Miguel Carbonell: Y el ganador del segundo debate fue...
Por Miguel Carbonell @MiguelCarbonell
Junio 10, 2012 0 Comentarios
El segundo debate entre los candidatos presidenciales probablemente no tendrá una gran trascendencia para el resultado electoral del próximo 1 de julio.
Lo más rescatable quizá haya sido el intento de Josefina Vázquez Mota por atacar a los dos candidatos que encabezan las encuestas, el candidato del PRI y el candidato de los partidos de izquierda.
A AMLO le recordó su militancia en el PRI desde los años 70, cuando estaba en su apogeo el régimen autoritario que gobernó el país durante décadas. A Enrique Peña Nieto le reprochó que le hubiera dedicado su tesis a Arturo Montiel. Aunque ambas cuestiones pudieran tener un cierto efecto mediático, es seguro que no nos dicen mucho sobre la capacidad o falta de capacidad de ambos para gobernar el país.
Josefina perdió la que seguramente fue su última oportunidad para remontar en las encuestas: atacó, pero no logró noquear. Es probable que de ahora en adelante se consolide la tendencia de que la elección es entre dos: AMLO y EPN.
El papel un tanto extraño estuvo a cargo de Gabriel Quadri, quien sin duda es mejor orador que los demás, probablemente por su experiencia como académico. Lo lamentable es que se siga presentando como una voz “ciudadana” y “pura”, cuando sabemos los impresentables intereses que lo apoyan. Y todavía más extraño es que tome como bandera la defensa de la calidad educativa, cuando prominentes miembros de su partido han sido los que la han hecho imposible y se han opuesto a cualquier cambio para mejorar el nivel de nuestros alumnos.
El papel de Quadri en el debate y, en general, dentro de todo el proceso electoral, nos debería llevar a preguntarnos si el sistema de partidos de México puede seguir aguantando a partidos-franquicia, que mantienen su registro gracias a intereses corporativos a partir de los cuales obtienen enormes prebendas y negocian todo tipo de privilegios.
Expresiones partidistas como las del Panal o las del PVEM no abonan, creo, al sistema democrático, sino que más bien suponen un falseamiento profundo de nuestra realidad política y social: ni los verdes abanderan una agenda ecologista de verdad, ni los del Panal están comprometidos con el mejoramiento de la educación. Más bien al revés.
En general, los candidatos desperdiciaron el tiempo del debate al repetir propuestas ya conocidas y al usar una retórica bastante hueca, cayendo incluso en bastantes lugares comunes.
López Obrador repitió que su programa de austeridad en los sueldos gubernamentales permitiría grandes ahorros en el gasto público, cosa que fue desmentida (vaya sorpresa) por el presidente Felipe Calderón desde su cuenta de Twitter y también por Josefina Vázquez Mota y por Quadri en el momento mismo del debate. Las sumas y restas simplemente no le salen, le dijeron a AMLO.
Peña Nieto se mantuvo en su papel de puntero en las encuestas y apenas contestó algunas alusiones de Vázquez Mota, pero sin dejarse ganar por la pasión. No dijo nada nuevo. Iba preparado para no perder y creo que lo logró.
Al final parecía que todos daban vueltas sobre los mismos temas y argumentos. Me pareció un poco largo y cansado el debate, pese a que hay que reconocer que el formato ayudó mucho más.
Si hubiera que darle un premio al mejor desempeño dentro del debate, sin duda se lo llevaría Javier Solórzano, quien tuvo algunos fallos al inicio pero los supo corregir magistralmente con la espontaneidad y el talento que lo han caracterizado a lo largo de su carrera periodística.
Solórzano fue el ganador.
Los demás volvieron a demostrar que en México tenemos políticos pero no estadistas. Es una lástima, pues si de algo estamos urgidos en el país es precisamente de eso: necesitamos estadistas y no pequeños políticos que solamente lucran con el poder pero no saben resolver nada.
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