OPINIÓN

Mario Campos: La agenda de ensueño de Peña Nieto ¿se fisuró?

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Por Mario Campos  @MarioCampos
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Mario Campos es periodista y politólogo. Conductor en el IMER y ForoTV.

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No se han cumplido ni tres meses del gobierno de Enrique Peña Nieto y su estrategia de comunicación muestra ya las primeras fisuras. Y la señal más evidente es que en estas últimas semanas el Presidente perdió el control de la agenda pública. La causa es sencilla: gobernar hoy, en los tiempos de las redes sociales y con tantos actores en escena, es distinto a la última vez que estuvo el PRI en el poder.

Luego de unas primeras semanas de ensueño, con el Mandatario y su discurso en el centro de la agenda, lo que el equipo presidencial ha encontrado es la irrupción de la realidad política nacional.

La imagen de un país exitoso, con un conciliador clima político reflejado en el Pacto por México y sus reformas, cedió su lugar a las otras agendas: la liberación de Florence Cassez por la Suprema Corte, las batallas internas entre los Comisionados del IFAI, el golpeteo de los partidos políticos - entre ellos y con el IFE- y por supuesto, la explosión en Pemex.

A eso se suma que la violencia no sólo se mantiene en cantidad sino que persiste como un fenómeno de alto impacto mediático como quedó de manifiesto con la violación de seis mujeres españolas en Acapulco, hecho que brincó a la prensa internacional y que ocurre en el mismo estado en el que han surgido los llamados grupos de autodefensa que retienen y juzgan, literalmente, por sus pistolas.

El mensaje de todas estas notas es que la tarea de controlar la imagen de México, ante los mexicanos y hacia el mundo, será mucho más compleja de lo que mostraron las primeras semanas del gobierno.

En el México post transición hay muchos actores – con agendas propias - que no se rigen por los tiempos del gobierno y que también dan nota. A eso se agrega el nuevo ecosistema de información que hoy enfrenta el gobierno, en el que resulta imposible imponer qué se vuelve tema de conversación para la población.

El mejor ejemplo de este fenómeno quedó de manifiesto con la visita del Presidente Peña a Punta Mita mientras continuaban los trabajos de rescate en las oficinas de Pemex, y lo que ocurrió en el mundo de twitter. Si bien fueron pocos los medios que reportaron el viaje – confirmado a La Jornada por el Secretario de Gobierno de Nayartit - generó tal revuelo en redes sociales que a las tres horas de la difusión de la noticia, el Presidente acudió personalmente a las instalaciones dañadas para realizar un recorrido y contener así las críticas.

Este desgaste a la imagen presidencial habría sido impensable hace apenas cinco años cuando estábamos lejos del fenómeno de redes sociales que hoy vivimos con más de 35 millones de mexicanos en Facebook y más de 10 millones de tuiteros.

Y es con todos estos elementos que tiene que trabajar el gobierno, pues a diferencia de lo que ocurría en el pasado, el problema no es si las actividades del Presidente son las primeras que se informan en los noticieros o si aparecen de forma destacada en las portadas de los diarios como ocurría hace algunas décadas, ni tampoco se trata de contar con el aval de los llamados líderes de opinión, el escenario hoy es mucho más complejo pues ya no es el Presidente el gran definidor de la agenda pública.

Después de la alternancia, no es ya el Gobierno federal el que tiene el monopolio de lo que se establece como noticia, incluso ni los medios de comunicación tradicionales gozan ya de ese estatus privilegiado.

Es sólo a partir del reconocimiento de esta realidad que la estrategia de comunicación del Presidente deberá tratar de retomar el tono con el que empezó su administración. Sin inundar de spots ni tratar de controlar la agenda de los medios, sino a través de temas atractivos y de alto valor noticioso que sean capaces de competir y ganar en el nuevo entorno de información. Veremos si en el gobierno entienden los retos y son capaces de recuperar la iniciativa en la agenda pública.

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