que ha propuesto van directamente al corazón de sus privilegios.

No cabe duda que Peña tiene experiencia de gobierno, pero ni las movilizaciones nacionales se equiparan con las locales, ni el Congreso de la Unión es el congreso mayoritario del Edomex, ni los gobernadores se asemejan a los presidentes municipales, ni los sindicatos y empresas de su estado a los poderosos intereses sindicales y económicos nacionales.

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