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Las cartas que escribieron dos supuestas víctimas de Cassez

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NOTA DEL EDITOR: Esta semana, Ezequiel Elizalde Flores, quien asegura haber sido víctima de secuestro por parte de Florence Cassez y la banda en la que supuestamente participaba, envió una carta abierta al presidente Enrique Peña Nieto para pedirle que no permita la salida de la ciudadana francesa de la cárcel.

A continuación te presentamos el texto íntegro de la misiva, firmada desde Texas, Estados Unidos.

Más abajo, podrás encontrar la carta que en 2011 escribió Cristina Ríos Valladares, otra supuesta víctima de Cassez, en la cual insiste sobre la culpabilidad de la francesa. En su texto, Ríos Valladares menciona que vive "en el extranjero".

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CARTA DE EZEQUIEL ELIZALDE FLORES

Laredo, Texas. Me permito escribirle como un ciudadano y una persona preocupada por la seguridad de los mexicanos, así como mi propia seguridad.

Por medio de esta carta me dirijo a usted en su calidad de Presidente de la República Mexicana.

Señor presidente Enrique Peña Nieto, de la manera más atenta posible y de la forma más respetuosa le suplico me escuche: Usted ya conoce este caso sobre la ciudadana francesa Florence Cassez y de la banda Los Zodiaco. Y dichos integrantes.

En 2005 fui secuestrado por esta organización criminal llamada, de la cual era Florence Cassez integrante y partícipe de esta organización.

También quiero mencionar que reconozco plenamente y sin temor a equivocarme a Cassez como mi secuestradora y que fue ella quien me diera de comer en la primera casa de seguridad y que fue ella misma quien me inyectara el dedo de mi mano izquierda para amputármelo y ser método de presión sobre mi familia, para el pago del rescate.

El 9 de diciembre fue un día en el cual tres personas volvimos a nacer y tener una segunda oportunidad, aquel día nunca lo olvidaré porque fue lo más maravilloso de nuestras vidas, el salir de una pesadilla en la que vivimos 65 días de temor y de angustia, vivimos los tratos más horribles que se le pueden hacer a un ser humano y vivir la humillación a suplicar por nuestras vidas a cada instante.

Hoy le doy gracias a Dios por esta nueva vida, y el permitirme seguir adelante y luchando por cambiar algo que es posible (un cambio).

Señor Presidente, esta gente nunca se tentó el corazón y nunca nos dio el derecho de hablar con nuestras familias ni nada; hoy le suplico y le imploro, con el corazón en la mano se lo digo: no permita salir a una criminal de prisión sabiendo que tiene todas las pruebas en su contra.

Todavía recuerdo su cara y el odio con la que ella me daba a escoger entre un dedo o una oreja.

Ella tiene todo el apoyo de su país y de mucha gente e incluso la de mi país, y no es posible que esta gente que lastimó y que dejó marcada a muchas familias mexicanas por este doloso delito, esté por salir libre de una condena que es muy corta y que es insignificante por todo el daño que hizo.

Se ratificó su culpabilidad y se tienen las pruebas necesarias para que permanezca en prisión por los delitos de secuestro.

Aún estando lejos de mi país, sigo luchando por nuestros derechos como ciudadanos y como gente que tiene miedo al rechazo de nuestras autoridades.

Es por ello que le pido y le suplico todo su apoyo y comprensión en este caso que nos afecta a todos.

Por un México seguro y con justicia.

Atentamente

Ezequiel Elizalde

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CARTA DE CRISTINA RÍOS VALLADARES

Mi nombre es Cristina Ríos Valladares y fui víctima de un secuestro, junto con mi esposo Raúl (liberado a las horas siguientes para conseguir el rescate) y mi hijo de entonces 11 años de edad.

Desde ese día nuestra vida cambió totalmente. Hoy padecemos un exilio forzado por el miedo y la inseguridad. Mi familia está rota. Es indescriptible lo que mi hijo y yo vivimos del 19 de octubre del 2005 al 9 de diciembre del mismo año. Fueron 52 días de cautiverio en el que fui víctima de abuso sexual y, los tres, de tortura sicológica.

El 9 de diciembre fuimos liberados en un operativo de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Acusados de nuestro secuestro fueron detenidos Israel Vallarta y Florence Cassez, esta última de origen francés, quien ahora se presenta como víctima de mi caso y no como cómplice del mismo.

Desde nuestra liberación mi familia y yo vivimos en el extranjero. No podemos regresar por miedo, pues el resto de la banda de secuestradores no ha sido detenida. Hasta nuestro refugio, pues no se puede llamar hogar a un lugar en el que hemos sido forzados (por la inseguridad) a vivir, nos llega la noticia de la sentencia de 96 años a la que ha sido merecedora Florence Cassez, la misma mujer cuya voz escuché innumerables ocasiones durante mi cautiverio, la misma voz de origen francés que me taladra hasta hoy los oídos, la misma voz que mi hijo reconoce como la de la mujer que le sacó sangre para enviarla a mi esposo, junto a una oreja que le harían creer que pertenecía al niño.

Ahora escucho que Florence clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta, su novio y líder de la banda, que si volvía a meterse conmigo (entró sorpresivamente al cuarto y vio cuando me vejaba) se desquitaría en mi persona.

Florence narra el "calvario" de la cárcel, pero desde el penal ve a su familia, hace llamadas telefónicas, concede entrevistas de prensa y no teme cada segundo por su vida. No detallaré lo que es el verdadero infierno, es decir, el secuestro. Ni mi familia ni yo tenemos ánimo ni fuerzas para hacer una campaña mediática, diplomática y política (como la que ella y su familia están realizando) para lograr que el gobierno francés y la prensa nacional e internacional escuchen la otra versión, es decir, la palabra de las víctimas de la banda a la que pertenece la señora Cassez.

Pero no deja de estremecernos la idea de que Florence, una secuestradora y no sólo novia de un secuestrador (con el que vivía en el mismo rancho y durante el mismo tiempo en el que permanecimos mi hijo y yo en cautiverio) ahora aparezca como víctima y luche para que se modifique su sentencia. Si lo logra o no, ya no nos corresponde a nosotros, aunque no deja de lastimarnos.

Esta carta es sólo un desahogo. El caso está en las manos de la justicia mexicana.

No volveremos a hacer nada público ni daremos entrevistas de prensa ni de cualquier otra índole (nuestra indignación nos ha llevado a conceder algunas), pues nuestra energía está y estará puesta en cuidar la integridad de la familia y en recuperarnos del daño que nos hicieron. El nuevo vigor que cobró la interpelación de la sentenciada y el ruido mediático a su alrededor vuelve a ponernos en riesgo.

Gracias por su atención

Cristina Ríos Valladares

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