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Opinión: El legado que dejó el politólogo Alonso Lujambio

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Por José Merino y Nacho Lozano  @ADNPolitico

José Merino es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el CIDE y catedrático del ITAM, de donde también lo fue Alonso Lujambio. Nacho Lozano, es editor de Política de la revista Quién, que al igual que ADNPolítico.com pertenece a Grupo Expansión. Este texto fue publicado originalmente en la edición 276 de esa publicación.

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Alonso Lujambio es el politólogo preciso de la transición democrática.

Con su humor, con su defensa férrea de las instituciones formó una generación de politólogos que siguen identificando a las instituciones como las únicas herramientas para conseguir reformas y brindar estabilidad al país.

Para llegar a ser el hombre que fue en lo público, Lujambio tuvo que sostenerse de fuertes pilares personales que lo inspiraron y alentaron.

Acaso el más importante de ellos en los últimos 20 años fue María Teresa Toca, la mujer que nunca se separó de Alonso durante sus últimos y más dolorosos meses de vida.

Tal vez nadie más que ella sintió tan suyo el dolor y sufrimiento que vivió su marido durante su pelea contra el cáncer de médula que finalmente le arrancó la vida en septiembre pasado.

Teresa y Alonso fueron novios mientras estudiaban juntos en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Habrá que agradecer, a ande-usted-a-saber qué epifanía, que Lujambio en 1983 haya mudado de la carrera de Contaduría a la licenciatura en Ciencias Sociales.

Luego hizo una maestría en Ciencia Política en la Universidad de Yale, en EU, a la que se fue junto con Teresa, ya en pleno noviazgo.

Años más tarde, Lujambio fue profesor en el mismo ITAM, en la UNAM y en la Universidad Iberoamericana.

Ambos son padres de Íñigo, Tomás y Sebastián, quienes durante el funeral y los homenajes que recibió Alonso, nunca abandonaron a Teresa; estuvieron junto a ella tomándola del brazo, besándola para consolarla.

De Lujambio y su legado para México habría que decir que no hay un periodo más importante de la transición mexicana que el comprendido entre 1996 y 2003, en esa etapa él fue consejero electoral del Instituto Federal Electoral (IFE).

Destacó como estudioso del PAN y en 2005 asumió como comisionado del Instituto Federal de acceso a la Información (IFAI). Sin transparencia, no hay democracia.

¿Hay un contraste entre el Lujambio que abraza la democracia y el Lujambio, el funcionario público?

“No, hasta que le besó la mano a Elba Esther (Gordillo, lideresa del SNTE)”, dirían algunos.

Él fue titular de la SEP y a ojos de muchos, Lujambio entonces se diluyó. El reformista fue percibido como un funcionario conformista, cómplice del statu quo. Sí, pero su legado no es ese.

En 2009 se afilió al PAN, con deseos de ser candidato presidencial y no lo consiguió, el cáncer lo llevó a tratarse en Arkansas, EU.

No obstante accedió a un escaño en el Senado. ¿Cómo olvidar el 29 de agosto cuando Lujambio (siempre acompañado de su familia) acudió a tomar protesta?

Ahora nos queda el terrible sabor de una promesa no cumplida: hubiese sido un excelente legislador.

Deja el recuerdo del padre amoroso, marido bondadoso y amigo excepcional.

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