ENTREVISTA

Julián LeBarón: 'Si me matan mi mensaje se haría más fuerte'

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Por Nacho Lozano  @NachoLozano

NOTA DEL EDITOR: Nacho Lozano, autor de esta entrevista, es editor de Política de la revista QUIÉN, en cuya edición del 2 de marzo de 2012 se publica la versión completa de este artículo. QUIÉN es parte de Grupo Expansión, igual que ADNPolítico.com.


JULIÁN LEBARÓN: UN MORMÓN FUERA DE SERIE

Bueno… ¿Julián?

–¿Sí, Nacho, dónde estás?

–Acabo de salirme de la carretera, en un desvío a Galeana.

–¿Y qué ves alrededor?

–Se levantó mucho polvo… Estoy en un camino de terracería… Frente a mí hay dos pequeñas cruces...

Ése fue el comienzo de la llamada telefónica previa a encontrarme con Julián LeBarón.

Desde la ciudad de Chihuahua, Chihuahua, hay que manejar tres horas por carretera para llegar al lugar “más hermoso del mundo”. Se trata de una planicie desértica vigilada por las chaparritas sierras de San Joaquín, Angostura, La Escondida y El Tecolote que por estos meses, increíblemente, cambian de color conforme las recorre el sol: rosas, amarillas, grises, cafés. En ese valle se enclavan Galeana y juntito la colonia mormona de la familia LeBarón.

“Es el lugar más hermoso del mundo” fue la frase con la que Julián ahorró cualquier explicación geográfica o periodística para describir donde vive desde que nació.

¿Por qué dices que es el lugar más hermoso del mundo?

“Porque basta con mirar la tierra… Te saluda”. ¿Y qué te dice esta tierra cuando te saluda? “Tú eres de aquí”.

Y de allí, justamente, los criminales sacaron de su hogar a Benjamín, el líder moral, político y espiritual de los LeBarón. Todo comenzó cuando Benjamín junto con Julián tomaron el escenario público en 2009 para decirle a los secuestradores de Érick, otro de sus hermanos: “No pagaremos un quinto de rescate y, además, lo queremos de vuelta”.

Días después los criminales soltaron a Érick, pero regresaron por Benjamín para vengarse. Durante la emboscada nocturna, los sicarios balearon lo que se les puso enfrente: rejas, autos, puertas y ventanas para sacar de casa al que los puso en ridículo.

Ante el escándalo de las metralletas, Luis, hermano de Miriam, esposa de Benjamín, salió a intentar ayudar a la pareja, que estaba dentro de la casa resguardando a sus pequeños hijos, pero los sujetos treparon a Benjamín y a Luis en las trocas y se los llevaron para masacrarlos y dejarlos tirados, empolvados, en un camino de terracería a las afueras de Galeana, un 7 de julio de 2009, el día más trágico en el lugar más hermoso.

– ¿Ya estás en el camino de terracería, Nacho?

– Sí.

– Esas dos cruces que ves… (suspira) son el recuerdo del lugar donde fusilaron a Benjamín y a Luis… Tú sigue derecho.

Cuando uno escucha esas palabras es inevitable sentir que el estómago se hace pequeñito. Le pregunté a dónde me llevaba ese camino: “Al panteón”, así que le propuse vernos ahí y Julián aceptó.

Al cementerio de Galeana de la Santa Cruz se entra a cualquier hora. Lo visitamos para que  Julián nos mostrara las tumbas de su familia. Ahí está el mausoleo del fundador de la colonia LeBarón, su abuelo, Joel LeBarón. Dos cerritos de tierra guardan a Benjamín junto a Luis. Es inevitable fotografiarlos. 

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Desde el 7 de julio de 2009 Julián se convirtió en un activista ciudadano muy respetado. Hoy día hemos vuelto a mirar a LeBarón como la comunidad que se ha sabido organizar para defenderse de los criminales.

¿Cómo enfrentan al crimen en LeBarón?

Para que una sociedad sobreviva tiene que expulsar al crimen de entre ellos, que después del crimen todo se puede aceptar.

¿Los LeBarón viven con miedo?

Creo que sí, el miedo es una buena herramienta de los criminales.

¿Tú tienes miedo?

Ahorita no.

¿Tu cabeza tiene precio?

Ojalá y lo tuviera. Yo no creo que lo tenga. No creo que yo represente una amenaza para nadie. El hecho de que me maten me ayudaría y mucho, porque haría mucho más fuerte mi mensaje. Quiero demostrar que nunca permití que lo que le hicieron a mi hermano sea aceptable. Así se lo prometí a Benjamín la noche en que lo mataron.

¿Cómo se lo prometiste?

Él me dijo: “Carnal, siento peligro”, porque él vio que las trocas daban la vuelta aquí, y le dije: “¿Pero por qué?”, y él respondió: “Siento que me van a atacar, que algo me va a pasar”, y le dije: “No mames, carnal, tú eres el obispo y tienes palancas allá arriba, para qué te preocupas”, y contestó: “Quiero que me prometas que si algo me pasa, nunca va a ser aceptable, nunca va a estar bien”, y le pedí que me prometiera lo mismo y dijo que sí. Ese día, a las 10:30 de la noche, sonó mi teléfono y dije: “Algo pasó”, contesté y mi cuñada estaba gritando que se acababan de llevar a Benjamín y a Luis, yo me subí a mi troca y me vine para acá en chinga y lo que pasó esa noche ya lo saben.

¿Has pensado alguna vez que esta lucha como activista no ha valido la pena?

He tenido ganas de dejar lo que estoy haciendo para irme a trabajar porque mi familia tiene muchas necesidades, tengo 11 hijos y batallo mucho económicamente para vivir como vivía antes. Nunca imaginé que iba a estar involucrado en esto.

¿Te consideras un mormón fuera de serie?

Sí, claro, porque no creo que la esencia del mormonismo sea todo lo formal que se hace, creo que la esencia del mormonismo es la libertad. Por ejemplo, yo tomo café (risas) y los mormones no toman café.

¿Has soñado con Benjamín?

Sí. Él se me apareció una vez como en un sueño y yo le dije: “¿Dónde estás?”, y me dijo: “No te preocupes, siempre voy a estar cerca”. Luego abrí el libro que me regaló de Pablo Neruda para leerlo y la primera frase que leí fue: “Han de saber, hermanos, que nuestra lucha continúa aquí en la tierra...”.

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Almorzamos en la casa de Benjamín y su esposa, quien nos recibió con sus hijos de ojos claros, brillantes y sonrientes. El plato de huevos con rajas de Julián se enfrió mientras platicaba.

¿Cómo le hacen para llevar el control en LeBarón?

Cuando secuestraron a Érik, nosotros les dijimos: “No pagamos, porque si pagamos ese rescate, lo que vamos a hacer es estar pagando más armas y más gente para que vayan a secuestrar a nuestros vecinos. Me uní a Javier Sicilia porque él fue a emplazar al gobierno de Morelos diciéndoles que tenían exactamente 13 días para encontrar a los responsables del asesinato de su hijo, pero luego con el Movimiento por la Paz nos fuimos por la vía del diálogo, y yo creo que ese fue el error más grande, porque vamos con la herramienta más débil que tenemos, la retórica y queremos luchar con profesionales que nos hacen garras. Por eso decidí decirle que me separaba del movimiento y él lo comprendió. Yo creo que la única forma real de dialogar con las autoridades es con las acciones.

¿Con las armas, Julián?

No, yo estoy total y absolutamente en contra de todo tipo de violencia. Si levantas un arma por una causa, creo que esa causa ya se perdió, porque todo lo que ganas con la violencia, lo tienes que perpetuar con la violencia.

Pero ustedes habían optado por armarse…

Sí, claro. Creo que todo mundo tiene el mismo derecho de defenderse que el privilegio que tiene el presidente de rodearse de gente armada que lo esté cuidando.

¿Hoy día ustedes están armados para defenderse?

Hay muchos que están armados, y tenemos inclusive muchos miembros del campo de tiro, que está aquí cerca, y estamos buscando la forma legal de tener armas. Yo personalmente no tengo un arma y nunca levantaría un arma por ninguna causa.

¿Qué opciones había además de esa arma más débil, como llamas a la retórica?

Imagínate que en Juárez hicieran lo mismo que hizo Sicilia, que salgan todos a la calle y le digan a la autoridad: “No podemos sentir ningún tipo de certeza mientras sean asesinados los niños y si no nos traen a los responsables en una semana, nos entregan su autoridad, sus armas y nosotros los ciudadanos nos hacemos cargo de nuestra propia seguridad”. Las armas serían para emplazar a la autoridad con acción, para que funcionen para lo que los eligieron. Es exactamente lo que hizo Benjamín, mi hermano, y por eso lo mataron.

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Julián LeBarón describe así la formación que le ha dado “un científico de Nueva York, que se llama Keith Raniere (me lo presentó Antonio Cervantes), es colaborador de la publicación Conocimiento e impulsor de la filosofía Rational Inquiry: si no te gusta lo que está pasando, no vayas a quejarte y a mentarles la madre; si no te gusta lo que está pasando empieza a cambiar”.

¿Qué dice el científico sobre el miedo?

La única forma de vencerlo es a través de la unión. Sólo falta tener claro que somos 115 millones de mexicanos y que hay como 500 mil personas que nos tienen con una bota imaginaria en el pescuezo.

¿Por qué te negaste a las ofertas que te hicieron de ser legislador?

Porque yo creo que la política que tenemos en México es absolutamente criminal.

¿Isabel Miranda de Wallace, activista como tú y ahora aspirante panista al GDF, es una criminal?

Yo describo el crimen como hacerle daño a los demás; la política hace daño porque no es ética, las mismas reglas que los políticos quieren que se te apliquen a ti no se aplican a ellos.

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¿Cómo eras de niño, Julián LeBarón?

Muy vago (risas). Manejaba tráileres llenos de ganado a los 14 años… sin licencia. Me decían "El Diablo" cuando era chiquito. Mi papá tenía un negocio de madera y yo tenía que cargar los tráileres y me decían: “Carga tres camiones y te puedes ir” y los cargaba en 15 minutos, otros duraban dos horas.

¿Probaste alguna droga cuando te decían "El Diablo"?

Jamás he probado alguna droga, ni siquiera he fumado un cigarro.

¿Qué número en el orden eres entre tus hermanos?

Yo soy el hijo mayor de mi papá ahora, porque mis dos hermanos mayores fallecieron: Joel en un accidente cuando tenía 15 años y el otro es Benjamín. Somos 45 hermanos. Mi hijo mayor (13) le lleva dos años a mi hermanita la menor (11). Tengo 11 hijos y quiero más.

¿De qué vive tu familia?

Entre otras cosas produzco nuez. Mi hermano Benjamín fue a Santiago de Chile para poner avellanas en todo este valle, porque aquí se produce la mejor nuez del mundo.

¿Qué estudiaste?

Nunca fui a la escuela… bueno, fui a la secundaria, aunque la escuela nunca me interesó. De niño quería tener un chingo de viejas, un chingo de ranchos y un chingo de dinero. Es con lo que sueñan los chavos. Hoy valoro más lo que he aprendido que todo el dinero, que todos los ranchos que me puedas dar en el mundo.

¿Mientes, Julián?

Indudablemente. Yo creo que, como dice Shakespeare, "la mentira es una abominación en los ojos de Dios, pero una herramienta muy útil en tiempos de necesidad".

Emiliano, hijo del ex presidente Carlos Salinas, está dando conferencias y hablando de los nuevos Gandhi, entre los que te incluye…

Sabes que Emiliano es muy amigo mío y yo lo conocí, también, por Antonio Cervantes, quien vino aquí para hacer un documental de la violencia en México, "Incendiar el corazón", con ese documental queremos recorrer el país para detonar el diálogo en las universidades y las comunidades de México. Aún no sabemos la fecha de su estreno. Cuando Emiliano y Antonio vieron lo que hicimos en el caso de Erick, el científico les dijo: “Vayan con ellos que sí saben cómo se derrota la violencia, el miedo”, entrevistaron a Benjamín... Dos semanas después lo asesinaron. Hoy día siento que lo que hago es por una ambición personal, no puedo decir que lo estoy haciendo por otros porque siento que lo estoy haciendo por mí.

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Estuvimos en un punto alto del valle desde donde se ve LeBarón enterito. Frente a nosotros hay 500 hectáreas de nogales de la familia, que producen más de 6 mil toneladas de nueces anuales. Hay 6,500 habitantes en Galeana y 1,200 en la colonia LeBarón, de ellos 500 son familia.

¿A tu familia le gusta lo que estás haciendo?

Algunos me dicen que estoy loco, que ya le pare. Pero no entienden el momento en que nos encontramos. Los respeto. Soy parte de una familia donde me siento muy privilegiado, no sé si escogemos a nuestras familias o qué, pero mis ancestros fueron hombres de lucha y de ideales, hombres que dieron su vida por nosotros.

Si pudieras describir con alguna película, con alguna novela, con algún poema, el momento que estás viviendo, ¿cuál sería?

"Hamlet"… o "Macbeth", de Shakespeare. Siento que en el  poder tenemos a gente sin conciencia, que no toma en cuenta el efecto de sus acciones. Y uno lo que tiene para luchar es la verdad y la voz de decir que todo esto no puede ser correcto, ni justo, ni estar bien, mientras ves que miles se mueren alrededor de ti.

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Salí, junto con la fotógrafa Belinda Garen, rumbo a la ciudad de Chihuahua, ya no por la terracería del principio, sino por Buenaventura “que es un camino más directo a la autopista”, según Julián.

Nos despidieron su madre, un hermano y algunos sobrinos con quienes terminamos el día tomando té y Julián, café. El viento no dejó de soplar durante el día. Ese viento causó tremenda polvadera. Ese viento arrasó con las hojas secas que se le pusieron al paso, pero no empolvó la memoria de Julián LeBarón.

– ¿Dónde están?, ¿están bien, Nacho?

– Sí. En Chihuahua, llegando al aeropuerto. Todo en orden, nada raro.

– ¡Qué bueno!

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