#OPINIÓN

Opinión: A problemas nacionales, soluciones internacionales

Print Comments

Por Iliana Rodríguez Santibáñez  @ADNPolitico
   0 Comentarios

Si bien es cierto que se ha querido ilustrar al fenómeno de la globalización como un mal necesario por algunos, también es cierto que 3,000 kilómetros de frontera con Estados Unidos nos recuerdan constantemente que pese a visiones distintas en historia, cultura y raza, estamos geográficamente pegados.

El discurso de la globalización trata de no excluir al concepto de soberanía, es incluyente; hace inevitable la marcha hacia la apertura, de la que se presume -en teoría- el bienestar general, y cuya decisión de pertenencia corresponde al Estado que suscribe convenciones y acuerdos internacionales en búsqueda del bienestar común.

Pero, ¿en qué momento México, que posee una honda tradición por la multilateralidad, se ha encerrado en sí mismo y ocupado foros como el G20 para lucir en un ámbito que poco explotamos: el de la cooperación internacional?

Los nuevos tiempos de búsqueda por la paz no son en el continente americano una “Balcanización”, como en la Europa del Este o como en el Medio Oriente con la llamada “Primavera árabe” y la sucesión de caídas de regímenes autoritarios. No. México enfrenta otros enemigos, aquellos que provienen del crimen organizado, el de mafias nacionales e internacionales, problemas de impunidad y corrupción, y la falta de una visión verdaderamente federal respecto al proyecto de nación en el siglo XXI que deseamos.

Eventos como la fuga y decesos del penal de Apodaca exhiben este problema. Son la gota que derrama el vaso y hace evidente lo que por décadas ha estado ahí: un sistema penitenciario desbordado, que lejos de reintegrar, desintegra todo; y que expone que el reducto final de los esfuerzos del Estado por combatir al crimen y proteger a la sociedad, no es efectivo. Tanta lucha, despojos y muertes, para que de donde responsables debieran pagar su deuda, se escapen unos y mueran trágicamente otros. ¿Dónde está la autoridad?

Para éste y otros problemas, como el combate al narcotráfico, ya no puede ser sólo una acción del Estado, deben obrar con congruencia, y si posee 13 tratados de libre comercio porque sabe que la economía funciona globalmente, ha de reconocerse que las mafias funcionan de la misma forma y velocidad, por ende recurrir al ámbito internacional en áreas de inteligencia y financiamiento para mitigar este flagelo.

Estos fenómenos que se trasnacionalizan y dañan al Estado, derivan de cambios tanto en el ordenamiento político como jurídico. Los movimientos recientes como el Occupy Wall Street en Estados Unidos y el M15 en España, surgen en oposición a la exagerada concentración de la riqueza en el 1% de la población mundial, lo que produce desigualdad, desempleo y el empobrecimiento, que conducen a otros fenómenos como la desnutrición y la falta de educación, que son un imán para la injusticia.

¿Cómo deseamos entonces el “despertar de una sociedad civil”?

La mega tendencia de la redefinición del Estado puede incurrir en un exceso de adelgazamiento tal que lejos de ser promotor de los mínimos de bienestar, se convierta en el Leviathán de Hobbes en pleno siglo XXI.

Urgen, como proponía el politólogo Luis Javier Garrido, “mecanismos que puedan hacer reales y efectivas la democracia representativa, el equilibrio de los Poderes del Estado, los derechos individuales y sociales o las formas de descentralización territorial del poder, desde el municipio hasta los estados de la Federación, e incluso las autonomías regionales, así como nuevas formas de participación política.”

Estos mecanismos no son sino reformas secuestradas por las ideologías de partidos en un Poder Legislativo desacoplado de la realidad, paralizado por intereses de uno u otro grupo que no son la mayoría.

Además de estas reformas y otras tantas, no debe perderse de vista la coexistencia pacífica de los Estados a través de la cooperación internacional. México es el 10º país que más aportaciones económicas otorga a la Organización de las Naciones Unidas; quizá llegó el momento de que el rol de México en esta instancia y de ésta en nuestro territorio deba tener mayor participación a través de la celebración de tratados en materia de seguridad y ayuda humanitaria, suscripción del Protocolo Adicional II a los Convenios de Ginebra de 1949 o comisiones de investigación contra la impunidad, pues no puede entenderse el menoscabo de las instituciones sin la tolerancia de quienes debieran salvaguardarlas.

Descuidar la forma afecta el fondo en un mundo globalizado donde no debe haber la necesidad de elegir entre libertad y seguridad. Sin libertad, la sociedad no es viable.

Síguenos en twitter y facebook

Por favor déjanos tu comentario