OPINIÓN

OPINIÓN: 'Lo que hace falta para cambiar un país'

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Por Chumel Torres  @ChumelTorres
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NOTA DEL EDITOR: “Ingeniero, manzanita podrida, príncipe de los nerds”. Así se define Chumel Torres quien, con sus más de 53,000 seguidores, es un líder de opinión en Twitter y colaborador de ADNPolítico.com.


Estos últimos años, el poder social ha sido una de las piezas clave, si no es que la más importante, para la conquista de nuevas costas en materia de democracia, justicia y forma de gobierno. En muchos puntos del planeta, las manifestaciones han jugado un papel definitorio para lograr desde modificar la ley hasta derrocar gobiernos completos.

En 2011, la revista Time nombró al manifestante como la persona del año; dicho en palabras del editor Richard Stengel: “Las protestas se están contagiando. Estos muchachos ya están cambiando la historia y van a cambiar la historia en el futuro”.

Como analista político, comentaba esto en una cantina rodeado de desconocidos en evidente estado etílico (una práctica común entre nosotros, los analistas políticos) y, llegando a mi casa, me puse a escribir estas líneas que tiene frente a usted.

Analizando lo que ha pasado últimamente y viendo las diversas marchas que ha habido en México (anti-Peña, anti-imposición, anti-manipulación de medios, etc.) y no sólo las marchas, sino las manifestaciones o protestas ciudadanas más estructuradas (#YoSoy132) me di cuenta de los comunes denominadores que tienen estos movimientos nacionales, que tal vez son eco de luchas en otras partes del mundo: por lo general son gente joven, informada, con acceso a internet, idealista, con presencia en las redes sociales, con estudios universitarios, de nivel socioeconómico oscilando desde la clase media y la media-alta. Gente leída, diría mi abuelo.

De manera que, pensando un poco las cosas, me di cuenta de que no en todo el mundo estas protestas tuvieron un resultado esperado, o siquiera un resultado. Muchas de ellas, las más idealistas, terminaron por apagarse, siendo “llamarada de petate”, un gran meteorito en la prensa mundial que acabó por desintegrarse a medida que entraba en la atmósfera para acabar en la palma de Bart Simpson (mis felicitaciones a quien entienda la analogía).

Veamos por ejemplo el caso de Occupy, un movimiento colosal que rápidamente se propagó por todo EEUU, en donde hasta celebridades se manifestaban en contra del reparto de la riqueza por parte del 1% mientras el 99 carecía de lo más básico. Este movimiento tuvo un eco sin precedentes, nunca había habido una manifestación de ese tamaño en la Unión Americana, desde los hippies contra Vietnam. Pero hoy, a sólo meses de haber iniciado el movimiento y haber gozado de una cobertura global segundo a segundo, es sólo cenizas. Nada queda de esos ocupantes, ni una propuesta colocada, ni una acción concreta, ni un proyecto de ley en el borrador.

¿Triste? Claro que sí, ¿Inesperado? Por supuesto que no. Analicemos: los chicos tenían una buena idea, una idea justa, lograble, tenían a la gente, tenían la cobertura de los medios, tenían el corazón, pero ¿qué les faltó? ¿Por qué se extinguieron? Yo les diré: consenso.

Había mucha gente deseando lo mismo, pero no había una acción concreta que esperaran resolver: para cambiar algo se necesita hacer una cosa a la vez, no puedes plantarte y decir “Queremos que paren las guerras” y esperar los resultados. No. Necesitas entender los mecanismos sociales y ver qué es lo que se tiene que ir haciendo y resolviendo para que ese efecto dominó desemboque en un término común. Me explico:

Los egipcios lograron derrocar el gobierno de un Hosni Mubarak en 11 días (¡11!), ¿por qué? Porque sabían qué era lo que querían y eso que querían lo quería la mayoría. Porque cuando se quiere un cambio, entre mejor se focalice mejor se entiende, y la lucha se hace más franca, más fácil, mejor. Si todo el movimiento Occupy se hubiese unido en UNA sola petición, apuesto mis tacos de cochinita pibil a que lo hubieran logrado. Pero no, había una propuesta (sin soluciones concretas) con un espectro terriblemente grande, tanto que el consenso nunca se iba a lograr.

Ciertamente, tanto los movimientos Occupy, 132 y demás que se están dando están logrando una gran proyección, o como llaman los gringos “awareness”, es decir que la gente se está enterando de las cosas que pasan, pero aquí es donde pregunto: ¿de verdad nos vamos a conformar con que mucha gente nos vea en la tele? O queremos cambiar algo, transformar un país, hacerlo mejor para nuestros hijos, entregarles algo ya formado, no solamente una presencia ante una situación. Pienso que es irresponsable a este punto conformarse con un “ps sí se dieron cuenta que estamos en desacuerdo”. Pienso que hay que iniciar negociaciones y postular las cosas que queremos que pasen, frente a frente, dialogar con el (los) que puedan hacer algo para cambiar las cosas.

Además, no estamos solos. Tenemos ejemplos concretos, tenemos ejemplos de organización y lucha, tenemos la “Primavera Árabe” de Túnez y Egipto, tenemos el “Sábado en la Plaza Revolución” de San Petersburgo y Moscú, tenemos la “Asamblea del Sol y del Arenal” en Madrid y Bilbao, tenemos Siria, Atenas, Chile y Bolivia.

Y tenemos muchos hermanos menores, muchos hijos y muchas futuras generaciones esperando a que nos decidamos a hacer las cosas bien, o no hacer nada en absoluto. Decidamos.

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