ILIANA RODRÍGUEZ

Opinión: Los pendientes que deja el sexenio de Calderón

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Por Iliana Rodríguez Santibáñez  @ilrodrig
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Nota del Editor: Iliana Rodríguez Santibáñez es doctora en Derecho con mención honorífica por la UNAM; profesora-Investigadora especialista en Derecho internacional del Tecnológico de Monterrey; miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt, y autora de “La Soberanía en tiempos de globalización” y “La transición democrática en Iraq".

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Puede haber muchos logros en una administración, realizar lo positivo es parte de la función que emana de las facultades y obligaciones plasmadas en la Constitución, tal y como un empleado acata los deberes de sus obligaciones contractuales, hacerlas bien es su obligación, hacerlas mal acarrea diversas sanciones hasta el despido. Hacerlas mejor es prueba de un alto sentido de ética y responsabilidad.

En todo caso los empleadores premian las virtudes o castigan la mediocridad en el desempeño laboral. En medios términos las organizaciones se vuelven lentas e ineficaces. Esto sucede en los gobiernos, en el derecho público el Estado provee del andamiaje institucional al poder constituido o gobierno de una ideología en turno, para conseguir los diversos fines del Estado que satisfagan a la población en término del ordenamiento jurídico nacional. No cumplir debería acarrear despidos y sanciones en analogía al derecho privado.

¿Cómo deja el país el sexenio calderonista que representa al Partido Acción Nacional (PAN)? La respuesta se deduce de la mirada interna e internacional.

Internamente el que el PAN haya perdido las elecciones quedando en tercer lugar en las pasadas elecciones presidenciales aun cuando no sabemos si la elección presidencial se invalidará, refleja en mucho, la inconformidad del electorado con este gobierno respecto de lo actuado.

Internacionalmente se deduce que no hubieron suficiente logros a través de los siguiente elementos: los reportes del 2011 tanto del Consejo de Naciones Unidas de la Organización de Naciones Unidas (ONU), como de la organización internacional no gubernamental Human Rights Watch (HRW), que destacaron como negativo, la cantidad de homicidios que crecieron alarmantemente en el país a causa del narcotráfico, así como el incremento en delitos como la trata de personas, los secuestros, la desaparición forzada, la tortura y otros delitos generados en el combate al crimen organizado, y en el uso y abuso de la fuerza, que ha promovido violaciones a los derechos humanos expuestos en cortes internacionales, así como en nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación para limitar entre otras cosas, el fuero militar respecto de delitos cometidos por militares contra civiles.

Añadiendo las denuncias de otros países respecto de la violencia en contra de migrantes que atraviesan nuestro territorio, así como la restricción a la libertad de expresión expuesta con los asesinatos de periodistas en varios casos en manos de la delincuencia organizada y otros sin esclarecer, que representan un saldo negativo incuestionable y condenable en este sexenio presidencial.

Agreguemos también en el escenario de los señalamientos provenientes de esa mirada internacional sobre el quehacer del actual gobierno, el informe del Fondo para la Paz (FPP) de junio 2012, que nos colocó en el sitio 98 de los indicadores orientados para definir un estado fallido, colocándonos en estado de alerta, una categoría previa al estado fallido, que coincide en los señalamientos anteriores. Sólo nos movimos 5 sitios del listado de 177 países revisados. Los indicadores coincidieron en los mismos rubros de los reportes antes mencionados. Es decir, es evidente que la estrategia de combate al crimen organizado, no ha sido la mejor.

Para afirmar lo anterior, agregaremos otra variable a considerar respecto de cómo nos ven los otros, recordando que estamos insertos en la globalización a través de la teoría sistémica y de la interdependencia, donde el estado resulta inviable con su aislamiento, esto es, hay que atender las tendencias mundiales para interpretar nuestra realidad.

En este orden de ideas, resulta importante el anuncio de los Estados Unidos de comprar equipo y tecnología para supervisar su frontera con México, similar a la que utilizaron en Afganistán, que de acuerdo al índice del FPP citado, es un estado fallido.

Dicha operación se realizaría mediante dirigibles altamente equipados como los que se empleaban en la búsqueda y persecución de los rebeldes afganos.

Ciertamente la medida nace bajo el concepto de seguridad nacional de los Estados Unidos, sin embargo es una crítica tácita a la falta de control transfronterizo agobiada por el crimen organizado y la corrupción de autoridades en ambos lados de la frontera, que muestran el incremento y no disminución del tráfico de drogas, trata de personas, migración indocumentada y otros delitos. ¿Porqué la misma medida no se aplica con Canadá? país que por cierto en este sexenio impuso visado a los mexicanos que deseen internarse en su territorio, otra variable para analizar los resultados de la lucha contra el crimen organizado.

Las denuncias por corrupción  del caso Walmart y la del lavado de dinero que generó una multa millonaria a la institución financiera de HSBC, son otros elementos a considerar sobre el poco avance en las medidas anticorrupción en nuestro país, donde la impunidad y el malestar social que generan, hacen del análisis un cuento de terror espeluznante.

En general los temas críticos que merecen un análisis pormenorizado por todas y cada una de las instituciones y sus instancias al tomar el relevo presidencial, para buscar salidas eficaces a estos problemas, y deslindar o fincar responsabilidad de los funcionarios públicos y de las fuerzas armadas dispuestas en algunos de estos rubros en este sexenio son: el tema de la estrategia de combate al crimen organizado, con énfasis en el narcotráfico y el grado de violencia y decesos o muertos que ha provocado, así como la violación a derechos humanos cuyos casos comienzan a llegar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Otros temas quizá no tan escandalosos, pero vitales para la marcha del estado, están en materia económica, particularmente en el caso del combate a la pobreza y que es un indicador incluido en los reportes internacionales como débil, otros indicadores a revisar son los relativos a la empleabilidad, el sistema de salud y el educativo.

México por ejemplo ocupó en 2011 en el Índice de Desarrollo Humanos (IDH) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la posición 56 de entre 187 países, donde la esperanza de vida fue de 77 años, la tasa de mortalidad tuvo un valor de 17, mientras que el gasto público en salud por % del PIB fue del 2.7. Mientras que Suiza por ejemplo que está en el lugar 11 de los estados más cercanos al IDH óptimo, mantiene como esperanza de vida los 82.3 años, la mortandad infantil es inferior a 5, y la inversión en gasto público en materia de salud en % del PIB es del 6.4. Falta mucho por hacer sin duda.

En el balance de lo bueno y malo deben sentarse las reflexiones para construir las bases para redirigir a la nación a un destino mucho más esperanzador del que hemos observado, de lo contario la obstinación y la miopía en el crecimiento económico y desarrollo social que requerimos, puede llevarnos a un aletargamiento tal, que cuando despertemos confirmemos la fábula de Augusto Monterroso de El Dinosaurio, que decía: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

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