ENTREVISTA

Miguel Ángel Mancera, un jefe de gobierno sin primera dama

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Por José Manuel Valiñas  

NOTA DEL EDITOR: Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista S1ngular, que autorizó su reproducción en ADNPolítico


Miguel Ángel Mancera es un hombre que se salta varios de los tabúes que han caracterizado a la política mexicana. No pertenece a ningún partido, no cuida las apariencias, es una persona sencilla que no piensa cambiar su estilo de vida, y defiende apasionadamente su soltería.

Cuando faltaba un par de semanas para la elección al gobierno de la Ciudad de México, empezó a circular el chiste de que las competido­ras de Miguel Ángel Mancera (Beatriz Paredes, Isabel Miranda y Rosario Guerra) rogaban porque se adelantara la elección… antes de que perdieran más puntos. El resultado fue precisamente ese: mientras más días pasaban, más puntos ganaba en las preferencias el candidato de las izquierdas.

Al final, el 1 de julio, Mancera arrasó a sus oponentes para quedarse con más del 60% de los votos para jefe de gobierno de la ciudad más grande de México, con lo que se convierte en el segundo hombre más importante del país, después del presidente. Y es justo en esa condición que adquiere mayor relevancia su estado civil, en una nación que ha cambiado, y donde las formas ya no son lo que eran.

Tradicionalmente en política, y con el afán de satisfacer a sectores muy conservadores, los candidatos se presentan siempre con su familia, con sus hijos y esposa, y a veces no es más que una formalidad. Tu soltería viene a ser la liberación de unos parámetros más bien estrechos…

Sí, en este momento estoy divor­ciado, así que la soltería va acompa­ñando mi proceso político, la soltería combinada con la atención a mis hijos. Con ellos tengo una relación muy cer­cana: ambos son varones, Leonardo y Miguel Ángel, de cinco y nueve años. A veces voy a eventos políticos y los llevo conmigo: ellos también están viviendo esta etapa conmigo. Es difícil porque no les puedo dedicar todo el tiempo que quisiera, pero también es momen­to de una maduración diferente para ellos, pues ya empiezan a pensar en otras cosas.

La soltería en otro tiempo era un anatema en la política mexicana.

Sí, pero ahora también se puede combinar; la política y la soltería se pueden llevar muy bien.

Pero eso es algo relativamente nuevo. ¿Coincides en que antes los candidatos y los funcionarios tenían que guardar las apariencias?

Yo creo que debe ser fresco y natural, y además a la gente no se le puede engañar. Si tú quisieras solamen­te aparentar sería muy complicado, no se te percibiría como alguien congruen­te ni honesto.

¿Y cómo vives la soltería?

Para mí es una cuestión de costum­bre. Yo ahora estoy acostumbrado a tener que ver por todas mis cosas, a ver qué voy a comer, cómo me voy a vestir, ver los cuidados de la casa, el día a día, las obli­gaciones familiares, mi trabajo… Pero hay momentos en que estás completa­mente solo, y ésa es la parte difícil; no todo el mundo se acostumbra a vivir así.

Yo tengo amigos divorciados a quie­nes lo que más les pega es estar solos. No quieren estar así y terminan bus­cando compartir con alguien, aun cuando no se lleven bien con esa perso­na. Yo sí disfruto estar conmigo, solo. Hay momentos en los que piensas, reflexionas, en los que verdaderamente puedes tener un diálogo interno. Son esos momentos muy valiosos y yo los gozo y valoro, es la parte que me gusta de la soledad. Llevo cinco años divor­ciado y eso es lo que he aprendido.

La Ciudad de México sigue esta ten­dencia de las grandes urbes, por la que cada vez más gente decide retrasar el momento del matrimonio, o elige libre­mente la soltería…

Efectivamente, ahora hay más gente que se casa a una edad más madura. Estamos viendo muchas pare­jas que comienzan su matrimonio arri­ba de los treintas, mujeres que están terminando sus proyectos, hombres que se están consolidando y una vez ahí ya pasan a otra etapa. Aquí en la ciudad la vida es muy intensa, los ritmos de trabajo son muy duros y creo que eso llega a generar rupturas en los proyec­tos personales.

La vida en convivencia, el poder acoplarse y ponerse de acuer­do no es fácil, sobre todo cuando ya estás en una edad madura y tienes muy armados tus espacios, tus preferencias, tus amistades. Es un poco más difícil volver a compartir la vida, aunque esto no quiere decir que no haya también experiencias exitosas.

Ya hay otras modalidades, ¿no? Yo tengo unos amigos, unos muy queridos amigos que me invitaron a su boda, y luego, cuando los volví a ver, les pre­gunté cómo va la casa, y me dijeron que todo muy bien, porque cada quien vive en la suya. 

¿Pero siguen juntos?

Sí, claro, se casaron, pero cada quien vive en su casa. Muchos hacen eso y parece ser que les funciona. Se juntan o hacen vida común los fines de semana, y después vuelven a sus casas. Muchas son parejas que están en una segunda relación, o tercera. Algunas parejas tienen hijos de su relación ante­rior y no les resulta compartir la coti­dianidad con alguien más. Muchas veces es importante no mezclar.

Es estimulante que en la actualidad haya nuevas maneras de relacionarse.

Sí, hay muchas maneras “nue­vas” de relacionarse, y yo creo que todas son válidas.

¿Contigo en la jefatura de gobierno se pueden esperar más libertades ciudadanas, y que esto incluya los  derechos para los solteros, como la adopción, herencia, etcétera?

Sí, claro. De hecho hoy los solte­ros pueden adoptar sin ningún proble­ma, y pueden estar en las sucesiones, hablando de las herencias. Hay que tener muy claras las relaciones y cómo se conforman. A veces se piensa que, cuando una pareja no está casada no se generan obligaciones, pero si hacen una vida en común se empiezan a generar una serie de derechos y obliga­ciones e, incluso, pueden pasar a una figura de concubinato.

Me parece positivo que esto tenga una mayor difusión. Aunque lo que hay que decir de frente es que todo el mundo es libre de hacer lo que sienta que es mejor, lo que cada quien quiera y elija.

El otro día, caminando por la Avenida Juárez, me encontré a un señor que iba con tres niños. Era el día de las madres. Lo saludé y me dijo: “¿Y qué hay de los padres solteros, cuándo nos van a ayu­dar a nosotros?”. Ese es todo un tema. Yo le dije: “tú como padre también tie­nes derechos, los derechos que tienen que ver con la patria potestad, los derechos alimentarios, los derechos de guarda y custodia”. Pero él sentía que lo que tenía era una gran carga y que estaba desprotegido por la ley. Simplemente no se daba cuenta que son los mismos derechos para él. Exactamente los mismos. Son temas de igualdad, y hay que difundirlos más.

Hay cosas que para los hombres resultan más difíciles que para las mujeres. Lo que para una mujer es algo natural como la protección de los hijos, su cuidado, saber acoplarse, salir a tra­bajar y poder cuidarlos, al hombre se le complica. Como hombre te sientes más presionado al tratarse de cosas que para ellas parecen más naturales. Yo lo viví cuando mis hijos estaban más pequeños: tenía que encargarme de los pañales, de la leche, las medicinas, la bañada…

¿Cómo lidiabas con eso?

Poco a poco lo aprendes y lo empiezas a desarrollar, hasta que te sale sistemáticamente. Pero no es tan fácil como parece. Yo creo que ahí es donde muchos hombres pueden empezar a sentir una carga emocional complicada. Por eso creo que ellos también necesi­tan recibir apoyo.

No será la primera vez, pero es un fenómeno muy reciente: serás el próximo jefe de gobierno, pero no va a haber primera dama…

No, no va a haber primera dama. No está en los requisitos legales (risas) así que, más bien lo que hay que hacer, es llegar con muchas ganas de trabajar.

Una frase tuya es que para ser procurador, hasta tener novia e ir al cine es un problema. ¿Será lo mismo como jefe de gobierno?

Sí, cuando estaba en la labor de la Procuraduría era muy complicado acompañar a mis amigos al cine o al teatro. En esta ciudad en cualquier momento todo puede pasar, y es un cargo que te exige estar siempre alerta.

No puedes decir “hoy me voy a meter al cine y me voy a olvidar de todo”. Porque además la gente empieza pre­guntarse: “¿Qué está haciendo este señor aquí, si acaban de asaltar allá en la esquina”, o “yo vi unos tipos sospecho­sos por acá?”. Yo creo que en la jefatura de gobierno será diferente, porque estarán todos los esquemas y mecanis­mos funcionando bien. Eso te permite tener más contacto ciudadano y convi­vir con la familia, amigos y la gente en general. El cargo de procurador es un tema muy especial.

De todas formas, por la pura carga de trabajo es difícil ir al cine o tener novia… ¿tienes novia?

No, sólo tengo amigas.

El PRD aprobó el divorcio exprés en la ciudad, y ha sido un éxito; y también hay una propuesta de matrimonios de dos años; ¿cómo ves esta tendencia a las separaciones en una ciudad como la de México?

Se está privilegiando el tema de las libertades. Esta es una ciudad que está marcando tendencia hacia los pro­gramas de desarrollo social, hacia la interacción, hacia la forma de relacio­narse de cada quién y cuando la gente se casa se privilegia la voluntad de los contrayentes. Lo mismo pasa cuando una pareja decide deshacer ese vínculo: ahí está presente la voluntad. Eso no quiere decir que no se cumpla con las obligaciones. Lo importante es que la gente haga lo que quiere hacer.

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