CRÓNICA

'Trae 60,000 muertos en la espalda y aquí le van a aplaudir'

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Por Óscar Balderas  @oscarbalmen

“¿A cuántos más de mi familia te vas a llevar?”, grita Rafael Tapia, alumno del ITAM, y gracias al altavoz que lleva en la mano su pregunta atraviesa la calle y se cuela hasta los pasillos de su universidad.

No hay quien le responda, porque el destinatario de la pregunta, el presidente Felipe Calderón, aún no ha llegado a la casa de estudios que le dio su maestría en Economía para recoger el premio “Carrera al Universo”, el máximo galardón otorgado por el Comité de Exalumnos a estudiantes con trayectorias destacadas.

Aún así, la pregunta resuena tres veces más en el aire.

“Yo soy de Tamaulipas y esta estúpida guerra ya acabó con mi tío y un primo... ¡no estoy de acuerdo con que mi escuela premie al responsable!”, dice Rafael, estudiante de Derecho, y unos 150 alumnos que lo rodean estallan en aplausos.

Han faltado a clases; algunos hasta a su examen, pero aseguran que vale la pena la inasistencia en la lista o reprobar una materia: su escuela va a premiar al alumno que se convirtió en presidente de México y ellos van a manifestarse en la banqueta que da a la entrada principal del ITAM contra la decisión.

Rafael tiene la mirada vidriosa; aunque se le han llenado de lágrimas los ojos, prefiere no limpiarlas y apretar con fuerza las flores de cempasúchil que tiene en la mano, con las que los manifestantes crearon una ofrenda callejera dedicada a los “60,000 muertos” en el actual sexenio.

“¡No, no, no! ¡Él trae 60,000 muertos en la espalda, es su estrategia y aquí le van a aplaudir de pie! Él no tiene nada que ver con los valores que enseñan en mi escuela, no me representa”, dice el joven, quien trata desesperadamente de no llorar de rabia.

En solidaridad, los itamitas que están contra el premio le brindan una ronda de aplausos al estudiante de 19 años, cuya familia del norte del país votó en 2006 por Felipe Calderón.

“¡No queremos premio a un genocida! ¡Genocida, genocida!”, le gritan al panista desde dos horas antes de que empiece la ceremonia de su premiación, que incluye un busto suyo en el ITAM, una medalla y un reconocimiento escrito.

Saúl Vázquez, alumno de Ciencia Política y organizador del evento, resume en el micrófono la postura de los estudiantes: les da vergüenza caminar por los pasillos que formaron al actual mandatario mexicano, a quien responsabilizan por “70,000 migrantes desaparecidos y más de 100,000 muertos”.

“El presidente Felipe Calderón no está a la altura de los altísimos valores morales que enseña esta institución. No es digno de volver aquí con tanta sangre en sus manos. Este premio daña al ITAM y, por tanto, a los alumnos”, dice Saúl.

Hay quienes opinan diferente: un grupo pequeño, que no supera los 50 alumnos, todos con traje sastre, que agradecen a gritos a Felipe Calderón su gestión en la Presidencia de la República.

“¡Yo voy en el ITAM, estoy con Calderón!” y “¡Gracias, Pre-si-den-te!” son sus coros de apoyo, pero son opacados por los gritos de los alumnos que han montado una especie de panteón en la calle.

Por un momento, la protesta adquiere el riesgo de irse de las manos: los inconformes nombran a cada bebé muerto en la Guardería ABC seguido del grito “¡No debió morir!”, mientras los que apoyan a Calderón gritan porras al presidente.

Y cuando los 49 nombres de niñas y niños quemados han terminado, sigue un minuto de silencio, que es interrumpido por el coro “¡Viva la guerra contra el narco!”

“¡Cállense, tengan respeto! Son niños quemados y no hubo castigados porque la esposa de Calderón es familiar de los responsables ¡Tengan respeto!”, grita un alumno.

Luego, un acuerdo con el Estado Mayor Presidencial termina por separar a ambos bandos y ponerlos a cada uno en los extremos de la calle que dan al instituto para que los separen unos 250 metros.

Con la distancia, la protesta se enfría... hasta que a las 19:10, 15 minutos antes de la ceremonia de premiación, un helicóptero aterriza en el estacionamiento del ITAM y de él baja Felipe Calderón.

Entonces los alumnos arrecian sus gritos, dirigen sus bocinas hacia el presidente y gritan a todo pulmón “¡Asesino, asesino!”; la potencia de los micrófonos hace que miembros del Estado Mayor Presidencial se pongan nerviosos y tengan la tentación de correr hacia las bocinas, pero los alumnos lo impiden.

Adentro de ITAM, el presidente de la junta de Gobierno del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), Alberto Baillères, entrega el premio a Calderón, de quien, dice, la comunidad itamita está orgulloso.

“Señor presidente, se ha ganado usted un lugar honroso en la historia de México", presume Baillères, junto el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré;el director de la Asociación de Exalumnos del ITAM, Fernando Lelo de la Rea; y el rector Arturo Fernández Pérez.

Calderón le regresa los halagos, elogia al ITAM y habla sobre su paso en la universidad, “una de las etapas más importantes de mi vida", y mientras la protesta continúa en la calle, el presidente reclama que la intolerancia es el peor enemigo de la libertad.

Los alumnos gritan hasta que anochece y vociferan todos los calificativos posibles. Uno a uno toma el micrófono y le recrimina la violencia de este sexenio.

Valeria Hamel, vocera del movimiento #YoSoy132 en el ITAM, se desgañita la garganta exigiéndole al presidente una disculpa pública por el estado de violencia en el que se encuentra el país.

Al final, el frío cala en todos y dado que la ceremonia privada se encuentra lejos de la zona de protesta, deciden terminar con la proyección de un video y una ronda de aplausos.

Todos caminan hacia sus autos o sitios de taxis mientras dejan correr en las bocinas, a todo volumen, la canción “Gimme the power” del grupo mexicano Molotov.

“Gimme, gimme, gimme todo el power para que te demos en la madre”, corea Rafael, mientras se despide de sus compañeros y entra al ITAM por su mochila.

No quiere pasar, porque, dice, se topará con lo inevitable: el presidente Felipe Calderón tiene un busto en su escuela, una especie de recordatorio permanente de su tío José y su primo “Josesito”.

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