ILIANA RODRÍGUEZ

La ética de los personajes de la política

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Por Iliana Rodríguez Santibáñez  @ilrodrig
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Nota del Editor: Iliana Rodríguez Santibáñez es doctora en Derecho con mención honorífica por la UNAM; profesora-Investigadora especialista en Derecho internacional del Tecnológico de Monterrey; miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt, y autora de “La Soberanía en tiempos de globalización” y “La transición democrática en Iraq".

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¿La ética es un asunto personal o social? Ambas. En principio por que como individuos mostramos nuestra congruencia con ideas y valores que al exteriorizarse nos definen en ella, en lo social  porque alguien más emite juicios que dan validez o no a la misma; lo cierto es que los tiempos electorales dieron evidencia de que varios personajes que pronto ejercerán puestos de elección popular, carecen de ética y eso es señal de alarma para ocuparnos.

Hanna Arendt, la filósofa alemana de origen judío, quien entre otros libros escribió “Eichman en Jerusalén” regresó al plano de la discusión el tema de la ética, llevándolo al contexto actual en materia política. Sin embargo, he querido retomarla por que ella señala que la moral se ocupaba, en la filosofía clásica griega, de las virtudes políticas del ciudadano, tal y como en Aristóteles las virtudes no tenían como fin la bondad del individuo o su realización personal, sino la buena marcha de la convivencia en la polis o ciudad, que hoy es un pensamiento vigente.

Para Aristóteles el bienestar de todos, la felicidad, eran el fin de la política y el de la ética, pero no como fin de un proceso de mejora de las personas individuales, sino como un asunto que concierne a todos, un asunto del orden común. Para Arendt, los asuntos de la ciudad, los que conciernen a la convivencia común, son sólo aquellos de carácter político. La ética política debe interesarnos para conocer y reconocer si quienes ejercen el poder público, la ostentan y satisfacen esta convivencia en común.

Ahora bien, la interrelación  entre ética y política, nace a través de la capacidad de emitir un juicio, que es una capacidad política pero también moral que dan validez al hablar del bien y el mal, indistintamente si se construyen a partir de juicios ajenos a través de la representación o en virtud del sentido común. Es el uso ético que señala Arendt lo que permite la intersubjetividad de la ética que pasa por la capacidad de juzgar.

Dicho lo anterior  y a la luz del quehacer político, habrían de ser juzgados en su ética, aquellos legisladores que ahora llegan denominados “chapulines”, no sólo de partidos sino de escaños o puestos de elección popular y que se la pasan saltando acomodaticiamente en los casos que se hace más por oportunismos que por resultados, de un lado a otro, para asegurar su propia supervivencia acosta del erario público y de la ignorancia de sus electores que poco o nada revisan sus trayectorias.

Debemos presionar al nuevo Congreso para modificar la Constitución y el COFIPE para impedir que la clase política se incruste sin reflexión ni sustento en cargos públicos, por ello urge se toque el tema de renovación en cargos electorales para el Poder Legislativo.

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