JUEGOS OLÍMPICOS

México 1968: Las Olimpiadas 10 días después de la matanza

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Por Cecilia García Muñoz  @cecigarmu

Los únicos Juegos Olímpicos realizados en México se inauguraron el 12 de octubre de 1968, 10 días después del asesinato de decenas de estudiantes en Tlatelolco. ¿Cómo se vivieron en ese momento crítico para la historia política del país?

Nelson Vargas Basáñez, en ese entonces entrenador del equipo mexicano de natación, asegura que los atletas estaban tan concentrados en la competencia deportiva que no se dieron cuenta de lo ocurrido.

La escritora Elena Poniatowska, quien formó parte del movimiento estudiantil, difiere y considera que algunos deportistas sí estuvieron al tanto de lo sucedido en Tlatelolco en incluso protestaron por ello.

Testigos del ambiente que rodeó la inauguración de los Juegos Olímpicos de México 1968, Vargas y Poniatowska contaron lo que sucedió aquellos días y se suman a la memoria que otros personajes como Enrique Krauze y Pablo Gómez ya han dejado plasmada en diversos documentos.

Te presentamos las declaraciones que estos dos personajes dieron a ADNPolítico.com en 2012 en referencia a lo acontecido en Tlatelolco hace 45 años.

'NO TENÍAMOS NI IDEA'

Según Vargas, miembro del equipo mexicano de entrenadores de natación que encabezaba el estadounidense Ronald Johnson, los deportistas mexicanos estaban tan concentrados en su preparación que no supieron en ese momento nada sobre el movimiento estudiantil y los problemas políticos que vivía el país.

“Antes de esa situación del 2 de octubre, el equipo de natación y todos los deportistas estábamos tan inmersos en la preparación y la participación de México en los Juegos Olímpicos que nunca nos dimos cuenta de la magnitud del problema.

“Estábamos tan metidos, tan dedicados a lo que iba a ser la inauguración y la participación tanto de los nadadores como de todos los deportistas, que no teníamos ni idea de lo que estaba pasando”, cuenta quien fue director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte de 2000 a 2006, en el sexenio de Vicente Fox.

Sin embargo, aclara que personalmente sí tuvo un acercamiento con el movimiento estudiantil en el más trágico de los días, el 2 de octubre.

“Yo en lo particular sí tuve contacto porque cometí la estupidez de ir el 2 de octubre a Tlatelolco, pero eso no quiero ni mencionarlo, porque fue una cosa muy desagradable, pero en general los deportistas mexicanos y los nadadores no se dieron cuenta de lo que estaba pasando.

“Cuando un atleta ha dedicado toda su vida a prepararse, lo que esté pasando externamente no es de importancia para los deportistas ni para los técnicos ni para los entrenadores ni para toda la gente que estuvo inmersa en los Juegos Olímpicos.

“Sabíamos que era una situación fuerte y de gran magnitud, sin embargo nuestro trabajo era dar resultados en los Juegos Olímpicos por eso no podíamos tomar partido, sino permanecer ajenos al problema”, reitera Vargas.

Cuestionado sobre si cree que la acción del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz contra los estudiantes empañó el brillo de los Juegos, refiere que a su juicio los juegos, la organización y los resultados fueron “extraordinarios”, pues la delegación mexicana ganó 9 medallas, su máximo histórico.

Con la información que ha salido a la luz pasados tantos años, ¿sigue pensando que el gobierno actuó bien en aquella ocasión?, le cuestionó ADNPolítico.com.

“No sé, no soy político… Yo viví el asunto diferente a todos los atletas porque yo estuve ese día, estuve ahí en Tlatelolco, me di cuenta que sí era un problema grave porque vi claramente lo que estaba pasando de arriba para abajo y de abajo para arriba.

“Sin embargo, yo creo que la autoridad tuvo que tomar esa decisión o de otra manera hubiéramos sido la vergüenza del mundo”, justifica el exfuncionario.

'NINGUNA OLIMPIADA VALÍA UNA VIDA'

Poniatowska, quien cumplió 80 años en mayo, dice que los Juegos Olímpicos intentaron simularle al mundo que México era un país libre.

“En 1968, las Olimpiadas se inauguraron en medio de guaruras y un gran despliegue de seguridad. Lo único libre que hubo en esos Juegos fue cuando soltaron las palomas al aire y volaron... Eso fue lo único libre.

“Había guaruras en toda Ciudad Universitaria, detrás de todos los árboles y había cientos de estudiantes presos en Lecumberri y otros en el Campo Militar número 1”, recuerda.

Para la autora de "La noche de Tlatelolco", aunque en 1968 el país pretendía dar su mejor cara al mundo, sí hubo atletas que se enteraron de lo ocurrido en Tlatelolco y alzaron la voz aprovechando los reflectores.

“En los Juegos Olímpicos de 1968 hubo unos deportistas, unos atletas negros que denunciaron la masacre que había sido 10 días antes y dijeron que ninguna Olimpiada valía lo de la vida de un estudiante”, dijo.

En su libro, Poniatowska recoge el testimonio de un deportista olímpico italiano que se manifestó en contra de lo sucedido en la Plaza de las Tres Culturas.

“Si están matando estudiantes para que haya Olimpiada, mejor sería que ésta no se realizara, ya que ninguna Olimpiada, ni todas juntas, valen la vida de un estudiante”, dijo el italiano cuyo nombre no fue mencionado por el diario Ovaciones, que originalmente publicó el testimonio el 3 de octubre de dicho año.

¿CÓMO SE LLEGÓ A ESE CLIMA DE TENSIÓN?

Estudiantes, sobre todo del Distrito Federal, pero también de Guanajuato, Chiapas, Tabasco, Puebla, Jalisco, Veracruz, Hidalgo y Querétaro, motivados por “el hastío” de las formas con las que las autoridades –el gobierno, sus maestros, sus padres– se relacionaban con ellos, mezclaron razones para manifestarse.

Algunos tomaron las calles para apoyar a la Revolución Cubana, otros para protestar contra la Guerra de Vietnam, el abuso de fuerza de los granaderos, los arrestos que creían injustificados o con motivaciones políticas, la intervención policiaca y militar en recintos universitarios, y la supuesta "represión" oficial.

Elementos de confusión y complicación se sumaron a las inquietudes estudiantiles.

Numerosas investigaciones relatan supuestos que habrían avivado el conflicto: si la CIA (Agencia Central de Inteligencia de los EU) difundió información falsa de los líderes del movimiento, si el Partido Comunista estuvo detrás de las movilizaciones, si había un boicot a los Juegos, si Cuba financiaba las revueltas.

En aquel contexto, incluso algunos rectores se pronunciaron a favor de la autonomía universitaria y en contra de que el gobierno irrumpiera con policías o militares en sus instalaciones.

El 1 de septiembre de ese año, el presidente Díaz Ordaz denunció durante su cuarto Informe de Gobierno la existencia de un supuesto complot para boicotear los Juegos Olímpicos que se realizarían por primera vez en México. 

Y la historia cuenta que, luego de meses de tensión entre universitarios y la fuerza pública, el Consejo General de Huelga –conformado por universitarios de El Colegio de México, la UNAM, el Politécnico, la Universidad Iberoamericana, La Salle y universidades del interior del país–, convocó a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, antes de una manifestación en el Casco de Santo Tomás, para solicitar la desocupación de los planteles.

El 2 de octubre “jóvenes, adultos, mujeres, ancianos y niños son masacrados por la fuerza pública” según una cronología de hechos titulada “El movimiento estudiantil día a día”, publicada por la revista Nexos en octubre de 1998.

La crónica continúa: “Unos 1,500 soldados los balacean con pistolas, metralletas y rifles de alto poder en la Plaza de las Tres Culturas. La emboscada se ha dispuesto de antemano para no permitir la salida de ningún asistente (se calcula que acuden entre 5,000 y 15,000 personas).

“Después de una señal de guerra ‘luces de bengala que suelta un helicóptero en el lugar preciso del blanco’ el lugar es rodeado por el Ejército, que en coordinación con el Batallón Olimpia desata una cruenta balacera contra la multitud. Centenares de muertos y heridos. Unos 2,000 detenidos son vejados y golpeados a culatazos.

“No se permite la salida de nadie durante toda esa noche, si no es mediante identificación satisfactoria al Ejército. Se impide la labor de las Cruces Roja y Verde”, relata la publicación.

Entonces faltaban 10 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos que, según el texto de Nexos, dieron inicio mientras continuaban las consignaciones y la búsqueda de desaparecidos.

LA NOCHE DE TLATELOLCO

La versión completa de Poniatowska sobre lo ocurrido en 1968 está contenida en el libro "La noche de Tlatelolco" que es, a su vez, una recopilación de versiones.

A través de testimonios, en esta obra se busca explicar lo que pasó aquel 2 de octubre; la escritora, que formó parte del Movimiento Estudiantil, recupera antecedentes, voces, consignas y cartas de actores del conflicto.

En este texto se puede entender el clima político que imperaba aquel año, y el sentir de un movimiento que se manifestaba en rebeldía contra una visión del país, del mundo, la sociedad y la economía, que aquella generación no sentía propia.

“El Movimiento Estudiantil de 1968 no nació ese año, no surgió así nomás por generación espontánea. Sus demandas habían sido planteadas anteriormente por innumerables organizaciones políticas revolucionarias y por importantes grupos estudiantiles.

“La libertad de los presos políticos es en México una demanda tan vieja como el fenómeno mismo”, dice en este libro el testimonio de Pablo Gómez, hoy senador por el PRD, quien era estudiante de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, miembro de las Juventudes Comunistas y que estuvo preso en Lecumberri.

“Se trata de un conflicto muy distinto al de mayo en Francia. En México no hubo prácticamente reivindicaciones escolares o académicas; solo peticiones políticas; liberación de presos políticos, disolución del cuerpo de granaderos, destitución del alcalde de la ciudad (sic), del jefe de la seguridad…”, versa un fragmento rescatado de una carta enviada al diario Le Monde el 7 de octubre de 1968 por alguien identificado en el libro de Poniatowska como “Prof. M. Mayagoitia”.

Con consignas como “Pueblo, abre los ojos”, “abajo la momiza”, “¡no queremos Olimpiada, queremos revolución”, los jóvenes de la época se oponían a la conservación del statu quo, a “la simulación de un México democrático” y al sistema de gobierno impuesto por el PRI.

“Esos trucos políticos, estas trampas son los que hastiaron a los jóvenes estudiantes que encuentran frente a ellos todas las puertas cerradas y todos los puestos asegurados para los políticos del PRI, a menos que ‘se alineen’ y ‘entren a la cargada’”, cierra el fragmento recopilado de la misiva de Mayagoitia.

Otros testimonios del libro dan cuenta del entorno cultural y social que imperaba. Jóvenes que se quejan de no tener comunicación o diálogo con la autoridad, ya sea en su casa, escuela o país; estudiantes cansados de que se les impusiera un modelo que consideraban viejo y desvinculado de su realidad.

Cuarenta y cuatro años después, testigos y protagonistas todavía se disputan la verdad histórica de aquella noche donde murió y desapareció un número indeterminado de jóvenes estudiantes y vecinos de la Plaza de las Tres Culturas.

La revista Letras Libres, en un texto que publicó con motivo del 40 aniversario de la “represión en Tlatelolco”, 1968-2008 El legado incierto del 68, convoca a varios autores para desmitificar el movimiento y la presunta represión estudiantil, y analizar lo que generó para México aquel trágico acontecimiento.

“Aunque nunca se sabrá el número exacto de muertos aquella tarde en Tlatelolco, no hay duda de que fue un crimen masivo, un sacrificio inútil e injustificable, un acto de terrorismo de Estado contra un movimiento estudiantil que, al margen de sus manifestaciones radicales, nunca empleó métodos violentos”, comienza su análisis el historiador Enrique Krauze.

¿QUÉ LECCIÓN APRENDIÓ MEXICO EN 1968?

Una de las conclusiones del ejercicio de análisis multidisciplinario al que Letras Libres convocó hace 4 años es que, si bien el movimiento de 1968 ayudó a conformar un concepto de ciudadanía organizada, contribuyó al fortalecimiento de valores como autonomía universitaria y sembró algunas bases para la participación ciudadana, no logró orientar a la izquierda mexicana ni aportó demasiado a la democratización institucional del país, según explica Krauze en su ensayo.

Con el debate abierto sobre qué lección le dejó a México aquel movimiento de 1968, Poniatowska hace la conexión con el 2012, cuando se disputan otros Juegos Olímpicos, México gana otras medallas y algunos jóvenes, agrupados en el movimeinto #YoSoy132, salen a las calles con sus propias motivaciones.

“Habría que recordar que (el de 1968) fue un movimiento muy puro y de un enorme desinterés al cual José Revueltas, el escritor y novelista, un hombre extraordinario, lo llamó ‘un enloquecido movimiento de pureza’... Habría que pensar también que este movimiento (el #YoSoy132), lo importante es que es limpio”, dice la escritora.

Poniatowska habla de las ventajas que dan al actual movimiento estudiantil esta época hipermediatizada y con opciones de medios alternativos que antes no se tenían.

“Los medios hablan de ellos y además se dan el lujo de 'tomar' las instalaciones de Televisa”, dice.

En cuanto a las similitudes entre ellos, resalta que ambos movimientos tomaron las calles como propias.

Respecto a los Juegos Olímpicos, Poniatowska indica que siempre está interesada en conocer los resultados de los jóvenes atletas de su país y del deporte en general.

“Mi deporte es caminar, aunque en alguna época yo fui buena para nadar”, detalla para luego referirse orgullosa de los mexicanos que han ganado alguna medalla.

Para Vargas los resultados hasta ahora en Londres 2012 son reflejo del trabajo “intenso y espectacular” que se está haciendo en algunas disciplinas y confía en que, en este momento como hace casi 44 años, los atletas mexicanos den su mejor esfuerzo para traer más medallas a México.

Ambos destacan el nuevo brío que los jóvenes de esta generación le están dando al país en sus respectivas trincheras.

Poniatowska explica que los logros de la juventud mexicana demuestran que el país no está inmóvil, sino que "se mueve de forma inteligente".

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