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¿Qué esperar de Angélica Rivera en el sexenio de Peña Nieto?

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Por Nacho Lozano  @NachoLozano

QUIÉN. Nacho Lozano es editor de Política de la revista Quién, que al igual que ADNPolítico.com es parte de Grupo Expansión

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Los seis años por venir serán, probablemente, los más intensos para Angélica Rivera.

Quienes creían que su mayor reto lo había sorteado en la campaña presidencial, mientras acompañaba a su marido, Enrique Peña Nieto, ahora verán un nuevo capítulo en el que ella tendrá que elegir si capitaliza su fama o si opta por evitar los reflectores.

Si lo visto en campaña y las recientes giras de Peña Nieto en Sudamérica y Europa fue un ensayo, el papel de la exactriz –a quien siguen llamando “La Gaviota”– podría ser similar al de las esposas de los más recientes expresidentes priistas: Paloma Cordero de De la Madrid (1982-1988), Cecilia Occelli de Salinas (1988-1994) y Nilda Patricia Velasco de Zedillo (1994-2000), quienes son recordadas por su discreción durante esos sexenios.

Ése será el reto principal para quien protagonizó algunas de las telenovelas más recordadas en la televisión mexicana: mantener su fama a raya mientras su marido manda desde Los Pinos.

“La he visto discreta, incluso durante la campaña”, dice Lilián Briseño, directora asociada de la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales del Tec de Monterrey Campus Santa Fe.

“Ya al cierre (y en las giras por América del Sur y Europa) la vi más plantada, al lado de su esposo, pero con discreción”, señala.

¿Qué Angélica Rivera veremos el siguiente sexenio? ¿Cómo será su discurso? ¿Qué estilo imprimirá a su vida en Los Pinos?

Todo indica que en Los Pinos ella no tendrá un papel protagónico. Y no hay margen para otra cosa.

Con excepciones como Marta Sahagún de Fox (2000-2006) o Carmen Romano de López Portillo (1976-1982), “a quien todos veían de una personalidad muy fuerte por su imagen y las extravagancias que cometió”, dice Briseño, la regla para la esposa del presidente es acompañarlo.

“Ése es el papel que le hemos observado (a Angélica Rivera) durante la campaña y seguramente lo mantendrá”, dice Sara Sefchovich, autora del libro “La suerte de la consorte”.

Hasta en sus videos en YouTube, donde registró lo que vio y sintió en la campaña de su marido, Angélica Rivera nunca se salió del guión y permaneció al margen de los medios.

Lo mismo sucedió las semanas posteriores al proceso electoral. Recientemente la vimos en las fotos que el equipo de Peña Nieto distribuyó de sus giras por América Latina y Europa, donde Bild, el diario de mayor circulación en Alemania, la llamó la “primera dama más bella del mundo”.

Ella se limitó a sonreír mientras su marido saludaba a los líderes del viejo continente. Sólo en Francia llamó la atención al reunirse con la primera dama, Valérie Trierweiler, en el Palacio del Elíseo.

Capítulo aparte fue la visita a Madrid donde, entre otras actividades, el presidente electo y su esposa cenaron en La Zarzuela con los príncipes de Asturias.

La información oficial sobre el encuentro entre Rivera y la princesa Letizia fue escueta y se limitó a informar que la exactriz se “sintió muy cómoda en la cena y logró gran empatía” con la experiodista. Pero de imágenes… nada.

Fuentes del PRI dijeron que la oficina del presidente electo optó por no distribuir fotos porque la nota era el mensaje de cooperación que Peña Nieto llevó a España: “De otra forma, la imagen de dos guapas mujeres hubiera sido el centro de la atención de esa escala: que cómo vistió, que cómo habló, etcétera”.

Pero antes, durante la campaña, entre febrero y junio de 2012, los rivales políticos de su marido resultaron también adversarios de ella.

Las críticas y la mofa de entonces se centraron en el personaje de “La Gaviota”, algo que le sucede desde que se relacionó con el político, en 2008.

Tras la elección, se dio la instrucción en el equipo de Peña Nieto de hacer lo posible por desterrar el mote que tanto les redituó en la campaña.

En esos meses y como continuación del proceso, Angélica Rivera grabó videos en mítines políticos, en traslados por tierra, llegando a casa, con los hijos de ambos.

Ahí se le ve amorosa, como una compañera tierna, quien el día de la votación estuvo junto a su marido y selló ese tramo electoral con una caricia en el rostro del entonces candidato a la Presidencia.

Pero las redes sociales se convirtieron en el escenario perfecto para el escarnio, como se ve en las estadísticas de su primer video: más de 408,000 vistas con 886 clics en “me gusta” y 5,369 en “no me gusta”, una proporción que demuestra el rechazo de la mayoría de los cibernautas.

En contraste, los administradores del canal de Enrique Peña Nieto, donde están alojados estos videos, sólo dejaron mensajes positivos en el foro de discusión.

En las redes sociales Angélica Rivera fue criticada antes, durante y después del proceso electoral.

“Recibió ataques de los adversarios de su marido. Hubo etiquetas con mensajes denigrantes sobre su profesión como actriz acompañados de fotografías manipuladas. Padeció acoso y burlas en el marco de una campaña ruda contra ella”, dice Regina Santiago, directora del Observatorio de Medios de la Universidad Iberoamericana.

Eso y el foco rojo que se prendió cuando Paulina Peña Pretelini llamó prole a los críticos de su padre (a fines de 2011) llevó al equipo de Peña Nieto a poner al resto de la familia en el bajo perfil que ha mantenido hasta ahora.

“Ellas en la vida privada lo besan, le sonríen, pero no van a opinar ni a generar ningún problema”, dice la historiadora Sara Sefchovich.

“A Angélica la van a criticar por todo, ese es el destino de la primera dama: si participa, mal; si opina, mal; si usa este vestido, mal; si usa aquel, peor”, dice Rebeca Moreno, excoordinadora de giras de Marta Sahagún.

Sin embargo, hay quien opina que no debería ser para tanto y que Rivera debería utilizar su fama de forma positiva entre quienes la conocen como una estrella carismática que interpretó papeles de bondadosa heroína y no de villana.

“(Debería) aprovechar su imagen pública”, dice Briseño, del Tec, “sabe cómo manejarse ante los medios, no le tiene miedo a las cámaras ni a las grandes multitudes que la rodean. Eso lo puede capitalizar, lo veo como algo bueno”.

Y es que aunque el equipo de Peña Nieto busque no exponerla, a veces los fans se desbordan, como se vio con las asistentes a los eventos de su marido, sobre todo en Guatemala, Colombia y Perú.

Las crónicas hablan de admiradoras que pedían tomarse fotos con “La Gaviota”, no con la esposa del presidente electo de México.

Esto es lo que podría aprovechar Peña Nieto –la fama bien ganada de su esposa– ya no para conseguir votos, sino para dar una imagen positiva a su administración, dice Briseño.

Un beneficio adicional es que más gente podría hacer conciencia de los principales problemas que aquejan a las mujeres.

Según Sefchovich, Rivera ya se asesora “en estos temas de género y asuntos de violencia doméstica que muy claramente aquejan a este sector”.

Angélica Rivera se dirigió a ellas indirectamente, según el analista de discursos políticos Carlos Páez Agraz, director general de AdQat, ya que sus palabras en público, entrevistas, declaraciones o videos en YouTube indican que las banderas de las mujeres serían parte de sus desvelos.

En ese sentido, la esposa del presidente electo asegura que estará lista para trabajar en su nueva trinchera, “soy una mujer de empeño y de mucho trabajo. Sé lo que cuesta ganarse la vida”, comentó en una entrevista reciente.

Ante lo visto en YouTube, sobre todo en cuestiones sobre el hogar y la situación de la mujer, Páez, de AdQat, analizó sus mensajes.

“Puede ser ejemplo de convicción y firmeza ante la realidad de las mexicanas que son golpeadas por su pareja. El país requiere de mujeres que deploren el machismo endémico”, dice.

Asimismo, le recomienda asumir un papel personal y dejar de decir que su esposo determinará absolutamente qué hará ella cuando se instalen en Los Pinos.

“(Peña) tendrá que tomar la decisión de lo que quiera que lo ayude, si él quiere que esté a su lado y que lo acompañe, él tendrá que tomar esa decisión, estaré a su lado siempre en lo que él decida qué tenga que hacer”, dijo en una entrevista reciente.

Según Páez, tomar una decisión propia de su siguiente trabajo no implica romper nada.

“No hablo de feminismo, sino de república, de democracia”, dice el experto, quien urge a Rivera a defender sus causas.

Incluso desde la oposición al próximo gobierno se le ve este potencial.

“Ella y muchas mujeres tenemos causas”, dice la senadora Alejandra Barrales, del PRD, “lo importante es darlas a conocer, ser congruente y acompañarse de una trayectoria que pueda confirmarse”.

Una agenda social y de género podría colocar a Angélica Rivera en un terreno similar al de Margarita Zavala, esposa del presidente Felipe Calderón.

A Zavala, su labor le ganó reconocimientos y premios, sobre todo al pedir la protección a niños migrantes y luchar contra las adicciones.

En octubre, el Consejo de las Américas le entregó en Nueva York la medalla de oro a la labor social. Esta presea ha sido recibida por personajes como David Rockefeller y Carlos Fuentes.

Recientemente, la Cruz Roja Mexicana la homenajeó por su altruismo. Así que los reflectores que Margarita no buscó con su labor como presidenta del Patronato del DIF se los trajo el trabajo con asuntos de asistencia social.

Propios y extraños le reconocen la discreción con que actuó estos seis años.

“No fue protagónica”, dice Briseño, “tal como debe de ser porque nosotros elegimos al presidente, no a su esposa”.

¿Qué debemos esperar de Angélica? Briseño considera que “habrá que darle la oportunidad de que se prepare; hay que ver qué va aprendiendo y qué tan inteligente es en los terrenos políticos donde, hasta ahora, no la conocemos”.

Con información de Alejandro Ángeles y Mariana F. Maldonado

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