REFORMAS ESTRUCTURALES

OPINIÓN: ¿Qué tan profundos podrán ser los cambios con Peña?

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Por Fernando Dworak  @FernandoDworak
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NOTA DEL EDITOR: Fernando Dworak es licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull, Reino Unido. Ha sido asesor y secretario técnico de la Comisión de Participación Ciudadana de la LVI Legislatura, y director de Estudios Legislativos de la Secretaría de Gobernación. Es coautor del libro "El legislador a examen", y consultor político en los sectores público y privado.


 

En la entrega anterior se dijo que el presidente electo se concentrará en cuatro reformas: laboral, energética, fiscal y de seguridad social. Pero, ¿qué tan en serio va Enrique Peña Nieto? Lamentablemente, hay evidencias que podrían desinflar el optimismo.

El PRI se formó como un partido vertical y corporativista. Su objetivo era mantener el poder a través de una maquinaria que controlara centralmente tanto las elecciones como las candidaturas. Esto significa, por ejemplo, que toda la actividad económica era regulada de manera vertical por el Estado.

De esa forma los pactos que se hicieron con sindicatos y agrupaciones campesinas no se basaron en la interlocución, sino en el control; convirtiendo a estas organizaciones en maquinarias para votar a cambio de algunas prebendas para los leales, como cuotas de representación en el Congreso y prestaciones cada vez más elevadas que se presentaron como “conquistas históricas”. Todo lo anterior a costa de la competitividad.

Por lo tanto es difícil imaginar una reforma laboral de fondo que no toque a los sindicatos, haciéndolos más democráticos y competitivos, además de derogar mecanismos de control como la toma de nota y la cláusula de exclusión. Lo mismo se puede decir de la energética: ¿sujetar los precios de estos productos al libre mercado, sin mediación de sus sindicatos? ¿Hablar de IVA generalizado cuando se ha generado por setenta años la idea de que todo debe ser gratis?

Enfrentémoslo: es casi imposible imaginar la implementación de reformas estructurales eficaces sin que eso implique desmantelar al tricolor como lo conocemos.

Otro problema: el sistema está diseñado para que nadie pueda mantener su palabra más allá de su mandato, pues nadie compite repetidas veces por el mismo puesto como en cualquier democracia moderna. Y si ninguna carrera depende del control ciudadano al controlar los partidos las candidaturas, todos tienen incentivos para no negociar. ¿Por qué hacerlo, si nadie rinde cuentas?

Es posible que las reformas que se puedan alcanzar sean las mismas que hemos visto en los últimos quince años: cambios superficiales para salir del paso. Eso es natural si los horizontes de negociación de toda la clase política no trascienden la siguiente elección.

Por lo tanto, si queremos tener resultados significativamente diferentes sería prudente iniciar con la reforma política, toda vez que ésta incide en los procesos de toma de decisiones. Esta agenda debería iniciar con una reforma que daría continuidad a las carreras parlamentarias, ampliando los horizontes de negociación y comprometería a los políticos a aprobar mejores soluciones dado que su trabajo depende de ello: la reelección inmediata de legisladores.

Sin embargo, eso también rompería con los controles que ejercen todos los partidos sobre sus militantes, haciendo que muchos de los políticos que hemos visto en escena por décadas desaparezcan al imponerse un entorno más competitivo. Es más: la no reelección de legisladores y alcaldes, aprobada en 1933 (nadie murió en la Revolución por esta causa) fue uno de los pilares del control vertical que ejerció el PRI por décadas.

En ese sentido lo invito a imaginar qué hubiera sido de Peña Nieto en el Estado de México frente a alcaldes que tuvieran más experiencia que él en sus puestos, o diputados que no le debieran su puesto. ¿Verdad que hubieran sido las cosas distintas? Por eso el PRI prefiere no tocar este tema.

Es responsabilidad nuestra comenzar a hablar de esto y presionar. El empoderamiento pleno nos hará ciudadanos en toda la extensión de la palabra.

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