OPINIÓN

Luciano Quadri: México hace poco ante el problema ambiental

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Por Luciano Quadri  @LucianoQuadri
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Luciano Quadri Barba es politólogo por la Universidad Iberoamericana y es asesor y diputado suplente del Partido Nueva Alianza. Ha trabajado en varias consultorías ambientales y coordinado el programa “Mercado de Trueque de Residuos” en la Secretaría del Medio Ambiente del DF. En 2012 fue vicecoordinador de la campaña presidencial de su padre, Gabriel Quadri de la Torre.

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Solemos estudiar y abordar los problemas ambientales desde la óptica de las consecuencias de manera aislada, por ejemplo: los residuos sólidos o la deforestación, y es hasta ahora que se ha comprendido que si no se aplica un enfoque transversal, integral e intersectorial sólo se estarían aplicando paliativos. Las ciudades y el sector energético son la respuesta para lograr el desarrollo sustentable y un ambientalismo real que trascienda, por ejemplo, a la reforestación de unos cuantos pinos para dos o tres medallas políticas. ¿Qué pasaría si todos viviéramos en ciudades compactas, verticales con 100% de energía renovable y que el sector rural se limitara a garantizar la soberanía alimentaria?

Hay que tomar en cuenta que para este año, poco más de la mitad de la población mundial vivirá en ciudades y que de acuerdo a la Agencia Internacional de Energía éstas consumen hasta 70% de la energía, lo cual genera más de 70% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Dentro de 50 años, 90% de la población mundial vivirá en ciudades, lo que significa que prácticamente 90% de los problemas ambientales serán generados en y por las ciudades.

Con estos números, los esfuerzos por lograr un desarrollo sustentable, así como por combatir de manera eficiente el cambio climático, debieran estarse enfocando en la reconstrucción y re planificación de las ciudades. ¿Qué está haciendo México al respecto? La problemática ambiental para las ciudades puede dividirse en dos rubros: desde la óptica del cambio climático se pueden analizar políticas de adaptación y mitigación donde el sector energético es el objeto. A su vez, en el rubro de mitigación deben atenderse –y disminuirse o frenar- las fuentes de emisiones de GEI; en la parte de adaptación se debe construir la infraestructura y llevar a cabo las medidas necesarias para enfrentar las consecuencias del calentamiento global.

Desde la óptica del desarrollo sustentable las ciudades son las protagonistas; la planeación, urbanización, política de vivienda, densificación, transporte público, espacio público y servicios urbanos así como acceso a la educación y esparcimiento parecieran temas lejos de lo clásico ambiental, sin embargo, cuando se garantiza todo lo anterior con calidad, los impactos ambientales disminuyen considerablemente. Más gente viviendo en un espacio vertical significa una mancha urbana más pequeña, que a su vez significa menor impacto ambiental en los ecosistemas circundantes que a su vez proveen de bienes a la población de las ciudades como agua, recursos naturales renovables y no renovables y regulación climática. Y al interior de las ciudades: una ciudad vertical, con edificios altos y compacta, significa menos costos en la distribución y provisión de servicios que a su vez utilizan energía y recursos diversos. En otras palabras: es más fácil y barato –y sustentable- proveerle de agua y luz a veinte familias que viven en un solo edificio que a veinte casas distribuidas horizontalmente y espaciadas.

Las ciudades no son la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de manera directa, sin embargo son la causa de que el sector energético, ubicado o no en ciudades, sea el primer sector contaminante (70% del sector energético más desechos más procesos industriales y cambios de uso de suelo ubicados en áreas metropolitanas).

Gráfica 1. Emisiones de gases de efecto invernadero en México por sector 2006, elaborada con la información del Inventario de emisiones de gases de efecto invernadero en México 2006.

Para mitigar los efectos del cambio climático de manera seria las ciudades mexicanas, a través de sus presidentes municipales y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, tendrían que estar emprendiendo políticas en materia de energía renovable. La energía, por ser una atribución federal en cuanto a generación, solo deja a las ciudades la posibilidad de fomentar la generación individual a través de incentivos o subsidios. En este caso lo más viable para México es la instalación de sistemas fotovoltaicos individuales (por casa o edificio).

La realidad es que solo el Distrito Federal cuenta con un incentivo mínimo para las edificaciones sustentables que hasta la administración de Marcelo Ebrard alcanzaba un descuento en el impuesto predial de 30% en el caso de contar con todas las eco tecnologías (energía renovable, eficiencia energética, azoteas o muros verdes y captación y utilización de agua pluvial). Lo que hay que acotar aquí es que a casi ningún municipio le interesa cobrar el impuesto predial por lo difícil que resulta administrar de manera precisa el catastro y lidiar con problemas de propiedad.

La solución al tema de las energías renovables tiene dos vertientes, ambas de competencia federal. Primero: se requiere una reforma energética con cambios constitucionales y reglamentarios que facilite y permita la generación, compra y venta de energía por particulares limitada a energía renovable. Esto crearía un mercado de energía limitado a las renovables que podría ir sustituyendo a las termoeléctricas y a la generación por carbón. Al ser inversión privada, los costos de la energía subirían, he ahí donde el gobierno debiera intervenir y reorientar los subsidios de manera adecuada para proteger a los menos favorecidos.

Segundo -ligado a lo anterior-: para evitar altos costos de la energía renovable producida con capital privado, el gobierno tiene dos opciones, a) subsidiar de manera directa a los consumidores de energía identificados como población objetivo (gente pobre) o; b) generar programas de crédito preferenciales para que la población objetivo pueda adquirir kits fotovoltaicos y/o mini eólicos que los hagan autosuficientes a nivel individual.

Los recursos para una u otra opción se pueden obtener de la reorientación de los subsidios a los combustibles, que para 2012 ascendieron a 200 mil millones de pesos. De esta manera se matan dos pájaros de un tiro: se deja de subsidiar la emisión de GEI por el combustible, que además es un subsidio regresivo que beneficia a los más ricos, y se reorienta ese recurso hacia la mitigación de GEI, justo lo opuesto y correcto.

El camino que debemos recorrer es amplio. México se encuentra en pañales en cuanto a legislación y producción de energía renovable a pesar de ser el país número uno en potencial de generación eólica y ser privilegiado para generación solar y geotérmica.

Gráfica 2. Generación de electricidad por fuente en México (TW/h) *Terawatts/hora*La energía solar se calculó con base a la capacidad instalada de acuerdo con información de la Asociación Nacional de Energía Solar. Gráfica y tabla elaboradas con la información obtenida de la Comisión Reguladora de Energía. La generación solar no está reportada por la CRE.

Volviendo a los deberes de nuestros alcaldes: México es un mal ejemplo en el mundo en cuanto a manejo de residuos sólidos. Como ejemplo, tenemos a la Ciudad de México que genera alrededor de 12 mil toneladas diarias de residuos con un reciclaje eficaz pero muy ineficiente e informal y sin aprovechamiento alguno de las corrientes de residuos que por su composición al descomponerse generan gas metano (CH4) el cual es veinte veces más poderoso que el CO2 como gas de efecto invernadero. El gas metano puede ser aprovechado, ya sea quemándolo para convertirlo en CO2 y disminuir el impacto, o de manera más inteligente, utilizarlo como fuente energética como se hace en diversos países con una visión más sustentable. El gran relleno sanitario de residuos de la Ciudad de México, el Bordo Poniente, carece de cualquier aprovechamiento al igual que miles de vertederos y rellenos municipales en todo el país. Pocos recursos se destinan año con año  por la Cámara de Diputados y la Secretaría de Hacienda para atender esta problemática que no solo es de cambio climático y de aprovechamiento sustentable de los recursos sino hasta estética.

En el tema industrial los gobiernos estatales y municipales debieran estar implementando incentivos, regulaciones y sanciones claras y estrictas a los procesos industriales para disminuir los impactos ambientales (Gráfica 2). Por la parte de incentivos podrían ampliarse programas de sinergia industrial para que lo que es desecho de una empresa se convierta en materia prima de otra. Estos programa ya existen en México pero poco les ha importado a los gobiernos para multiplicarlos. Podría obligarse a las grandes industrias emisoras de GEI a utilizar e instalar energía renovable para autoabastecimiento y, finalmente, aplicar sanciones estrictas a las industrias más contaminantes.

Los cambios de uso de suelo están íntimamente relacionados con las ciudades, con su tamaño, planeación y con la política de vivienda. Una ciudad que no planea donde vivirán sus futuros habitantes se enfrenta a los asentamientos humanos irregulares (AHI) que por lo general surgen donde el suelo es barato, de alto riesgo o propiedad del Estado; estos terrenos por lo general son montañas, márgenes de ríos o barrancas (incluso en chinampas como en Xochimilco). Los AHI no solo aumentan la mancha urbana destruyendo áreas verdes importantes generando, por la deforestación, liberación de CO2 y eliminando la captura de este gas, también evitan la infiltración del agua de lluvia a los mantos acuíferos en zonas de recarga vitales; tienen descargas de aguas residuales no reguladas –incluso a veces promovidas por las propias autoridades- a ríos y afluentes que abastecen a las ciudades. La lógica es sencilla, un AHI es una oportunidad electoral para un político; permitirles el asentamiento significa votos y el discurso es “el derecho a la vivienda”. El resto de la ciudad pierde.

En este caso la nueva Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) tendrá un gran reto: enfrentarse a los gobiernos municipales y delegacionales para poner en orden a los AHI y supervisar y proponer planeación sustentable para las ciudades.

Finalmente el tema agrario, el cual tiene raíces históricas profundas y anclajes ideológicos que impiden el desarrollo sustentable y promueven la deforestación contribuyendo al cambio climático. Otro culpable directo es la mal diseñada política pública Procampo y Progan (véase mi artículo "La Tierra es de Quien la Conserva").

¿Qué está haciendo México? Muy poco. No hemos entendido que la problemática ambiental no solo es promover el ahorro de agua o reciclar PET, nos cuesta trabajo aceptar que para lograr un verdadero desarrollo sustentable habría que reformar la Constitución y transformar nuestro pensamiento revolucionario; habría que tomar las riendas en un gabinete de Desarrollo Sustentable y Cambio Climático desde Los Pinos de manera seria y contundente, cosa que por ahora, se le ha olvidado al Presidente.

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