GABINETE

Emilio Chuayffet, el 'maestro' de Peña Nieto que va a la SEP

Print Comments

Por Óscar Balderas  @oscarbalmen

A Emilio Chuayffet los priistas le dicen “maestro” por partida doble: por ser profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM, donde egresó como abogado; y porque quien tiene problemas en el PRI suele recurrir a él en busca de consejos, como si fuera un "gurú".

Ahora, le podrán decir “maestro” por otra razón: es el nuevo titular de la Secretaría de Educación Pública en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Desde esa dependencia, asumirá el reto de conducir la educación del país junto a una vieja enemiga política: Elba Esther Gordillo, la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), a quien Chuayffet le arrebató en 2003 la coordinación del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados y alentó su expulsión del partido.

El enfrentamiento entre ambos provocó que Gordillo, furiosa contra su entonces compañero priista, lo amenazara en público con la frase "¿Qué quieres que diga tu epitafio?”.

Pero lejos de morir, Chuayffet “revivió” políticamente –luego de que el 18 de agosto de este año había anunciado su retiro de la política– y lo hizo para cumplir su viejo anhelo de dirigir la SEP.

Hijo de Emilio Chuayffet Chuayffet y de Ruth Chemor, nació en Toluca, Estado de México, aunque vivió la primera etapa de su vida en la capital, donde un año antes de ingresar a la carrera (1970-1974) firmó su carta de adhesión al PRI con tan sólo 18 años de edad.

Mientras terminaba sus estudios y elaboraba su tesis “La naturaleza jurídica del Distrito Federal" con la que ganó la presea Gabino Barreda, ocupó cargos menores en el PRI como integrante del comité municipal de la localidad en que nacieron sus padres, hasta que una combinación de suerte y disciplina lo llevó en 1982 a ser candidato y luego presidente municipal de Toluca.

Al término de su gestión, fue secretario de Educación y de Gobierno bajo las órdenes de tres gobernadores mexiquenses; también fue el primer presidente del Instituto Federal Electoral, cuando éste no era órgano autónomo… hasta que pidió turno para dirigir el estado donde nació.

El 16 de septiembre de 1993 Chuayffet rindió protesta como el 37 mandatario en la historia del Estado de México, con lo que entró formalmente al “Grupo Atlacomulco”, una legendaria cofradía de políticos mexiquenses, sobre quienes pesaba la leyenda de que seis de ellos intentarían llegar a la Presidencia de la República, pero sólo uno lo lograría.

El tiempo no lo pondría a él en Los Pinos, sino a un inesperado Enrique Peña Nieto, un joven inexperto que en ese mismo 1993 trabajó como tesorero en el Comité de Financiamiento de la campaña de Chuayffet al gobierno mexiquense.

Ahí inició su relación: Peña Nieto era auxiliar de un miembro secundario en la campaña del toluqueño, pero cuando éste ganó y nombró a Arturo Montiel como su secretario de Desarrollo Económico, el joven Enrique se volvió secretario particular de Montiel y no paró hasta ser presidente de México.

Chuayffet sólo duró dos años en el Gobierno del Estado de México, pues renunció para convertirse el 28 de junio de 1995 en el segundo secretario de Gobernación del entonces presidente Ernesto Zedillo.

Como titular del Palacio de Covián, el mexiquense vivió las negociaciones de paz entre el gobierno mexicano y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la aparición en 1996 del Ejército Popular Revolucionario (que calificó de “pantomima”) y la matanza del municipio de Acteal, donde un grupo paramilitar mató a 45 indígenas totziles mientras rezaban.

Fue tras ese episodio –por el cual fue señalado por la oposición como responsable, por omisión, de los homicidios– y su supuesto incumplimiento con los acuerdos originales logrados con el EZLN, que el 2 de enero fue llamado por la mañana a un encuentro con el presidente Zedillo en Los Pinos; luego, esa misma tarde, volvieron a encontrarse.

Por la noche, Chuayffet anunció su renuncia “por motivos personales”, aunque la oposición celebraba su salida de la Secretaría de Gobernación como un despido presidencial.

Dejó pendiente la reforma del Estado, el rediseño del Programa Nacional de Seguridad Pública y el conflicto armado en Chiapas; pese a ello, se mantuvo como guía y ejemplo de muchos priistas.

A dos meses de su renuncia al gabinete, Chuayffet se refugió en la academia y se integró a la planta de investigadores del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, donde colaboró en el área de administraciones públicas. Regresó el apodo de “maestro”.

Nunca se apartó de la política ni del PRI; aconsejaba a jóvenes y viejos militantes, que desfilaban por su casa y cubículo para pedirle auxilio, inspiración o su bendición para emprender una campaña, especialmente en el Estado de México.

Regresó a los escenarios nacionales en 2003, cuando llegó a la Cámara de Diputados vía representación proporcional y se integró las comisiones de Fortalecimiento del Federalismo, Justicia y Derechos Humanos y Puntos Constitucionales.

Su paso por San Lázaro fue recordado en gran medida por su abierta lucha contra Elba Esther Gordillo por el control de la bancada priista; en esos días, Chuayffet pertenecía al grupo cercano a Roberto Madrazo –quien ya se perfilaba para ser candidato presidencial tricolor en 2006– cuya mayoría en el partido logró expulsar a la maestra.

Ella se fue del PRI para fundar el Partido Nueva Alianza y él se colocó como presidente de la Junta de Coordinación Política de San Lázaro.

Regresó por segunda ocasión a la Cámara de Diputados en 2009 y por acuerdo de los líderes parlamentarios del PRI, PAN y PRD, se convirtió en presidente de la Cámara Baja entre el 1 de septiembre de 2011 hasta el final de la LXI legislatura.

En ese último periodo, Chuayffet vio desde su curul al joven Enrique convertirse en el "licenciado Enrique Peña Nieto", quien pasó de gobernador mexiquense a precandidato único del PRI a la Presidencia de la República, luego candidato presidencial puntero en las encuestas y, finalmente, presidente electo.

Aquel joven que lo llamaba “maestro” en 1993, ahora es su jefe en Los Pinos y a él tendrá que rendir cuentas sobre la educación, en un país con 6.9% de su población mayor de 15 años en analfabetismo y con un poderoso sindicato dirigido por quien alguna vez lo amenazó en público.

Un duelo entre “el maestro” y “la maestra”, a petición de Enrique Peña Nieto.

Por favor déjanos tu comentario