Opinión: ¿Qué pasará el próximo 2 de julio?
Por Miguel Carbonell @MiguelCarbonell
Junio 27, 2012 0 Comentarios
El domingo 1 de julio estará culminando una parte, ciertamente relevante e indispensable de todo sistema democrático: la que corresponde a la votación ciudadana y a la elección de quienes nos habrán de gobernar en los siguientes años. Durante meses los candidatos, los partidos, los medios, los ciudadanos, nos hemos concentrado en discutir sobre las posibilidades y dilemas que habremos de enfrentar al momento de estar frente a la boleta electoral.
Siendo el de la emisión del sufragio un momento importante, creo que lo más importante vendrá al día siguiente. Es del todo probable que nos despertemos el 2 de julio sabiendo en buena medida qué candidato ocupará la presidencia de la República hasta el año 2018, qué partidos tendrán (o no) mayoría en las cámaras del Congreso, cómo quedarán las elecciones en las 15 entidades federativas que tienen procesos electorales locales, etcétera.
Contar con esa información es algo muy bueno, ya que representa nada más y nada menos que la normalidad de todo régimen democrático. Pero hay que ser realistas: nada eso podrá arreglar por sí solo nuestros problemas.
El 2 de julio sabremos quién nos gobernará, pero seguiremos siendo un país con 40 millones de pobres, con graves problemas de inseguridad, con reformas estructurales atoradas, con un sistema educativo mediocre y rezagado, con infraestructuras deficientes desde cualquier punto de vista, con limitaciones gravísimas a la competencia económica, con medios de comunicación escasamente plurales y un largo etcétera.
Por eso es que creo que la tarea más importante comenzará el 2 de julio. La tarea de discutir entre todos, y sobre todo con quienes habrán de gobernar el país, lo mucho que tenemos pendiente. Por causas muy difícilmente explicables, pasarán cinco meses entre las elecciones y la toma de posesión del próximo Presidente (1 de diciembre) y tres meses entre la votación y la instalación de la nueva legislatura del Congreso de la Unión (1 de septiembre).
Es un periodo de tiempo suficiente para que los ganadores se sienten de nuevo, con una perspectiva más realista y por ello renovada, con los actores sociales, incluyendo a los candidatos perdedores, para dar con las mejores soluciones a los grandes problemas nacionales.
Sin importar el resultado electoral, el 2 de julio todavía tendremos una montaña de problemas por arreglar a todo lo largo y ancho del país. No podemos ser tan ingenuos de pensar que el próximo presidente podrá terminar con ellos como por arte de magia: eso no ha pasado y nunca pasará. Los problemas de todos solamente se arreglarán entre todos. No es mala idea comenzar a trabajar en ellos a partir del 2 de julio, tan pronto como nos despertemos de este largo periplo electoral que nos ha tenido tan ocupados en los últimos meses. De nosotros depende.
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