MIGUEL CARBONELL

¿Cómo construir un mejor futuro para México?

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Por Miguel Carbonell  @MiguelCarbonell
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NOTA DEL EDITOR: Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su cuenta de Twitter tiene más de 77,000 seguidores. Su sitio web es www.miguelcarbonell.com

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El Premio Nobel de Economía Paul Krugman le ha recomendado a México que se deje de distraer en otros asuntos y se concentre en dos temas fundamentales para construir un futuro mejor: educación e infraestructura. Krugman es uno de los grandes sabios de la economía mundial, de modo que haríamos bien en tomarnos en serio sus consejos.

En particular, todo parece indicar que el futuro de México depende de que construyamos una educación incluyente y de calidad, de la que hoy en día estamos bastante alejados.

Y no se trata solamente, como dicen los análisis más simplistas, de invertir más dinero. De hecho, entre el 2001 y el 2011 el gasto educativo en México creció en un 35% en términos reales, pero seguimos estando al final de la cola entre los países de la OCDE cuando se mide la calidad de la educación. Hace falta más dinero, sí; pero eso no basta.

Necesitamos imaginar y poner en marcha un sistema educativo más abierto a la innovación y que capacite a los alumnos para el uso de las nuevas tecnologías. En una evaluación que hizo el Foro Económico Mundial de Davos, de entre un total de 142 países, México ocupaba la posición 63 en innovación, la 72 en educación superior y capacitación, la 63 en preparación tecnológica y la 56 en sofisticación de negocios.

Pese a que la economía mexicana está entre las 15 más grandes del mundo, el país está en la posición 58 en competitividad global y en el 76 en capacidad para innovar, puesto en el que nos ganan Brasil (lugar 31), Nigeria (54), Guatemala (69) y hasta Bolivia (70).

En buena medida, la mediocridad que reflejan los anteriores indicadores tiene que ver con que invertimos poco en ciencia, tecnología e innovación: solamente el 0.35% del PIB. Países como Suecia invierten el 3.60% de su PIB (diez veces más que nosotros), igual que lo hacen Corea del Sur (3.49%), Finlandia (3.48%), China (2.64%) y Singapur (2.61%) entre otros muchos.

A partir de lo anterior, no debe resultar sorprendente que un país como Corea del Sur, que tiene apenas 49 millones de habitantes, registre a nivel mundial casi 80 mil patentes anualmente, mientras que México con sus 112 millones de habitantes registra apenas 600.  

Nuestros estudiantes se quedan mayoritariamente en la formación de nivel básico. Durante 2011 obtuvieron en nuestro país el doctorado 4,144 personas, mientras que en Brasil fueron 10,711, en España 23,499 y en Estados Unidos 48,802.  En México hay 1.5 investigadores por cada 10 mil habitantes, mientras que en Estados Unidos hay 68 y en Francia 59 ¿Así cómo esperan que podamos ser un país competitivo?

Para remontar tantas y tan evidentes dificultades debemos modificar a profundidad el modelo educativo, generalizando el uso de internet en la escuela y en el hogar, para que nuestros niños y jóvenes aprendan a abrir su mente a la tecnología y se formen en un entorno global que los haga competitivos el día de mañana. Para ello, sin embargo, es del todo necesario una actualización igualmente profunda del cuerpo docente. Aunque eso ya es harina de otro costal.

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