COLUMNA INVITADA

¿Dónde chingados está la Chingada de López Obrador?

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Por María del Pilar Montes de Oca Sicilia  @palabrafilica
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NOTA DEL EDITOR: La lingüista María del Pilar Montes de Oca Sicilia es directora general de la revista Algarabía y autora del best seller "El Chingonario", un diccionario del que quizá es el verbo más usado en México: "chingar".

Especialista en el uso cotidiano y coloquial de la lengua, ha sido docente y desde hace 10 años se dedica a la divulgación lingüística como editora y directora de la Editorial Otras Inquisiciones. También es autora y compiladora de “El Manual para escribir bien”, “El manual para hablar mejor” y “Mitos de la lengua”.


A propósito del comentario de Andrés Manuel López Obrador acerca de irse a la chingada, "ahora sí", si no ganaba las elecciones presidenciales de este año, es preciso hacer una observación.

Irse o mandar a alguien -ya no se diga a uno mismo- a la chingada, no es arbitrario ni casual; tampoco tiene marcha atrás ni posibilidad alguna de conciliación.

En el uso cotidiano, este remoto e indeterminado lugar de nuestra geografía imaginaria denota el fin y el término concluyente de algo, por lo que "irse a la chingada", en este contexto, equivaldría a desertar, a desaparecer del escenario político y a estar dispuesto al olvido.

Por otra parte, si tomamos en cuenta lo que afirma Octavio Paz en su ensayo "El laberinto de la soledad", entonces la Chingada —aquí merece la mayúscula—, asociada con la Conquista, es la madre violada que nos parió a los mexicanos; por lo tanto, irse a la chingada supondría ir a un vientre herido y abierto donde, asegura Paz, "no hay nada".

Así, el candidato caería en desgracia, en la frustración y en la pena de quien no puede borrar su condición de hijo de la chingada.

Ahora bien, si como dicen, la quinta de Andrés Manuel, bautizada como "La Chingada", es a lo que realmente se refiere con su comentario, se infiere, entonces, que el candidato presumía una amable retirada en su lugar de descanso, ubicado en un lejano lugar de Palenque, Chiapas, tan distante que no atinamos a decir más que "en casa de la chingada".

Como sabemos, el verbo "chingar" —del que deriva el sustantivo citado aquí, varios adjetivos y una serie de expresiones que utilizamos a diario y que son consideradas como malsonantes— tiene un significado tan amplio, que es posible jugar con él con tan sólo cambiar el tono, hacer una pausa, reírse o fruncir el ceño.

Y dado que esta palabra es emotiva, no dudamos que López Obrador lo haya dicho de manera franca. Lo curioso es... ¿dónde chingados está la chingada?

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