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¿Por qué la UACM está 'tomada' por encapuchados?

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Por Óscar Balderas  @oscarbalmen

Con palos, piedras y “bats”, este jueves por la noche unas 50 personas tomaron con violencia el único inmueble de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México que aún quedaba abierto después de 73 días de huelga: el edificio “Eugenia”, la sede administrativa, al sur de la capital.

En una operación de menos de 40 segundos, planeada desde hace una semana por supuestos estudiantes opositores a la Rectoría, la única universidad pública mantenida con fondos del Gobierno del DF quedó clausurada al 100% y por tiempo indefinido.

¿Qué originó el conflicto que hoy tiene a la universidad que creó por decreto Andrés Manuel López Obrador entre candados y cadenas?

Una primera etapa del conflicto inició en abril de 2010, cuando el Consejo Universitario – una especie de “autogobierno” de la UACM representado en partes iguales por estudiantes y docentes con capacidad de tomar decisiones importantes sobre la escuela – debía nombrar al sucesor o sucesora del primer rector, Manuel Pérez Rocha.

La asamblea votó por una maestra de la casa de estudios: la “doctora Esther Orozco”, química de la Universidad Autónoma de Chihuahua y doctorada en Biología Celular por el Instituto Politécnico Nacional, cercana al jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, quien en 2006 la había nombrado directora del Instituto de Ciencia y Tecnología del DF.

Pero la buena relación duró poco: Orozco pidió un diagnóstico sobre las condiciones en las que recibía a la UACM y se encontró con datos como que el 87% de los alumnos aceptados no se titula y que el 50% llevan más de 6 años estudiando la misma carrera.

Sin avisar al Consejo Universitario, Orozco hizo público el diagnóstico y publicó en la edición del 5 de abril de 2011 del diario Reforma un desplegado para acusar a la UACM de ser un “fraude universitario”.

En el texto nadie salió exento de acusaciones: legisladores, administrativos, docentes y alumnos, de quienes exhibió un estudio: el 52% de los estudiantes de la UACM tienen un Coeficiente de Desempeño Académico (CDA) menor a 2.5, en una escala del 0 al 10.

Al día siguiente, el Consejo Universitario reaccionó: acusó a Orozco de “lavar la ropa sucia en público”, ignorar la autoridad del autogobierno, humillar a los estudiantes, actos de corrupción, nepotismo y compra-venta de plazas para sus amigos.

El conflicto había empezado.

Entre los reproches del Consejo Universitario uno fue determinante: Orozco había dañado públicamente la imagen de la UACM y, por ende, causado estragos psicológicos en los alumnos, a quienes ahora se les dificultaría encontrar trabajo por el señalamiento.

Ese argumento fue aceptado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, que creó la Recomendación 14/2012, en la que pedía a Orozco disculparse públicamente de sus denostaciones por “vulnerar los derechos a la educación, a la honra y a la dignidad, a la libertad de expresión, a la igualdad y a la no discriminación” y a crear una comisión de diálogo que reparara la mala relación entre Consejo Universitario y Rectoría.

Pero la rectora no aceptó la recomendación y la comisión de diálogo nunca se creó.

Desde ese desplegado, Orozco no contó con el apoyo de una gran parte de la comunidad universitaria: el 30 de abril del año pasado, docentes, alumnos y consejeros juntaron hasta 3 mil firmas para exigir su renuncia, a lo que ella se ha negado.

“No me he planteado renunciar, estoy firme con el grupo de académicos y estudiantes que quieren hacer equipo y trabajar con la universidad. Mi compromiso fundamental es con la UACM. No renunciaré, y si se diera el caso de que algún grupo quisiera obligarme, usaré todos los medios a mi alcance, el consenso, los medios legales. De aquí me voy en 2014”, afirmó la rectora.

El segundo conflicto comenzó hace 73 días, cuando estalló la huelga estudiantil en los planteles Del Valle, San Lorenzo Tezonco y Centro Histórico, a causa de la conformación del Tercer Consejo Universitario o “el autogobierno de la UACM”.

Los paristas acusan que el consejo se había elegido en julio de 2012 con apego al voto democrático de los estudiantes, pero el Consejo Electoral – una especie de “árbitro de las elecciones” dentro de la UACM y supuestamente controlado por la rectora – impugnó 17 nombramientos de críticos a Orozco e impuso a consejeros “cómodos”.

Por otro lado, la rectora y el Consejo Electoral han justificado esas impugnaciones al decir que los consejeros electos eran “inelegibles” por tratarse de prófugos de la justicia, hacer proselitismo a favor de partidos políticos, no estar registrados en la universidad o con irregularidades en su registro.

Pese al cruce de acusaciones, el 21 de agosto de este año la rectora le tomó protesta al “reconstruido” Tercer Consejo Universitario, acusado de violar los artículos 10 y 11 de la Ley de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y de estar hecho “a modo” para la rectora y, de paso, para Marcelo Ebrard.

Pero los gritos se volvieron banderas rojinegras unas semanas después y lo que empezó como una huelga en tres planteles se extendió hasta los planteles Casa Libertad, Cuautepec y Centro Histórico, lo que ha dejado a 12 mil 980 estudiantes sin clases, mil 800 trabajadores sin empleo; decenas de experimentos, ensayos, maquetas, tesis dañados irreversiblemente y las pérdidas para la UACM en 196 millones de pesos.

Este jueves, los paristas hicieron su última jugada: como hacía frío, nadie sospechó de sus pasamontañas y los paliacates que les cubrían la mitad de la cara. Temblaban, de frío y de nervios, hasta que el pitido de un silbato los puso en acción: tomar, por la fuerza, lo último que quedaba de la universidad capitalina.

Sorprendieron a los vigilantes, amagaron a los administrativos y corrieron hacia los salones para vaciarlos de trabajadores. El plan ensayado desde hace una semana salió impecable: ni los policías pudieron impedir el ingreso a patadas.

Luego de la toma del edificio “Eugenia”, un grupo de granaderos llegó al lugar, pero dos horas después se disolvió y ahora sólo queda en la zona una mínima vigilancia policiaca, que ronda afuera del plantel.

“No nos vamos a mover de aquí; la universidad es de los estudiantes, no de la Rectora ni de Marcelo Ebrard ¡se van ellos o nosotros!”, dijo a ADNPolítico.com un treintañero apodado “El Chico”, uno de los supuestos estudiantes que ayer tomó el último edificio abierto de la UACM.

Dentro del paro, “El Chico” es una especie de “héroe”: cuenta que, agitando un bat de madera, entró al edificio donde despachaba Orozco y con groserías le exigió que saliera o “le iban a romper su madre”.

Para destrabar el conflicto, quitar las cadenas, candados y reabrir la universidad, los paristas exigen la renuncia de Orozco; por su lado, Orozco exige para destrabar el conflicto que quiten las cadenas, candados y reabran la universidad.

Mientras uno de ellos cede, “El Chico” se acomoda en el patio de la UACM, se quita las botas militares, se recuesta sobre unas cobijas y antes de dormir levanta el puño y grita “¡Viva la huelga!”.

Van por el día 74 de paro.

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