TIARÉ SCANDA

Opinión: 'La carta de Sicilia y la palabra de Calderón'

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Por Tiaré Scanda  @tiare_scanda
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NOTA DEL EDITOR: Tiaré Scanda es actriz de cine, teatro y TV. Participa actualmente en la telenovela "Por ella soy Eva”. Es autora del monólogo “Con la P en la frente” y otros espectáculos de cabaret, conductora de la Feria de Derechos Humanos de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y vocera de Save The Children México.

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Muchos seguidores de AMLO se enojaron con Javier Sicilia cuando, en el encuentro con los candidatos en Chapultepec, lo descalificó igual que a los demás. Tal vez sí se pasó de la raya al llamarlo "mesiánico" y usar otros adjetivos que hasta ese momento sólo habían sido usados por los enemigos de López Obrador, en un momento electoral crucial, sabiendo que corríamos el peligro de que ganara el PRI. Sin embargo, AMLO tampoco se mostró lo empático que tendría que haber sido ante ese grupo de personas emocionalmente destrozadas. y en vez de eso invirtió su energía en defenderse de las acusaciones de Javier.

Reconozco que también me pareció cuestionable aquella carta de Sicilia dirigida a Ratzinger en que se refería a él como “Amado Benedicto” a nombre de un enorme “nosotros” en que estábamos incluídos muchos mexicanos, víctimas de la violencia o ciudadanos solidarios, que no amamos a Benedicto ni un poquito. Ni a él ni a la institución a la que representa, que también se podría considerar una “banda de malhechores”, reciclando la bonita frase que usó Andrés Manuel para el PRI y la que él llama "la mafia del poder".

A pesar de ello, el sentimiento que predomina en mí hacia ese hombre que decidió sublimar el insoportable dolor de haber perdido a un hijo y formar un Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) en beneficio de miles de víctimas de la violencia en México, es una enorme admiración. 

Podemos cuestionar muchas de las cosas que dice o hace Sicilia, que es tan persona como cualquiera de nosotros, con contradicciones y errores, pero el hecho es que desde que tomó la decisión de formar este gigantezco grupo de apoyo, no ha parado de trabajar por un fin absolutamente noble.

Desde aquella primera carta que dirigió a políticos y criminales, y en la que convocó a una primera marcha, logró tocar profundamente muchos corazones y despertar consciencias, y con su tenacidad y la de sus compañeros ha logrado hacer visible lo invisible, al grado de propiciar la creación de una Ley de víctimas que se aprobó por unanimidad en ambas cámaras, “para dar un poco de alivio ante lo irreparable de la muerte”.

En días pasados, Javier redactó otra carta. Esta vez le escribe a “Querido Felipe” , el presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, no tan querido por los mismos. Es decir, no por aquellos que pensamos que la violencia no se combate con más violencia sino atendiendo las causas, que son muchas, siendo algunas de las más destacadas: la corrupción de las autoridades, la pobreza y la ausencia de valores en nuestra sociedad a todos los niveles.

Hay quienes piensan que “ni modo que el presidente no hiciera nada” y que fue correcto que militarizara el país, y sinceramente respeto su opinión aunque definitivamente no la comparto, especialmente al ver que la lista de los muertos -que tienen nombre pero que el Estado no ha querido poner en un memorial, como había prometido Calderón al MPJD- no hace más que crecer.

Javier reclama al presidente que no haya honrado su palabra y que haya detenido la publicación de la Ley de Víctimas minutos después de que Josefina Vázquez Mota asumiera su derrota electoral públicamente.

Para Calderón, publicar esa ley implicaría aceptar una enorme responsabilidad al reconocer que un gran porcentaje de los más de 70,000 muertos no son criminales que se mataron entre ellos, sino secuestrados y desaparecidos cuyos familiares no están obteniendo justicia ni el apoyo que él personalmente les prometió, ya que instancias como Províctima no tienen un presupuesto adecuado, dado que el dinero se despilfarra en otras cosas que necesita mucho la nación: la Estela de Luz, por ejemplo. Así que mejor no la publica y permite que las víctimas sigan desprotegidas.

Creo que vale la pena leer esa carta y estar atentos a la labor del Movimiento por la Paz, siendo críticos, como hay que serlo con todo -especialmente con nosotros mismos- y, a fin de que nuestra crítica sirva de algo, respetuosos y propositivos.

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