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Opinión: Carta para el futuro presidente

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Por Chumel Torres  @ChumelTorres
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NOTA DEL EDITOR: “Ingeniero, manzanita podrida, príncipe de los nerds”. Así se define Chumel Torres quien, con sus más de 44,000 seguidores, es un líder de opinión en Twitter y colaborador de ADNPolítico.com.


Ya se termina. El próximo lunes sabremos quién nos va a gobernar, uno de los cuatro no tan fantásticos se convertirá en el que se siente en la silla, el que se ponga la banda presidencial sobre el pecho (¿o los pechos?). Y sí. Siento nostalgia prematura.

La cuestión es que durante este periodo de campañas electorales ha habido muchas cosas: escándalos, debates, videos, chichis de edecán, gabinetazos, marchas, abucheos, baños, tsurus, combis y un sinfín de etcéteras; lo que sí no ha habido, lo que sí no he visto muy claro es: la decisión.

Bueno, sí ha habido una decisión, digamos, unánime: la gente no quiere al PRI. Porque así es México: no sabemos qué diablos queremos, pero al menos sabemos lo que no queremos. Aunque se me hace raro que la gente no quiera a PRI, si México lo ha tenido por más de 70 años de manera ininterrumpida, ¿no es eso una relación estable? ¿No estaríamos celebrando nuestras bodas de diamante con el partido?

Lo curioso es que todos prometen ser el cambio, todos anuncian el discurso que nos pide “vota por el cambio verdadero”. ¿Cambio verdadero? La verdad es que no veo mucho cambio en un partido que sólo existe para conservar el registro, uno que tuvo la pata en el cuello por casi un siglo al país, uno que tiene a la nación bañada en sangre y uno que nombra a un presidente legítimo que luego se retracta de serlo para entrar de nuevo a la contienda electoral. La verdad no estoy muy seguro de querer este cambio, lo triste es que hay quien en la boleta electoral ve cuatro platos de la misma basura y tiene que comerse uno, porque el no comer sería irresponsable. “Menuda victoria, democracia”, diría una querida amiga mía.

Pero no todo está perdido, aún queda la llama de la esperanza de vivir en un país mejor, un país en el que podemos ser felices, en el que podemos ser mejores ciudadanos y en el que podamos sembrar la semilla de la paz y el respeto, y así vivir el país que siempre soñamos: Canadá.

De manera que este domingo, voy a cruzar una de las 4 opciones que se me presentan, esperado que mi boleta no se pierda, que no la anulen con el “anillo mapachero”, que mi urna no salga embarazada, que el camión con mi voto no sea secuestrado, que no se vaya la luz en el IFE, que no invaliden mi voto porque no taché bien y así después de estos obstáculos, la democracia se abra paso, y mi voto sea contado, tomado en cuenta y, gane quien gane, el resultado se respete y se acate.

Querido futuro presidente:

Somos un país joven, pero trabajador, nuestros niños están gordos y nuestros bolsillos flacos, nuestra canasta muy básica y nuestro salario muy mínimo, nuestros pobres muy pobres y nuestros ricos muy ricos, nuestros políticos aprovechados y nuestros recursos naturales sin aprovechar, nuestro petróleo muy nuestro pero nuestra gasolina muy cara, nuestra violencia muy organizada y nuestra justicia muy corrupta, nuestras cárceles muy llenas y nuestras escuelas muy vacías, nuestras carreteras muy malas y nuestras drogas muy buenas.

Nuestro corazón muy roto; pero muy abierto, dispuesto a luchar, a trabajar, a amar a este país tan mil veces pisoteado, para hacerles saber a las generaciones futuras que el suelo que pisan fue suelo de héroes, de genios, de dioses aztecas, de titanes revolucionarios, de fantásticos poetas, de maravillosos creadores y de gente común, pero nunca corriente.

Quiéranos, somos un buen país que ha estado en malas manos.

Atte.

México.

Voten todos. Por quien quieran, pero voten. Los quiero. Chumis.

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