RICARDO SEPÚLVEDA

Opinión: ¿En realidad estamos mejor en seguridad?

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Por Ricardo Sepúlveda Iguíniz  @Rsepulvedai
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NOTA DEL EDITOR: Ricardo Sepúlveda Iguíniz es doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Panamericana, licenciado por la Escuela Libre de Derecho y especialista en Derechos Humanos por la Universidad de Nottingham en Inglaterra. Es también director del Observatorio Nacional Ciudadano de Seguridad Justicia y Legalidad, profesor de la Escuela Libre de Derecho y la Universidad Anáhuac, conferencista, consultor y ex funcionario de la Secretaría de Gobernación.

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Los días pasados han sido de los más cruentos que se recuerden en los últimos años, no sólo por el número de delitos, sino por el grado de violencia y la variedad de los mismos: hallazgos de cuerpos ejecutados en San Luis Potosí, explosiones en gasolineras de Guanajuato y Michoacán, atentados contra inmuebles de periódicos en Monterrey, asesinatos de familias en Guerrero, balaceras en el DF, etcétera.

Entre otras cosas llamó la atención que entidades federativas que se habían mantenido un tanto ajenas a las inclemencias de la delincuencia y de la violencia, se vuelvan foco para las acciones criminales, esto nos hace constatar que el problema se ha generalizado.

Esta crecida de violencia y de delincuencia se da justo al cierre de una administración federal y de varias locales, que optaron por una estrategia nacional, que priorizó, en términos de recursos y de mensajes, el combate violento y reactivo a la delincuencia.

Es un tanto desesperanzador que se den estos hechos al final de este periodo, porque lo deseable sería observar avances cualitativos después de estos años de esfuerzo y sacrificio, sin embargo, la realidad no parece ser tan optimista: ha sido hasta ahora un empeño infructuoso.

En este marco, el 2 de agosto pasado, se llevó a cabo la sesión ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública.  En esa reunión, que fue la última sesión ordinaria de este sexenio, justamente se hizo un análisis de evaluación sobre los logros conseguidos respecto a la reducción de la incidencia delictiva y particularmente del homicidio doloso.

Con un aire triunfalista el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional presentó los datos: en el lapso del último año los datos de homicidio doloso habían logrado disminuir 7%.

Se trata de una afirmación muy relevante para la ciudadanía, ya que las cifras que da la autoridad sobre la seguridad influyen en el ánimo y la tranquilidad de la población, por ello resulta fundamental que se manejen con absoluta objetividad.

Las cifras son como las señales de una carretera, deben decirle a quien las recorre si hay riesgos, la distancia que falta o si más adelante el camino se hace angosto. Es un buen símil para entender el valor que tiene el derecho a la información en este tema.

A raíz de estas cifras oficiales algunas organizaciones que trabajan sobre temas de seguridad, como es el caso del Observatorio Nacional Ciudadano de Seguridad, Justicia y Legalidad (ONC), han intervenido con algunos matices y esto ha generado una discusión muy útil que pretende atender una pregunta fundamental: ¿realmente tenemos algún avance en materia de incidencia delictiva?

Hay que tomar en cuenta que para la ciudadanía la prioridad en materia de seguridad no tiene pierde: el objetivo es sólo uno, reducir el número de delitos que se cometen y que afectan a las personas en su vida cotidiana.

Lo que las organizaciones han expresado es que ciertamente hay una disminución de los datos, pero que estos no reflejan aún una mejoría y entre otras razones han dado las siguientes:

-Las cifras sólo miden el número de denuncias de delitos lo que equivale aproximadamente al 8% del total de los delitos cometidos, ello considerando que la cifra negra, es decir los delitos que no se denuncian o que no tienen averiguación previa, de acuerdo con el INEGI es de 92%.

-La disminución se refiere aún a un período muy corto, respecto a la tendencia histórica.

-Los datos de disminución, aún son muy bajos, en el último cuatrimestre ningún delito se redujo más allá del 6%.

-La disminución no se da en todos o la mayoría de los delitos de alto impacto, por lo tanto, no refleja una tendencia generalizada.

-Aún es muy grande la dispersión de los datos, lo que significa que las cifras tienen un grado considerable de inconsistencia.

Por todo ello los datos de disminución no son halagüeños, al contrario más bien parece que en cualquier momento podrían revertirse.

Se necesitan  resultados mucho más contundentes para que realmente podamos afirmar que la situación está mejorando.

Para ejemplificar lo anterior podríamos señalar algunos datos significativos: a pesar de la reducción en los datos, mayo fue el tercer mes con mayor número de homicidios dolosos del sexenio. Otro más, los homicidios dolosos han crecido en 6 años el 80%, por lo que si la reducción se mantuviera en el ritmo del 7% anual, tardaríamos alrededor de 11 o 12 años para que pudiéramos llegar a los niveles que vivimos en el 2006.

Esta discusión, tiene que convertirse en un diálogo permanente y necesario.  La autoridad debe saber escuchar a la ciudadanía y a sus organizaciones. En la reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública el titular del Ejecutivo Federal expresó que para él la reducción que señalaban las cifras sí era relevante, porque para los mexicanos lo es. La ciudadanía considera, a través de algunas de sus organizaciones, que no basta con que los delitos no crezcan algunos meses o incluso disminuyan, lo que exigen y esperan es que las condiciones cambien para que exista un verdadero y permanente clima de seguridad.

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