HERNÁN GÓMEZ BRUERA

Opinión: ¿Puede haber chavismo sin Hugo Chávez?

Print Comments

Por Hernán Gómez Bruera  @hernangomezb
   0 Comentarios

Hernán Gómez Bruera (hernanfgb@gmail.com) es analista político, especialista en temas internacionales y política latinoamericana. Es cronista, entrevistador, fotógrafo y viajero. Autor de los libros “Conversaciones sobre el Hambre: Brasil y el Derecho a la Alimentación”, “Desde el Sur” y “Lula, the PT and the governability dilema in Brazil”, de próxima publicación. Ha sido colaborador de la revista Nexos y del periódico El Universal.

***

Un presidente convalece desde hace meses sin que se sepa demasiado cuál es su condición. Desde una camilla en La Habana manda eventualmente sin poder gobernar, y –con un grado de lucidez poco claro–, emite directrices a nombre de la Revolución, realiza nombramientos y se inclina por un sucesor en caso de que algo terrible pueda ocurrirle. Mientras tanto, sus hijos tratan de aparentar que no van a matarse entre sí ni manotear la mesa.

Del otro lado, una oposición llena de resentimiento y prejuicios de clase, incapaz de superar el trauma de que un sujeto “de la más baja estirpe” haya llegado a donde llegó –porque su reacción frente a esto es visceral–prácticamente escribe ya el acta de defunción de Hugo Chávez. A algunos les falta sólo llenar las calles con aquellas pintas de "viva el cáncer" con las que la derecha argentina celebró en los años cincuenta la enfermedad que mató a Eva Perón.

Muchas cosas pueden ocurrir en los próximos días en Venezuela, esa nación tropical de instituciones y dirigentes políticos revestidos de humor involuntario a la que a veces se hace imposible tomar muy en serio. El escenario es confuso, tragicómico y novelesco, tanto del lado oficialista como del opositor.

Hay tres alternativas:

  1. Se declara la “falta absoluta” del presidente por “incapacidad física” –lo que sólo podría hacer una junta médica designada por el Tribunal Supremo, controlada por el chavismo– y se convoca a elecciones antes de 30 días;
  2. Se declara la “falta temporal” del mandatario por 90 días y, transcurrido ese periodo, se convoca a una nueva elección (en caso de que el Comandante no hay podido regresar a Caracas), o bien;
  3. Se impone la tesis de la “continuidad”, donde se entiende que la toma de protesta del presidente es una mera formalidad y que, por tratarse de una re-elección, puede dejarse para otro momento.

El Tribunal Supremo deberá resolver sobre lo que es constitucional. La primera opción está prácticamente descartada. Aunque sea ésta la exigencia de la Mesa de la Unidad Democrática, una decisión así ni siquiera les favorecería a los antichavistas.

En la elección presidencial de octubre su candidato, Henrique Capriles, avanzó como nunca antes (alcanzando un 44 por ciento frente al 55.35% de Hugo Chávez), pero en los comicios de diciembre para renovar gobiernos estatales la oposición sólo conquistó tres gubernaturas de un total de 23. Claramente hay un sector muy amplio de la población –especialmente los de menores ingresos– que todavía se sigue identificando con quien ha sido más sensible a sus demandas.

Los hijos de Chávez se debaten entre la segunda y la tercera opción. A Diosdado Cabello –que sin ser el favorito del Comandante goza del apoyo militar y de los empresarios creados al amparo del régimen— le interesa la segunda alternativa. Es decir, que la Asamblea Nacional que él preside declare una falta temporal y él se convierta en el presidente interino como prevé la Constitución. A Nicolás Maduro, actual vicepresidente, esa opción no le encanta porque Diosdado podría eventualmente convertirse en el José Stalin de la situación, perpetuarse en el poder y hacer de Maduro un León Trotski.

Por eso Maduro –favorito de las bases chavistas y de los sectores más radicales– promueve la tercera tesis: hagamos de cuenta que la toma de posesión no es importante y demos continuidad al gobierno actual. Así, Maduro seguiría a cargo, recibiendo eventualmente las instrucciones telepáticas de Chávez, y podría comprar tiempo.

El juego se resolverá muy pronto. Pero entonces surgirá una pregunta mucho más importante que sobrepasa esta coyuntura: ¿Puede haber chavismo sin Chávez? Quizás algunos que tienden creer que todo se reduce a la personalidad de un líder, y así simplifican las cosas, se lleven varias sorpresas.

Esta historia continuará.

***

Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.

Síguenos en twitter y facebook

Por favor déjanos tu comentario