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Opinión: La mejor campaña es la de los ciudadanos

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Por Héctor Faya  @hectorfaya
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Nota del editor: Héctor Faya Rodríguez es abogado y maestro en Gobierno por la Universidad de Georgetown.


A unos días de que termine el proceso electoral podemos apuntar que la mejor campaña no ha sido la de alguno de los cuatro candidatos presidenciales. El común denominador de la contienda ha sido la falta de profundidad con la que los candidatos han debatido sobre los problemas nacionales y la forma de enfrentarlos.

La mejor campaña, por mucho, ha sido la de los ciudadanos. Nunca antes en la historia de las elecciones en México había existido un proceso electoral tan influenciado por la mano de la sociedad civil.

Nunca antes había surgido un movimiento estudiantil tan importante como el de #YoSoy132, que tuviera la capacidad de modificar los términos del debate nacional, que obligara a los candidatos a adoptar sus propuestas e incluso organizar un nuevo debate presidencial.

Nunca antes los ciudadanos en lo individual habían estado tan activos e interesados en las elecciones. Hablamos de militantes de partidos, por supuesto, pero no militantes también. Por ejemplo, twitter y otras redes sociales han sido un instrumento para que millones de personas conversen sobre política, los debates, las elecciones y los candidatos; por otro lado, el segundo debate fue visto o escuchado por casi 26 millones de mexicanos (tuvo el más alto rating en la historia de los debates en el país).

Nunca antes el empresariado mexicano habían conminado de manera tan enérgica a los candidatos presidenciales al cumplimiento de la ley. Hace apenas unos días, el Consejo Coordinador Empresarial propuso que los candidatos firmen por escrito un pacto de civilidad y respeto a la ley y a las autoridades electorales; todos los candidatos aceptaron firmarlo.

Nunca antes las organizaciones civiles se habían movilizado con tanta fuerza para ser escuchados por los políticos. En mayo, más de 300 organizaciones civiles se agruparon en la primera Cumbre Ciudadana, donde expusieron y entregaron a los 4 candidatos presidenciales un conjunto de propuestas concretas de política pública. Los temas son de la mayor importancia: seguridad ciudadana, justicia, derechos humanos, reforma política, participación ciudadana, educación de calidad, transparencia, rendición de cuentas, desarrollo sustentable y empleo.

Por otro lado, integrantes de cientos de organizaciones civiles nacionales, regionales o por sector de la sociedad (jóvenes, mujeres, indígenas, etcétera) están registradas ante el IFE como observadores electorales, que acompañarán a los más de 2 millones 500 mil mexicanos que fungirán como funcionarios de casilla.

Nunca antes las universidades y los centros especializados de investigación habían producido tantos libros y propuestas para mejorar al país en vísperas de las elecciones. Sólo por mencionar algunos ejemplos: el Tec de Monterrey, la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Instituto Mexicano para la Competitividad, México Evalúa, el Centro de Estudios para el Desarrollo y el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, han producido una serie de propuestas de gran importancia que han sido planteadas a todos los candidatos.

Dice Woldenberg que en el transcurso de la transición democrática han ocurrido muchos cambios, pero probablemente el más importante ha sido la creación ciudadana. No puede tener más razón: en este proceso histórico, millones de mexicanos han dejado de considerarse escépticos o súbditos, para pasar a tomar un papel protagónico, bajo el entendimiento de que pueden establecer debate y contribuir, mediante su voto, a optar entre diferentes alternativas políticas. Este ha sido un cambio individual que, al volverse colectivo, ha adquirido sentido y fuerza inusitadas.

La conquista no está terminada. El pluralismo político no funciona de manera perfecta. México es un excelente ejemplo de cómo, en la escena pública, no todos pueden intervenir en todas las materias, ni todos los grupos pueden participar en igualdad de fuerzas. Por ello el diálogo político entre la sociedad civil y el gobierno debe mejorar cada vez más. El principio democrático de la representación debe pasar de la teoría a la práctica.

Si de algo podemos estar seguros es que la ciudadanización es un proceso irreversible que, tarde o temprano, dejará fuera a los políticos que no lo entiendan.

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