MIGUEL CARBONELL

Opinión: La suicida carrera hacia una sociedad armada

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Por Miguel Carbonell  @MiguelCarbonell
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NOTA DEL EDITOR: Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su cuenta de Twitter tiene más de 77,000 seguidores. Su sitio web es www.miguelcarbonell.com


La matanza en un cine del condado de Aurora, cerca de Denver, vuelve a poner en evidencia esa deformación brutal de los estadounidenses en su relación con las armas: desde la misma Constitución escribieron que toda persona tiene derecho a la posesión de armas (Segunda Enmienda) y desde entonces no ha habido ningún elemento racional que haya podido frenar su suicida carrera hacia una sociedad fuertemente armada, y por ello terriblemente peligrosa.

En el 40% de los hogares de Estados Unidos hay al menos un arma. Se calcula que 300 millones de armas están en manos de particulares.

Como no podía ser de otra manera, también la mercadotecnia se aplica a la industria de la muerte. Cada año se celebran 5,000 ferias de armas (los llamados “Gun shows”), como si fueran una especie de tianguis en los que se venden rifles, ametralladoras, pistolas de todos calibres, balas y demás juguetes diseñados solamente para herir y matar.

Tiene razón el presidente Calderón cuando señala que esa insana comercialización de armas nos afecta a todos. En México lo sabemos muy bien, ya que en más del 70% de todos los homicidios por arma de fuego, las armas provienen de Estados Unidos.

James Holmes acudió al estreno de la película Batman armado con una ametralladora automática AR-15, que tiene un enorme poder de devastación. Antes, había comprado a través de internet (hasta allí también llega la locura) más de 6,000 balas. La pregunta evidente y obvia: ¿es normal que le permitan a un sujeto acumular miles de balas sin que ninguna autoridad averigüe nada? ¿acaso pensaban que tantas balas eran para celebrar un cumpleaños o para donarlas a algún país en problemas?

En más de 20 estados de la Unión Americana se permite que las personas vayan armadas a donde les dé la gana. Eso incluye las escuelas públicas. ¿Puede sentirse tranquilo un profesor si sabe que uno o varios alumnos traen pistolas entre sus ropas o en sus mochilas? ¿cómo se comportan en el recreo los alumnos de una preparatoria en donde se puede acudir con pistolas y rifles? Si eso no es algo demencial, que venga Freud y lo vea.

Lo peor de todo es que el poderoso lobby armamentista (bien financiado por las empresas que producen y venden armas) no deja de presionar para que se impida la expedición de leyes que controlen la venta de armas. La nefasta Asociación Nacional del Rifle es una de las mayores donantes a las campañas del Partido Republicano y, siendo George W. Bush presidente, logró en 2004 que se quitaran las restricciones para la venta de rifles de asalto (como el AR-15 que utilizó James Holmes para matar a 12 personas y herir a otras 50 en Aurora).

No sé qué más tiene que pasar en los Estados Unidos para que reaccionen. Mientras no lo hagan, se seguirán produciendo matanzas incomprensibles, se seguirá alimentando una industria que debería estar sometida a fuertes límites y se seguirá poniendo en peligro a los países vecinos. ¿Hasta cuando se van a dar cuenta que las armas sirven, solamente y por su propia naturaleza, para matar y destruir? Esperemos que no lo descubran cuando ya sea demasiado tarde.

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