TIARÉ SCANDA

Opinión: 'Tuitomatazos' para los errores políticos

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Por Tiaré Scanda  @tiare_scanda
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NOTA DEL EDITOR: Tiaré Scanda es actriz de cine, teatro y TV. Participa actualmente en la telenovela "Por ella soy Eva”. Es autora del monólogo “Con la P en la frente” y otros espectáculos de cabaret, conductora de la Feria de Derechos Humanos de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y vocera de Save The Children México.


Twitter es un espacio muy útil para la promoción personal cuando se tiene un trabajo que depende de la aprobación del público, pero equivocarse en Twitter equivale a ridiculizarse ante una audiencia de miles de personas- la mayoría sin nombre pero listas para atacar desde la oscuridad- y enfrentar consecuencias que pueden incluso saltar de la red a la realidad.

¿Qué tal Karla Garduño, la periodista que trabajaba para Josefina Vázquez Mota, a la que corrieron porque puso “Tlazcala” en vez de Tlaxcala en un comunicado, siendo que fue evidentemente un error de dedo puesto que esas letras están juntas en el teclado? Ironías de la vida: Al felicitar  mediante Twitter a las clavadistas mexicanas que ganaron la medalla de plata, la mismísima Josefina escribió el apellido de una de ellas que es “Espinosa” con  la letra que le costó el empleo a su ex colaboradora: La Z.

Otro que cometió un error tuitero fue @EPN, el ya -casi- presidente que nos impuso el karma electoral. (Algo habremos hecho mal en ésta y en varias vidas pasadas).

Peña Nieto fue aún más lejos invirtiendo los apellidos de las clavadistas: A Paola le dijo “Orozco” y a Alejandra “Espinosa”. Seguramente Enrique, aficionado como todos sabemos a la lectura, se encontraba leyendo  algunos pasajes de la biblia y tuiteando al mismo tiempo… de ahí la distracción.

Hay versiones de que tanto Josefina como Enrique quedaron tan impactados con el éxito que tuvo AMLO en aquel debate en que mostró una foto al revés, que no quisieron quedarse atrás. La diferencia es que cuando eso ocurrió, los twitteros pro AMLO, en un acto de solidaridad, voltearon sus avatares de cabeza.  A ellos en cambio, sólo les llovieron twitomatazos.

La cosa es que en medio de la euforia tuitera de ver connacionales compitiendo y ganando – a pesar de la inequidad que hay respecto a las condiciones de vida de los atletas del primer mundo- hubo gente más práctica que escribió: “Felicidades a las campeonas”, así cada muchacha recibió su respectiva felicitación , aunque estoy segura que la única que realmente les importó fue la de sus familias y sus entrenadores, que están orgullosos de saber lo que estas chicas lograron  por méritos propios, con su apoyo y sin el del gobierno.  ¡Gastan más en llevar colados a Londres que en financiar buenos programas de fomento al deporte con buenos presupuestos!

¡Gastan más en champaña para celebrar que en implementar políticas públicas que favorezcan el desarrollo y faciliten la supervivencia económica de los deportistas!

¿Qué sería de ellos sin los patrocinadores? Y eso cuando ya se ganaron una medalla y ya venden. Si no fuera por eso, tendrían que ir corriendo -para entrenar de paso- hasta el Monte de Piedad a empeñar sus medallas para poder vivir.

Uno no piensa nada de esto en el momento climático en que ganan porque es muy emocionante ver a estas mujeres mexicanas, Paola , Alejandra, Laura , las clavadistas, o Mariana y Aída, las ganadoras de bronce y plata en tiro con arco, ganarse el reconocimiento que se merecen a nivel mundial. ¡Claro que da gusto!

Es inspirador y sentimos casi casi como si fueran nuestras primas y como si sus medallas fueran de todos. Sus problemas no.

No sabemos ni cómo se llaman pero eso sí, estamos or-gu-llo-sí-si-mos de “nuestras campeonas” que al echarse un clavado, salpican a México de honor.

Igual que Germán Sánchez e Iván García  y todos los atletas que con medallas o sin ellas están demostrando que se puede destacar por cosas positivas y que no sólo los maleantes pueden ocupar las primeras planas de los periódicos.

Ojalá que cuando llegue el inevitable momento en que tengamos que llamar “presidente” a quien el Tribunal Electoral determine, es decir, Peña Nieto o ese presidente interino con el que algunos aún sueñan, éste recuerde premiar a los campeones con algo más  útil que un “twitt”: un buen dirigente de la Conade.

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