GABINETE

Luis Videgaray, de 'cerebro del PRI' a titular de Hacienda

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Por Óscar Balderas  @oscarbalmen

La noche del domingo 1 de julio, Luis Videgaray sonreía mientras los reporteros lo acorralaban en la sede nacional del PRI preguntándole “¿qué se siente ser el cerebro detrás el regreso del PRI a Los Pinos?”.

Cuatro meses después, el excoordinador general de la campaña presidencial y "mano derecha" de Enrique Peña Nieto ha sido designado secretario de Hacienda y Crédito Público.

La pregunta de la prensa englobaba lo que se dijo de él en los 90 días de contienda electoral, 62 de conflicto postelectoral y 91 de transición gubernamental: este hombre de 44 años asumió con eficiencia la función de la persona de toda la confianza del exgobernador mexiquense para operar el regreso del PRI a la silla presidencial.

Por eso, cuando surgían dudas sobre quiénes integrarían el gabinete de Peña Nieto su nombre se manejaba como seguro en la restringida lista de los espacios para el gabinete legal. Era el único que, desde el 2 de julio, parecía tener un lugar garantizado.

Videgaray operó la campaña electoral del PRI y la coordinación general de la Transición Gubernamental para el presidente electo con el mismo método que usó para volver gobernador del Estado de México a Eruviel Ávila: es un hombre metódico, puntilloso en los detalles, que suele cargar hasta con tres celulares, a través de los cuales ordena y gira instrucciones precisas.

Si no se cumplen, se quita los lentes y hace una mueca que sus colaboradores interpretan como un enojo ante el que más vale no atravesarse.

Cuando está trabajando come poco, se puede concentrar en una tarea hasta 20 horas seguidas y pocas veces se le observa alterado; es un hombre que presume tener todas las cartas bajo su manga y nunca correr dentro de su oficina o verse abrumado.

Luis Videgaray siempre fue así: mientras su hermano Eduardo era el chistoso -cualidad que lo llevó a conducir programas de televisión y ganar la edición Big Brother 3 VIP de Grupo Televisa- él era el estudioso y aplicado de la casa, ubicada en la zona centro de la ciudad de México.

Nació el 10 de agosto de 1968, 52 días antes de que el gobierno priista de Gustavo Díaz Ordaz ordenara la masacre de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco.

Durante su infancia, Videgaray tuvo su primer destello de líder: en la primaria, organizó a sus compañeros de quinto año y convenció a alumnos de otros grados para que protestaran con pancartas y gritos en la oficina del director con la consigna “¡Queremos más recreo!”.Siempre sonríe cuando cuenta la historia y ríe al narrar el desenlace: un reporte de suspensión que disgustó mucho a su padre, quien murió cuando él tenía once años.

Después se disciplinó y comenzó una ascendente carrera académica: por las mañanas estudiaba Derecho en la UNAM y por las tardes Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

La apretada agenda del joven Luis apenas tenía espacio para fiestas, novias, amigos u otras cosas. Menos cuando cumplió 19 y voluntariamente se afilió al PRI y, aún menos, cuando lo eligieron presidente de la sociedad de alumnos itamitas, un cargo que lo llevó a conocer a Luis Donaldo Colosio, quien hasta ahora sigue siendo un ejemplo para él.

Como estudiante lo recuerdan amigable, pero serio; cordial, pero poco efusivo; inteligente, pero no soberbio. Si alguien de su generación evoca el recuerdo de Luis Videgaray en su época de universitario viene a la mente un joven delgado, de alrededor de 1.70 metros de largo, perfectamente arreglado, haciendo cuentas de álgebra a mano y contando con los dedos mientras fruncía el ceño. Pocas veces usaba la calculadora.

Por aquellos días, recuerda su compañero en la clase de “Análisis Matemático I”, Antonio Findell, Videgaray expuso en el salón sobre la deuda externa de México y fue tan felicitado por su explicación que alguien le confío: “deberías ser secretario de Hacienda”. Y Luis respondió con una sonrisa.

Esa dedicación llevó a su profesor del ITAM y coordinador de asesores del entonces Secretario de Hacienda en el sexenio de Carlos Salinas, Carlos Sales, a recomendar a Videgaray como auxiliar en la dependencia federal. Pronto pasó de servir el café y ser mensajero a convertirse en el secretario particular de Aspe, quien a veces le consultaba decisiones financieras.

Su cercanía con Aspe la alternó con una Maestría en Derecho Constitucional hasta que una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología lo llevó cuatro años a Boston, Estados Unidos, donde cursó un doctorado en Economía con especialidad en Finanzas Públicas en el prestigiado Instituto Tecnológico de Massachussetts. Su título académico le valió a Videgaray el apodo en el PRI de “el doctor”.

A su regreso al país, encontró en la Presidencia a Ernesto Zedillo, un hombre que rompió con el PRI que él conocía, lo que le obligó a cambiar sus planes de regresar a la administración pública y comenzó a trabajar en la iniciativa privada en una consultoría de servicios financieros especializada en gobierno que había creado Pedro Aspe, retirado de los cargos públicos.

Ahí trabajó como asesor financiero con administraciones estatales y municipales de distintos partidos hasta que brindó asesoría a un prácticamente desconocido Enrique Peña Nieto, quien como coordinador de los diputados mexiquenses en el Congreso del Estado de México le habría solicitado ayuda para los paquetes económicos.

Como resultado de su asesoría, la relación creció y se fortaleció, al grado de que Peña Nieto lo llamó en 2005 a formar parte de su gabinete como secretario de Finanzas, Planeación y Administración en el Estado de México, un puesto similar al que el ahora presidente electo ocupó durante la administración estatal de su antecesor, Arturo Montiel.

Después de cuatro años en ese puesto, Videgaray saltó en las elecciones intermedias de 2009 a una curul en la Cámara de Diputados, donde ocupó la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública.

Ése fue su gran salto como de experto financiero a operador político: debió alinear a los diputados priistas con los deseos presupuestales de Peña Nieto, quien ya entonces se perfilaba como el candidato presidencial del PRI, y complacer a los diputados de la oposición, quienes lo buscaban en su oficina de San Lázaro para pedirle recursos para algún programa social o un estado de la República.

En la Cámara Baja, forjó un carácter duro que mostró cuando exhibió en Twitter una fotografía del diputado del Partido del Trabajo Óscar González Yáñez dormido en plena sesión.

El petista le reclamó airadamente, pero Videgaray ni se despeinó. “Al Congreso se viene a trabajar y no a dormir, señores”, contestó el priista, quien ya formaba parte de la "élite" de los diputados.

Pese al cargo estratégico para la asignación de dinero a los estados, tuvo una fugaz participación en San Lázaro, pues en marzo de 2011 pidió licencia al cargo para coordinar la campaña de Eruviel Ávila a la gubernatura mexiquense, luego de ser un "candidateable" para ese cargo.

Como coordinador logró que Ávila ganara con más del 60% de los votos y con ese logro en la bolsa se lanzó como coordinador general de la campaña presidencial de Peña Nieto, que triunfó con 19 millones 226,784 votos, de acuerdo con el cómputo distrital del IFE.

El 11 de julio, en medio de la impugnación electoral de la izquierda a los comicios presidenciales, el exgobernador mexiquense lo nombró coordinador de Políticas Públicas de “la oficina del candidato ganador” y 24 días después, el 4 de septiembre, fue elegido como coordinador de la Transición Gubernamental en el equipo de transición del presidente electo.

No fue fácil: su nombre fue colocado varias veces en la impugnación de las elecciones, pues la izquierda lo acusó directamente de operar una red de lavado de dinero en el Estado de México para beneficiar al PRI-PVEM y de ser el creador de la estrategia de compra de votos con tarjetas de Soriana.

Sin embargo, ninguna acusación prosperó en los tribunales y al salir ileso en los juicios, su nombre ganó más fuerza para ocupar la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a la cual Peña Nieto incluyó en su iniciativa de reforma para modificar la Administración Pública y darle atribuciones como “brincarse” el secreto bancario y fiscal para investigar posibles actos de corrupción.

Con esa fortalecida dependencia, Videgaray habrá cumplido su sueño de juventud: ser el secretario de Hacienda del nuevo Gobierno Federal priista.

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