CABILDEROS

¿Un regalito, señor diputado? Sí, ¿por qué no?

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Por Imelda García  @imegarcia
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Nada ni nadie impide a diputados y senadores recibir cualquier tipo de regalos por parte de cabilderos, y ninguna legislación ni autoridad prohíbe a éstos entregar dádivas si es que quisieran ganarse la voluntad de los legisladores.

La falta de una regulación de algunos aspectos del cabildeo abre la posibilidad de que se den casos de corrupción en los que profesionales del lobbying busquen sobornar a los legisladores para sumar apoyo a los intereses que representan.

Por "cabildeo" se entiende toda actividad de personas físicas o morales efectuada ante cualquier diputado, diputada, órgano o autoridad de San Lázaro, en lo individual o en conjunto, para obtener una resolución favorable a los intereses propios o de terceros, según el Reglamento de la Cámara de Diputados.

La regulación de los cabilderos se estableció a finales del 2010. La intención fue tener un control sobre la labor de quienes acuden a realizar este trabajo al interior de la Cámara Baja y que puedan defender sus intereses de la forma más adecuada y transparente posible para evitar potenciales conflictos de interés.

Aunque ha habido varios intentos por establecer normas más rígidas para la práctica del cabildeo en México, lo único que ha prosperado ha sido hacer obligatorio que la Cámara de Diputados establezca un registro en el que deban estar acreditados quienes planeen trabajar en esa actividad en San Lázaro.

Ahí termina la regulación. Ningún otro ordenamiento pone freno o límites a las “herramientas” que puedan usar aquellos cabilderos que, con grandes recursos y falta de ética, quieran convencer a los legisladores de apoyar sus causas.

“Yo creo que la labor de los cabilderos no es mala. Es mala cuando se convierte en una fuente de corrupción”, dice el diputado Rubén Camarillo, integrante de la Comisión de Régimen, Reglamento y Prácticas Parlamentarias de la Cámara Baja.

El panista ya presentó una iniciativa durante la Legislatura pasada -en la que fue senador- para evitar que existan casos en los que haya conflictos de interés, y sea la propia Comisión Jurisdiccional de cada cámara del Congreso la que se encargue de sancionar a los legisladores que cometan una falta. 

En ambas cámaras del Congreso se han presentado al menos 30 iniciativas que han planteado la posibilidad de regular la actividad del cabildeo en México. Ninguna de ellas ha tenido éxito.

La Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos prohíbe, en su artículo 47, que cualquier servidor reciba regalos o dinero por cualquier agente tercero ajeno a su función.

Sin embargo, esta normatividad aplica sólo a quienes son mencionados en el artículo 108 de la Constitución Política, cuyo texto afirma que los diputados “serán responsables por violaciones a esta Constitución y a las leyes federales, así como por el manejo indebido de fondos y recursos federales”.

“El fuero nos protege hasta en eso”, criticó Camarillo.

El exdiputado Miguel Ángel Toscano, pionero en la denuncia de actos de corrupción en el Congreso, cree que hay impunidad.

“Las empresas siguen operando como si nada pasara, no hay un antes y un después de aquella denuncia; hay muchos intereses que impiden que una regulación de esa actividad prospere”, apuntó.

Y él conoce esta realidad. En el 2005, el panista tenía la encomienda de trabajar en la legislación en materia de tabaco en la Cámara de Diputados. Ninguna de sus propuestas prosperaba, a pesar de que México había firmado el Convenio Marco para el Control del Tabaco.

La duda de por qué nada se movía lo hizo investigar qué estaba ocurriendo. Fue así que descubrió una cadena de corrupción que jamás pudo ser castigada, en la que cabilderos de una empresa tabacalera supuestamente pagaron viajes a siete diputados a presenciar carreras de la Fórmula Uno en Brasil, Hungría y España.

“Yo destapé una serie de irregularidades en esa ocasión, pero son cosa común. Y aunque teníamos las pruebas de los sobornos, no pudimos hacer nada por el propio fuero que tienen los legisladores.

“Ellos negaron todo, y les pedí entonces que mostraran sus pasaportes para demostrar que no habían salido del país en las fechas que nosotros hacíamos las acusaciones. Nada pasó”, narró a ADNPolítico.com el actual ministro de Salud en la Misión Permanente de México ante los Organismos Internacionales, con sede en Ginebra, Suiza.

Merilyn Gómez Pozos, diputada por Movimiento Ciudadano y secretaria de la Mesa Directiva encargada del registro de cabilderos, indicó que están trabajando en la manera de establecer normas para el otorgamiento de obsequios.

“Debería estar regulado con toda claridad que los diputados no obtuvieran de los cabilderos ningún beneficio económico.

“Desde mi oficina ya estamos pensando, por todo el tema que se ha dado con los cabilderos, en cómo podemos mejorar todo el registro, las prerrogativas y sobre todo eso (las dádivas), que es lo más delicado”, afirmó.

"NO ES LO MISMO UNA BIC QUE UNA MONTBLANC"

Al no haber ninguna legislación que prohíba dar o recibir regalos o incentivos para apoyar una causa, queda al juicio de cada diputado o senador decidir hasta dónde llega el límite que podría comprometerlo en un asunto y colocarlo en un conflicto de interés.

Camarillo indicó que los legisladores deben ponderar el valor de los presentes, pues si es muy elevado podría comprometerlos.

“No es lo mismo que me regalen una pluma Bic a que me regalen una pluma Montblanc o de oro; no es lo mismo que me regalen un libro a que me regalen un libro con una cubierta de oro.

“Yo creo que está muy claro los límites que esto puede tener. Alguien me puede regalar una corbata, y si es una corbata que cuesta 300 o 400 pesos, no pasa nada; pero sí me regalan quizá un anillo o un viaje con el afán de orientar mi conducta en la Cámara, evidentemente ese es un conflicto de intereses y cuando hay conflicto de intereses hay corrupción”, opinó el panista.

LA CLAVE ESTÁ EN LA TRANSPARENCIA

Para Fernando Dworak, especialista en temas legislativos, es muy delgada la línea que divide una atención al legislador de un soborno. El consultor político señaló que esto puede ser solventado aumentando la transparencia.

"La clave está en la transparencia. Si nosotros tenemos acceso a saber que si un diputado hizo un viaje con algún motivo específico, no debe haber problema.

"Yo no pensaría tanto en regular el monto de lo que un cabildero o una empresa da a un diputado; más bien me iría por las condiciones de transparencia y certidumbre sobre las relaciones que existen entre los diputados y los representantes de algunos intereses", expuso.

Khemvirg Puente, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, consideró que el Congreso de la Unión debería establecer de forma clara el límite de lo que se considera un regalo que no comprometa a los diputados y senadores, creando además una instancia revisora del tema en el interior del Congreso.

“Sí debe regularse, debe señalarse claramente cuál es el monto específico de obsequios que pueden recibir los servidores públicos en general, incluyendo a los legisladores, ministros, consejeros electorales, etcétera.

“Lo importante también es no sólo que se les prohíba, sino que se establezcan los mecanismos para sancionar en caso de que esta prohibición se violente, y ahí es donde los legisladores han sido omisos”, consideró el académico.

La existencia de un Colegio de Decanos encargado del asunto, o de un Comité de Ética que vigile que no se cometan actos de corrupción, podría frenar la actividad que, hasta ahora, sólo depende de la buena fe de cada legislador.

La única labor de transparencia que se exige a los cabilderos es que deben entregar un listado de los asuntos que planean tratar en cada Comisión, y ésta deberá hacer públicos los acuerdos a los que se llegue a través de la página de internet de la Cámara Baja.

Este requisito, que se encontraba vigente desde la LXI Legislatura, no fue cumplido por los cabilderos de entonces.

¿Y EN OTROS PAÍSES?

La situación no es la misma en otros países. En América Latina, Perú es el único país que tiene una regulación especifica, la Ley que Regula la Gestión de Intereses en la Administración, en la que prohíbe a los legisladores y a cualquier funcionario público recibir regalos de personas dedicadas al cabildeo.

En Colombia, por ejemplo, existe un proyecto de ley para Regular la Actividad Profesional del Cabildeo, en la que se establecen penas para el ofrecimiento y la recepción de regalos, estipuladas en el Código Penal, y que irían de 6 a 10 años de prisión.

En cambio, países como Canadá o Estados Unidos sí tienen regulado el lobbying. En el primer caso, es a través de la Lobbyist Registration Act, donde se establece que los cabilderos no podrán colocar a los funcionarios públicos, incluyendo a los legisladores, en un conflicto de intereses o serán castigados con una multa de 25,000 dólares.

En Estados Unidos es en la Honest Leadership and Open Government Act, la cual prohíbe a los lobbyistas dar regalos o viajes a los miembros del Congreso, en el conocimiento de que es una violación a las reglas de ambas cámaras y pueden ser multados e inhabilitados de su trabajo.

Por cabildeo se entiende toda actividad efectuada ante cualquier diputado, diputada, órgano o autoridad de San Lázaro, en lo individual o en conjunto, para obtener una resolución favorable a los intereses propios o de terceros, señala el Reglamento de la Cámara de Diputados.

La regulación de los cabilderos se estableció a finales del 2010. La intención fue tener un control sobre la labor de quienes acuden a realizar esa labor al interior de la Cámara Baja.

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