GABINETE

Rosario Robles, la experredista que va a la Sedesol con Peña

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Por Óscar Balderas  @oscarbalmen

“Les fallé. Les pido disculpas a todas las que creían en mí y me sentían portadora de una esperanza. Ojala me den otra oportunidad”... Son palabras de Rosario Robles en el 2005, cuando su carrera política había caído en un bache por mezclar el corazón con la política y dedicaba su tiempo a escribir un libro de 330 hojas en el que pedía una mano que creyera de nuevo en ella.

Siete años después, esa mano la tendió el priista Enrique Peña Nieto, el presidente electo que esta tarde la nombró la próxima secretaria de Desarrollo Social del Gobierno Federal.

Antes de 2005, Robles no parecía necesitar el auxilio de nadie: tenía una carrera política ascendente en la izquierda que, incluso, la colocó como presidenciable.

La hija de María del Rosario Berlanga y de Francisco Robles empezó en la política a los 30 años, cuando pasó de las aulas de la carrera de Economía en la UNAM a la coordinación femenil del Sindicato de Trabajadores de su alma máter.

Ahí fue responsable de diseñar sus primeras políticas de género, que la entusiasmaron al grado de aventurarse en 1989 con compañeros del sindicato y cientos de priistas disidentes a fundar el izquierdista Partido de la Revolución Democrática.

Era una joven introvertida, de gafas grandes y copete prominente, que solía corregir con firmeza a sus compañeros de partido que decían en voz alta algún comentario machista en los pasillos del edificio del PRD en la colonia Roma. Ese carácter llamó la atención del líder del nuevo partido, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien avaló en 1994 su candidatura a la Cámara de Diputados.

Como integrante de la LVI Legislatura, presidió la Comisión de Desarrollo Social y al término de su gestión, fue llamada por el entonces jefe de Gobierno del DF, Cárdenas, a encabezar la Secretaría de Gobierno, considerada la más importante de las dependencias del gobierno local.

Como mano derecha del “Ingeniero”, Robles fue la operadora política más importante de la ciudad entre 1997 y 1999; además, lideró la mesa central de la reforma política del DF, que buscaba pactar iniciativas de ley comunes con la oposición.

Ya tenía peso en el ámbito local, pero su nombre alcanzó resonancia nacional cuando Cárdenas anunció en 1999 su decisión de competir por tercera ocasión a la Presidencia de la República y envío el nombre de su compañera a la Asamblea Legislativa para que fuera ratificada como su sustituta.

El 29 de noviembre de 1999, los diputados locales le tomaron protesta a la primera jefa de Gobierno en la historia, y aunque desempeñó el cargo sólo un año, fue suficiente para atraer la atención de los medios, donde algunos la veían como posible presidenta de México.

Durante su gestión, Robles tuvo dos momentos cúspide: primero, se enfrentó al PRI abiertamente al promover denuncias penales por peculado y desvío de fondos por 420 millones de pesos contra el exregente priista Óscar Villareal; pese a que un juez federal avaló las acusaciones, en 2006 la Suprema Corte de Justicia absolvió al acusado.

Y puso a prueba a la izquierda, al presentar una reforma a la Asamblea Legislativa para cambiar el Código Penal del DF –nombrada en los medios “Ley Robles”– para despenalizar el aborto si el embarazo era causado por violación, malformación congénita del feto o si ponía en riesgo la vida de la madre.

El 5 de diciembre de 2000 terminó su gestión y la sucedió en el cargo Andrés Manuel López Obrador. Ese descanso le permitió prepararse para su primer puesto nacional: presidenta del Comité Ejecutivo Nacional del sol azteca en el 2002. Eso suponía su trampolín para su siguiente gran cargo nacional, acaso Los Pinos, pero a partir de ese cargo su carrera empezó a decaer.

Prometió que en las elecciones intermedias de 2003, el PRD alcanzaría una votación nacional del 20% con el lema “Es tiempo de la esperanza”. Para ello, necesitaba dinero, por lo que trazó una estrategia con Televisa para la compra de miles de spots; al final de las campañas, el partido quedó debajo de la meta con 17% y una deuda de 409 millones de pesos con la televisora, que aún paga el partido.

Pero la alianza más costosa para Robles fue con el empresario argentino Carlos Ahumada –entonces casado con Cecilia Gurza– de quien se enamoró durante las negociaciones para que él financiara las campañas políticas de algunos candidatos perredistas.

La relación amorosa era discreta, hasta que el 3 de marzo Televisa transmitió un video en el que el líder de los diputados perredistas en la Asamblea Legislativa, René Bejarano, recibía fajos de billetes de Ahumada; días después, otro video cimbró a la izquierda, cuando Carlos Ímaz, siendo candidato a jefe delegacional en Tlalpan, ciudad de México, también fue grabado recibiendo dinero del argentino.

Los perredistas acusaron “guerra sucia” contra el jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador, y dirigieron las acusaciones a Robles, a quien señalaron de usar su cercanía con funcionarios capitalinos para favorecer a su novio con contratos gubernamentales y deudas con políticos.

Ella lo negó, pero las acusaciones y la deuda con Televisa la empujaron a renunciar al partido.

Exiliada de la política partidista, Robles escribió su libro “Con todo el corazón”, en el que reconoció haberse equivocado y pidió una segunda oportunidad. “Cometí el error de relacionar lo personal con lo político”, confesó.

Por otro lado, ya sin la relación sentimental entre ellos, Ahumada también escribió su libro, el cual tituló “Derecho de réplica”.

Fue hasta el 2007, cuando la exjefa de Gobierno regresó a los escenarios nacionales, pero de manera tangencial, al fundar la consultoría política Sostén, un despacho de asesoría para mujeres que buscan cargos públicos.

Ahí su preferencia política marcó un quiebre importante: ya sin militancia partidista, asesoró a candidatas de todos los partidos. Entre sus grandes triunfos fue llevar a la gubernatura de Yucatán a una priista: Ivonne Ortega.

A partir de entonces, coqueteó entre las sombras con los tricolores y 27 de abril de 2012, en plenas campañas electorales con el PRI encabezando las encuestas, organizó el encuentro Red de Mujeres de la Sociedad Civil en Acapulco, Guerrero, donde expresó su abierta simpatía por Enrique Peña Nieto, el adversario de su excompañero López Obrador.

“(Apoyo a Peña Nieto) porque lo conozco, porque tengo una relación personal con él de trabajo, de afecto, porque creo que México necesita un cambio que no puede seguir por el mismo camino, las mujeres no queremos que se siga masacrando a los jóvenes, no queremos seguir recogiendo los cadáveres de nuestros hijos y en consecuencia creo fundamental que haya una transformación", dijo en aquel día Robles.

Sus palabras fueron escuchadas por el mexiquense, quien luego de ganar las elecciones presidenciales la llamó a ocupar la coordinación de Política Social en el equipo de transición, cargo que después de tres meses se convirtió en una Secretaría de Estado.

Atrás quedó la Rosario Robles de los grandes lentes y actitud introvertida; cambió las gafas por una cirugía láser en los ojos, tinte cobrizo, mascadas, uñas perfectamente delineadas, buenos perfumes y para cuidar su figura bebe refrescos de dieta, sólo de lata.

Su imagen corresponde a la de una mujer que resurgió entre las cenizas: junto a sus dos asistentes –únicamente mujeres– camina con comodidad entre los priistas que protagonizarán el nuevo sexenio y no teme reírse a carcajadas cuando alguien cuenta un chiste.

A los 56 años, a Rosario Robles se le cumplió el deseo de una nueva oportunidad, la cual comienza este 1 de diciembre.

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