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Opinión: Importa más lo que no se ve en las campañas

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Por Armando Regil  @Armando_Regil
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Nota del editor: Armando Regil es presidente fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora (IPEA).


Unos dicen que la verdad no peca pero incomoda, otros afirman que, ojos que no ven, corazón que no siente. Que sabios somos los mexicanos y los refranes que repetimos. En estos juegos de palabras construimos nuestros propios mecanismos de defensa o incluso supervivencia. Ante muchos problemas resulta más atractivo hacer como que no vemos o si vemos preferimos resignarnos.

Después de las primeras semanas de campañas para la presidencia, los ciudadanos hemos visto toda clase de anuncios y escuchado muy variados spots. Parece que todo está diseñado para mostrar sólo una parte de la realidad.

Para la mayoría de los políticos resulta conveniente que nos quedemos con lo más obvio, de preferencia sin cuestionar mucho. La punta del iceberg siempre parece el ángulo más atractivo para los ojos que no quieren forzar la mirada hacia abajo, hacia donde se puede ver algo que quizás incomode o aflija. ¿Para qué sufrir si podemos evitar el dolor? Piensan muchos.

Los problemas que enfrenta México en distintos temas no son menores. La realidad tan dinámica y compleja requiere que abramos los ojos no para deprimirnos sino para entender la dimensión de lo que nos toca resolver como ciudadanos.

Usualmente resulta muy cómodo enfocarnos en las soluciones rápidas, nos gusta simular que hacemos las cosas y quedarnos con la apariencia del efecto antes de ver la verdadera causa del problema. En tiempo electoral, los candidatos se ven obligados a abordar cualquier cantidad de temas de los que naturalmente no pueden ser expertos, para eso tienen equipos de asesores.

Lo que resulta paradójico, es que los ciudadanos nos pronunciemos a favor de cambios de fondo cuando en realidad somos los primeros en no ir más allá de lo evidente. Toda propuesta, programa o proyecto sugerido por un candidato, tiene costos, cada decisión tiene consecuencias, algunas más obvias que otras.

Nuestra responsabilidad como ciudadanos es salir de la zona de confort para ser muy críticos con lo que se ve a primera vista, pero más importante aún para ver lo que no es tan evidente. Aunque suene paradójico, tenemos que aprender a ver lo que no se ve. 

¿Por qué? La razón es sencilla, si nosotros no analizamos las consecuencias y las distintas implicaciones que tienen las propuestas de los candidatos, si pensamos únicamente en los beneficios pero no analizamos los costos, si damos rienda suelta a que se haga y deshaga con nuestros impuestos, entonces corremos el riesgo de caer en el error cotidiano de dejar la creación de políticas públicas y la mayoría de las decisiones en manos de los políticos. Los ciudadanos tenemos la enorme responsabilidad de involucrarnos.

Es evidente que elegimos a quienes deseamos que nos representen en la toma de ciertas decisiones pero eso no significa que debamos desentendernos completamente de lo que dicen o hacen. Es nuestra responsabilidad vigilar permanentemente todo lo que ocurre en la esfera pública, ser mucho más críticos y exigir que se cumpla con el mandato ciudadano que depositamos en aquellos a quienes elegimos como servidores públicos.

Estamos ante un gran momento para pensar dos veces antes de hacer una elección. En la medida en que seamos capaces de ver lo que no se ve, podremos aminorar el riesgo de una decisión que tiene implicaciones en el corto y largo plazo. Si optamos por quedarnos con lo más evidente tendremos que asumir el costo de ciertas decisiones que quizás no sean las que México requiere para desarrollarse mucho más rápido de lo que lo ha hecho.  

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