CARLOS PÁEZ

Opinión: No se requieren reformas sino una re-constitución

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Por Carlos Páez Agraz  @Discursar
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NOTA DEL EDITOR: Carlos Páez Agraz es director general de AdQat, empresa dedicada a la evaluación del discurso político. Ingeniero civil certificado en Business Management por el Institut de Management Altran de París, Francia y en sistemas de calidad ISO/QS-9000 por el British Standarization Institute de Londres, se dedica a la consultoría y la mediación no legal en México, Francia y España. Es socio fundador de Gestión Orientada al Humano S.C.

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No puedo argumentar que nuestra Constitución sea vieja, pues tiene apenas 95 años. Es un hecho que entre la convocatoria de Venustiano Carranza y su emisión, el 5 de febrero de 1917, pasaron poco menos de tres meses. Parece poco tiempo para definir un proyecto de nación. Los historiadores te pueden contar la clase de personas que eran los diputados que escribieron el contrato social que nos “rige”.

Tan poco la pensaron, que los sesudos congresistas en turno a partir de entonces, le han hecho alrededor de 500 modificaciones ¿te imaginas una pelota con más de 500 parches? Pues así.

Hoy se habla de las “urgentes reformas estructurales”. Nuevamente por partes: reformar es aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora en algo. Surge la pregunta: ¿quién puede decidir qué es lo mejor?

Estructural, porque supone cuestionar la distribución y orden de las partes importantes de un sistema. Suena raro de principio, pero una metáfora es que supone “mejorar lo importante”. Las prioridades legales que “urgen” son: inseguridad pública, ley laboral y ley energética.

El trío me preocupan porque la primera supone un debate sobre cómo fortalecer las capacidades bélicas del estado. Penoso. La segunda, tiene que ver con modificar un marco que hace que hoy, la mitad de la población que trabaja, lo haga en la informalidad, muchos de ellos en outsourcing que no les genera derechos laborales de cara al patrón (sin ideología, como ingeniero viví en el mundo industrial del que estoy hablando). 

En lo energético, sé que hay miles de personas capaces de gestionar apropiada, legal y lógicamente a PEMEX y a pesar de ser una empresa pública, que funcione de forma ejemplar. Que los políticos hayan elegido a directores de tercera y hayan permitido que el sindicato se apropie del capital humano de la empresa es su responsabilidad. La privatización es un nuevo atajo que no ataja ni a la ilegalidad ni a la corrupción. Pero desde que se creó, Petróleos Mexicanos fue la caja chica de gobiernos autoritarios y superficiales que no construyeron la infraestructura pública que hoy nos hace estar en la segunda división de muchas tablas mundiales de diversos ámbitos.

La Constitución de 1917 ha producido un país desigual, clasista, racista, con sus aguas seriamente amenazadas, que no tributa lo que debe; que no cree en el Estado, que no voltea a ver a los partidos y donde cientos de mujeres son abatidas por sus parejas. En este contexto, no lo comparto, pues me parecen tres reformas que desvían la atención de lo vital y que son un trivialidad que ya no debemos permitir.

Pienso que lo que nos urge es un borrón y cuenta nueva. Una re-constitución que sirva para servir. Que se petrifique en un Estado que promueve una cultura de democracia como modo de vida, una forma cotidiana de habitar al mundo. Al hacer una cola, esperar el camión, ceder el paso; aceptar el marco legal que es la autolimitación de la libertad. Yo no puedo estar armado para que el otro tampoco lo esté y ese deje de ser tema. Permito el paso al peatón, porque en cuanto me baje de mi auto, seré uno de ellos y habré de cruzar calles.

La verdad es que encuentro profundamente ilógico el argumento de muchos de que “el problema no es la Constitución, el problema es que no se aplica”. Esta frase no toma en cuenta que justamente, una de las características de calidad fundamental de una Constitución es que cuente con los mecanismos de aplicabilidad y coerción necesarios. La nuestra no los tiene.

Para mi, 95 años bastan para demostrar que no estamos bien constituidos. Las reformas estructurales sólo logran hacer un tambo más grande para que las goteras no mojen la casa de todos. Mejor a refundar la casa. En esta no cabemos ni todos, ni bien.

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