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Opinión: La candidata y los tuiteros

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Por Chumel Torres  @ChumelTorres
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NOTA DEL EDITOR: “Ingeniero, manzanita podrida, príncipe de los nerds”. Así se define Chumel Torres quien, con sus más de 44,000 seguidores, es un líder de opinión en Twitter y colaborador de ADNPolítico.com.

Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.


Cuando estaba en secundaria, recuerdo haberme peleado. No es un buen recuerdo (porque me ganaron, obvio) pero tengo muy presente que la sensación de estar peleando me resultaba horrible; la adrenalina, la mirada de odio de mi adversario, las ganas de llorar (qué oso que me daban ganas de llorar) y los gritos enardecidos de los compañeros a mi alrededor pidiéndome golpear a otra persona, me hacían sentir desconcertado, aturdido, en pánico. Aún no sé bien por qué fue la pelea, pero me acuerdo que (según mis amigos) tenía que pelear. Y pues, me convencieron. Y pues, me dieron un putiza.

Sangrando, mareado, golpeado, adolorido, chueco, el uniforme sucio, la camisa rota y sin un teni (no pregunten), fue el saldo que dejó Raulito (mi contrincante) en mi frágil cuerpecito puberto.

Mientras me levantaban mis amigos y yo esperaba a que mi mamá pasara por su Rocky Balboa de segundo de secundaria, pensaba en cómo podía ser posible que a alguien le gustara ver estas cosas, pensaba en los gritos de mis amigos gritando “dale, cabrón” y me sentía tan ajeno a mi grupo de amigos, que me hicieron sentir mal, tuve que pelear por presión social, golpear a alguien por pertenecer a la manada, atacar para ser aceptado. Decidí no volverlo a hacer.

Este fin de semana me di cuenta que las cosas no han cambiado mucho, como algunos saben tres amigos, y su analista político de pacotilla favorito, tuvimos la oportunidad de tener una entrevista ciudadana con la candidata al PAN, Josefina Vázquez Mota (como parte de una idea con vistas de tenerla con todos). El ejercicio fue simple, las preguntas vendrían desde Twitter, se leerían frente a ella y esperaríamos su respuesta. Punto.

La entrevista sucedió, se preguntó lo que se consideró relevante y candidata y tuiteros salimos bien contentos. Pero como en todo carnaval siempre hay nubes, nos empezó a llover. Y, a sabiendas de lo que vería, con terror encendí mi iPhone, me persigné y abrí Twitter. Aydiosmíosantísimo.

Ya sabía que habría comentarios de “méndigos vendidos”, “qué decepción”, etc. Estoy consciente que hay personas que no tienen la confianza en que hay gente honrada que puede trabajar en algo solo por el hecho de creer en él, equis, no pasa nada, pero a medida que voy dando 'scroll' hacía abajo, veo que los reclamos van por otro lado: querían ver sangre. Querían que le pegáramos. Querían putazos.

No había manera de contestar la avalancha de insult… menciones que recibíamos, ¡algunos se quejaban hasta porque nos reíamos de los chistes de la Josefina! A lo mejor esperaban vernos con la mirada indiferente, diciendo “ash, qué oso”. Pero sé también hay quién no conoce la cortesía. En fin. Lo que sí fue un punto bueno de crítica fueron aquellos usuarios que dijeron que esperaban vernos un poco más incisivos, menos asustados, eso sí lo entiendo, pero no es casualidad y les explico porque: no somos periodistas, sí nos paniquea una cámara, aunque no parezca, de ahí mis “”este… este… este…” y la segunda (lo de lo “incisivo”) obedece a una razón que, al menos para los que formamos parte del proyecto, nos hizo sentido: la intención no era acorralar, la intención era integrar, tender un puente entre la red social y los candidatos, no era nuestro momento de ponernos mamones, porque Twitter no es un lugar al que un candidato tenga que acudir… aún. Me explico.

Hay entrevistas y entrevistadores que, aunque le caigan gordos a los candidatos por su capacidad de balconeo, tienen que ir, es parte del, digamos, protocolo mediático. Pero Twitter aún no es eso, la agenda política aún no nos incluye, y eso era la principal finalidad de la idea: hacerles saber que Twitter es capaz de dialogar, de escuchar, de no irse a la yugular, en otras palabras, esperábamos que vieran la entrevista y ustedes tomaran decisiones. Agarrar puntos en qué les parece y qué no. Se llama información y sirve para decidir.

Y el que quiera ver putazos, que se regrese a la secundaria. Déjennos a los adultos dialogar.

Porque dentro de todo, @Cocainelil, @Bilop, @Kraken y un servidor terminamos muy contentos por un trabajo bien hecho, agradeciendo también las muestras de apoyo de los más, que confiaron en esta idea y la vieron como lo que es: el principio de algo, una mano tendida con amabilidad, oídos dispuestos a escuchar.

Esto es un primer ladrillo, pero no de un muro, sino de un puente.

…sangrando, mareados, golpeados, adoloridos, chuecos, el uniforme sucio, la camisa rota y sin un teni, pero con  una sonrisa en el rostro. Gracias a todos.

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