TOMA DE PROTESTA

Crónica: Peña Nieto, por la puerta principal de San Lázaro

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Por Imelda García  @imegarcia

Enrique Peña Nieto logró lo que Felipe Calderón no pudo hacer hace seis años: entrar y salir por la puerta principal del recinto para tomar protesta en San Lázaro como el nuevo presidente de la República.

Y aunque el salón de plenos parecía camposanto en algunas partes, por las cruces que recordaban a los “muertos del sexenio” y alegando el “luto” por el regreso del PRI, Peña Nieto fue arropado por la mayoría priista en San Lázaro y logró prestar juramento constitucional y recibir la banda presidencial.

Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas. Para llegar hasta ahí, la Cámara de Diputados tuvo que ser blindada por fuera y por dentro.

En el salón de sesiones fueron sus propios diputados quienes lo protegieron mientras caminaba por el pasillo central, en medio de un cerco que la mayoría de los tricolores formó para protegerlo de una posible agresión, mientras los legisladores de izquierda le aventaban billetes de juguete.

“Compraste la presidencia”, le gritaban. “Ladrón”, decían otros.

Su burbuja de seguridad lo protegió de los “billetazos”. Ninguno lo alcanzó y, aunque en algún momento en su camino a la tribuna alguien le aventó lo que parecía una botella de agua, logró subir a tomar protesta como nuevo mandatario.

“Peña presidente, Peña presidente”, gritaban los priistas a todo pulmón, opacando los reclamos de la izquierda.

Y aunque ruidosa la sesión, el momento no se compara con la de hace seis años, cuando Calderón tomó protesta entre fuertes gritos. En aquella ocasión, el presidente saliente tuvo que entrar por uno de los accesos traseros a la tribuna para tomar protesta en una tribuna que estaba tomada  por diputados del PAN y el PRD.

Pero este 2012 fue diferente, desde muy temprano los legisladores priistas tomaron sus precauciones. En grupos de seis o siete, se colocaron a cada uno de los lados de la tribuna. En la parte baja, frente a las bancadas de la izquierda, las diputadas hicieron un cerco para evitar que los opositores tomaran la tribuna.

Pese a que se exhibieron pancartas donde al mexiquese se le acusaba de ser un “Candidato de novela y Presidente de Ficción”, los mayores reclamos y gritos, no fueron para Peña Nieto, sino para Felipe Calderón, a quien lo acusaban de entregar la “silla bañada en sangre”.

En cuanto Calderón entró al salón de sesiones, los diputados de izquierda lo recibieron con gritos de “asesino, asesino, asesino”.

Los panistas lo arroparon. Desde que supieron que había llegado al Palacio Legislativo, varias diputadas se levantaron de sus curules y formaron un cerco en el pasillo principal. Buscaban proteger a quien todavía era su presidente. “Bien, Felipe, bien; Bien, Felipe, bien”, gritaban.

El PRI, en ese momento, guardó silencio.

Pero una manta gigante, colocada por varios diputados perredistas no callaba. “Imposición consumada, México de luto”, decía el texto, enmarcado por seis cruces.

No eran las únicas cruces. La izquierda protestó formando un cementerio en las curules: 20 cruces de cartón negro sobresalían en el pleno. Aquello era la protesta por los muertos del sexenio y por el luto del regreso del PRI al poder.

Layda Sansores, senadora por Movimiento Ciudadano, se enfrentó a las diputadas priistas que formaban la valla cuidando la tribuna. Con una fotografía ampliada del operativo de Atenco, realizado en el Estado de México en mayo del 2006, mostraba su inconformidad. Las priistas se reían, en momentos, de su postura.

Ricardo Monreal fue el más duro en su discurso. Al hablar del tema de la justicia, señaló con el dedo índice a los ministros de la Suprema Corte de Justicia, quienes se encontraban sentados a la derecha de la tribuna. Así, con su dedo acusador, los denunció: “Es una justicia putrefacta la que ustedes encabezan”, sentenció.

Los ministros, ni siquiera se movieron de la posición en que estaban.

Las diferentes bancadas hablaron de su postura frente a la situación del país y al cambio de poderes. Ninguna despertó tantas reacciones como la de Ricardo Monreal, quien cerró con una frase que provocó las risas de las otras bancadas.

“Salud, compañeros; síganse riendo, burlándose del pueblo de México”, dijo en tono irónico.

De forma discreta, mientras los legisladores seguían con sus posicionamientos, las dos primeras damas, tanto Margarita Zavala como Angélica Rivera arribaron al palco desde el que atestiguarían el paso del poder.

Al declarar el receso para que sus esposos ingresaran al salón de sesiones, los priistas descubrieron en la parte alta a Angélica Rivera. Sus miradas se dirigieron a ella y le aplaudieron.

Los panistas no quisieron quedarse atrás. Cuando el aplauso para Rivera se extinguió, echaron porras a Zavala: “Margarita, Margarita, Margarita”.

El ánimo en la bancada del PAN era relajado y hasta bromista. En algún momento, antes de comenzar la sesión, las diputadas del blanquiazul “tomaron” los lugares reservados para el recién nombrado gabinete de Enrique Peña Nieto al grito de: “Acción Nacional, Acción Nacional”.

Aún con las cruces, las mantas, los gritos y los billetes, el ambiente en el interior del Salón de Sesiones no se parecía en nada al que había al exterior del Palacio Legislativo.

Afuera, bombas molotov, petardos y gas lacrimógeno eran el común denominador. Hasta el patio central de San Lázaro llegaba el sonido de las explosiones. Hasta ahí llegó también una nube del gas lacrimógeno que fue lanzado a los manifestantes, la primera vez que rompieron el cerco.

Empleados y algunos legisladores al interior del Palacio Legislativo tuvieron molestias momentáneas por el gas.

Una vez tomada la protesta y recibida la banda presidencial, Peña Nieto salió rodeado de su equipo de seguridad y sus legisladores más cercanos: Manlio Fabio Beltrones, Carlos Romero Deschamps, Jesús Murillo Karam, Emilio Gamboa Patrón.

Felipe Calderón, ya como un ciudadano más, bajó de la tribuna y también abandonó San Lázaro por el pasillo principal. Sin tantos saludos como Peña Nieto y rodeado, él sí, sólo de los miembros del Estado Mayor que lo protegían.

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