OPINIÓN

Opinión: Los residuos sólidos, motor del subdesarrollo

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Por Armando Ríos Piter  @RiosPiterJaguar
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NOTA DEL EDITOR: Armando Ríos Piter es diputado federal de la LXI Legislatura y candidato a senador por el estado de Guerrero.

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A nivel mundial, en el año 2000, México ocupaba la décima posición entre los países que más basura generaban.  El proceso de urbanización e industrialización que se registró en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX, aunado a los elevados índices de crecimiento demográfico y los cambios en el modelo de consumo de la población, han propiciado que la generación de residuos sólidos constituya un tema de importancia estratégica no sólo de orden ambiental, sino político, social y económico.

 

Dentro de la categoría ambiental, la producción de residuos sólidos, pero sobre todo su mal manejo y tratamiento, propicia problemáticas tales como:

  • La contaminación del aire, el suelo y los mantos freáticos;
  • La obstrucción de las coladeras y, en casos extremos pero cada vez más recurrentes, el colapso de los drenajes profundos. Ambos con las consecuentes inundaciones de extensas áreas urbanas y las pérdidas materiales asociadas;
  • La proliferación de fauna nociva y generación de malos olores.

La problemática descrita se ve agudizada por una inversión gubernamental insuficiente que se traduce en una capacidad de recolección que resulta superada ante la demanda ciudadana.  Además, en gran parte del país, los sistemas de recolección carecen de la tecnología necesaria para su separación, o bien, no cuentan con operadores que estén capacitados para hacerla efectiva a la hora de su disposición final, sin contar con los cacicazgos que han adquirido derechos de facto sobre la basura y su explotación.

Por otro lado, aunado al modelo de consumo en el que se sobrevalora la compra de productos que rápidamente dejan de ser útiles, pasados de moda u obsoletos, existe una escasa conciencia ciudadana en torno a los límites de su responsabilidad en torno a su destino final. Se estima que en algunas zonas del país, en un corto plazo, la generación de basura va a crecer a un ritmo más acelerado que la población.

De acuerdo con el estudio “Diagnóstico básico para la gestión integral de residuos”, realizado por el Instituto Nacional de Ecología en el año 2005, cada mexicano produciría, en promedio, cerca de 1 kilogramo de residuos diariamente en 2010. Esta cifra, de acuerdo con las proyecciones realizadas en dicho estudio, ascenderá a 1.6 kilos en el año 2020.  Es decir, en 10 años, la producción per cápita de basura habrá aumentado más del 50%.

Es importante destacar las variaciones regionales que, conforme al informe “Generación de residuos sólidos municipales” de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, existen en esta materia: habitantes de entidades con más población como el Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León y Baja California, producen 1.4 kilogramos de basura diaria, mientras que aquellos provenientes de estados menos urbanizados como Oaxaca, Chiapas, Hidalgo, Zacatecas y Tlaxcala, generan menos de 700 gramos diarios.  Esto es, tan sólo el Distrito Federal y la zona conurbada del Estado de México producen el 30% de los desechos sólidos de todo el país, cifra que asciende a alrededor del 60% si se consideran los estados que conforman la zona centro.

Asimismo, el estudio precisa que los mexicanos producen cada vez más basura en casas, comercios y áreas públicas. En cifras estimadas, el 43% de los desechos proviene de casas habitación, el 23.5% de los comercios, el 10.4% de los mercados públicos y un porcentaje similar de los parques y jardines.

Del otro lado del ciclo, del total de la basura que se produce en el país, aproximadamente el 75% es recolectado y, de éste, únicamente el 50% se dispone o recicla de manera segura. El resto es arrojado a tiraderos clandestinos, baldíos, cuerpos de agua o, directamente, en las calles.

En este contexto, es necesario llevar a cabo acciones relacionadas con aspectos técnicos, pero fundamentalmente con criterios de planeación y educación cívica.  Entre las más relevantes, considero, se encuentran las siguientes:

  • Invertir en infraestructura moderna y adecuada para la separación, recolección, transporte, tratamiento, reciclaje, disposición final y, en su caso, reinversión de los residuos.
  • Realización de composta en las Centrales de Abasto de los productos que se quedan rezagados. Esto representaría, de acuerdo con los estudios de los expertos, una ganancia de 10 millones de pesos diarios, resultado del abono que ahí se produciría.
  • Rediseñar los procesos productivos y los productos de consumo en envases, embalajes y empaques retornables o reutilizables.
  • Hacer obligatorio el reúso de materiales que puedan ser utilizados como fuente alternativa de energía o que puedan ser comercializados para incorporarlos como materia prima en procesos de producción.
  • Identificar, desarrollar y aplicar instrumentos de gestión regulatorios y económicos que sustenten los esfuerzos legales formales.
  • Eliminar prácticas políticas enraizadas y beneficios clientelares para aquellos que se dedican a extraer ganancias informales de la basura.

Las sociedades deben admitir su afición por el consumo y combatirlo para crear un mundo sostenible. El modelo de desarrollo sostenible que se ha impulsado en lo formal desde hace al menos una década no puede ser realidad sin un cambio de visión en nuestros hábitos de consumo y su manejo.

A través de estas acciones y la toma de conciencia activa por parte de la ciudadanía, será posible que mis hijos y los de todos los mexicanos disfruten de un entorno sano y limpio, en el que la generación de basura deje de ser un problema sin control y se convierta en una fuente alternativa de energía y de ingresos formales para el sector público y privado.    

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