OPINIÓN

Miguel Carbonell: ¿La ruta de la modernidad o la barbarie?

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Por Miguel Carbonell  @MiguelCarbonell
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Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su cuenta de Twitter tiene más de 98,000 seguidores. Su sitio web es www.miguelcarbonell.com

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México está en un momento clave de su historia. Las circunstancias actuales, vistas a través de un lente de aumento, permiten avizorar dos rutas posibles para el país: la ruta de la modernización, el crecimiento económico y el desarrollo de la calidad de vida de sus habitantes: o bien la ruta de la barbarie, del incremento de la inseguridad y del desastre económico. Hay signos que hacen posibles las dos hipótesis.

No faltará el que diga que la situación de barbarie es en exceso catastrofista y que México no incurrirá en ese escenario en los siguientes años. Lo cierto es que ya hemos pasado unos años muy difíciles, a los que faltan todavía adjetivos para poder calificarlos. Nadie niega que durante el sexenio pasado hubo más de 60 mil homicidios dolosos; el Washington Post habla ya de más de 25 mil desaparecidos. Se trata, como dijo el periódico francés Le Monde, de una verdadera hecatombe: el conflicto con más muertos en todo el planeta.

Es posible que el nuevo gobierno de la República luche con firmeza contra esos niveles de violencia, pero no es seguro que logre sus objetivos. Está por verse si las cifras de homicidio, secuestro, extorsión y robo pueden bajar hasta niveles aceptables, que hoy por hoy estamos lejos de alcanzar.

Por otra parte, hay signos que nos dicen que la economía ha mejorado poco a poco en los años recientes, pese a los bajos salarios y las condiciones laborales injustas que sufren muchos mexicanos. El PIB per capita (calculado como paridad de poder de compra para homologarlo a estándares internacionales) era de 8,600 dólares en 1999, de 10,500 en el 2000 y llegó hasta los 15,100 en el 2011. En términos nominales el PIB per capita es de 10,144 dólares, con datos de mediados de 2012.

No está mal ese crecimiento, pero hay que tomar en cuenta que con esa cifra estamos por debajo del PIB de país como Uruguay, Líbano, Letonia, Botsuana, Croacia, Lituana, Argentina, Polonia o Aruba, por mencionar solamente algunos. Grecia, que está en plena bancarrota, tiene un PIB per capita de 26,600 dólares.

Además, la economía mexicana tiene que desactivar varias bombas de tiempo, como el endeudamiento de estados y municipios que puede suponer un lastre para nuestro futuro.

Los datos del PIB que acabamos de citar demuestran que nos falta mucho por avanzar y por crecer y que si queremos alcanzar o rebasar a los países mencionados tenemos que esforzarnos más y pisar a fondo el acelerador. Para ello es indispensable tener un país mucho más moderno: con mejores oportunidades educativas, con mayor seguridad en el empleo y mejores salarios, con más infraestructura y con una creciente competencia económica. Hoy carecemos de muchas de esas cosas y por eso es que permanecemos asomados al abismo de la barbarie.

Quizá haya una tercera opción para el país, en el mediano plazo: la irrelevancia. Si no logramos más que contener la violencia, pero sin generar crecimiento económico y calidad de vida, podemos terminar siendo un país del que no se escuche nada. Un país congelado en el tiempo, con un pasado interesante para ser recordado pero sin un porvenir atractivo.

Las rutas posibles parecen claras: lo que hay que decidir entre todos es cuál vamos a seguir.

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