OPINIÓN

Antonio Attolini: La (absurda) tragicomedia postelectoral

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Por Antonio Attolini  @AntonioAttolini
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NOTA DEL EDITOR: Antonio Attolini Murra es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en el ITAM. Es el secretario general del Modelo de Naciones Unidas de su universidad.

Mago, mariachi y locutor en sus tiempos libres, Attolini comienza con este texto una serie de colaboraciones en ADNPolítico.com. Sus opiniones son a título personal y no reflejan la postura del Movimiento #YoSoy132 ni de la Asamblea Local itamita, de la cual es vocero.


El debate público actual en torno al resultado de este proceso electoral está plagado  de deficiencias sustantivas importantes. Esto deja al absurdo como el común denominador de las discusiones políticas y revela, además de una pobreza intelectual por parte de nuestros actores políticos para resolver cualquier tipo de crisis, cómo las instituciones actuales son causa y efecto de esa misma pobreza.

El mejor ejemplo hasta el momento es el desahogo de pruebas hecho ante el Consejo General del IFE la semana pasada en el caso concerniente a la denuncia hecha por el Movimiento Progresista por el presunto uso de propaganda encubierta en Televisa para la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en su tiempo como gobernador del Estado de México, así como el supuesto desvío de fondos para el financiamiento de la misma.

Se entiende que al buscar que cualquier tipo de argumentación sobre una causa se sostenga por la vía legal, es necesario que esta argumentación alcance el objetivo de convencer “más allá de toda duda razonable”. Las acciones del Movimiento Progresista y del IFE exponen las dos caras de la misma moneda del absurdo del que comentaba anteriormente.

Del Movimiento Progresista, porque como actor político se desenvuelve con una actitud tacaña en lo concerniente a la investigación, recopilación y verificación de la evidencia necesaria para su caso, y del IFE, porque como institución política ha generado un esquema de reglas y procedimientos que no sólo permite sino que incentiva a los actores políticos a desenvolverse así.

Ante tal escenario, naturalmente quien sale beneficiada es Televisa por lo poco que le exige –intelectual y materialmente hablando- desestimar esta situación y armar su defensa. Esto lo explico a detalle (y, aclaro, con una sobredosis de sarcasmo) a continuación.

Para el Movimiento Progresista el historial de la conversación de Carlos Loret de Mola con una de las colaboradoras de su equipo en 2005, en la que supuestamente “confirmaba” la existencia de propaganda encubierta de Peña Nieto, es una prueba contundente. Ellos verdaderamente creen que esto representa una pieza de evidencia sólida que les puede ayudar a que su caso prospere.

No es necesario hacer una investigación quirúrgica de los registros financieros tanto del Gobierno del Estado de México como de Televisa para corroborar que, en efecto, exista una entrada y salida de dinero que no esté debidamente justificado y que pueda resultar sospechoso en este sentido… no, ¿para qué? Si para el Movimiento Progresista con el historial del chat entre dos personas es posible revelar y desmantelar esta estrategia política “perversa” del consorcio mediático más poderoso de habla hispana, el cual –seguramente- no estará preparado para tan poderoso embate.

¿Cuál es la respuesta de la empresa? Por supuesto, algo igualmente “brillante”: remitir a la carta escrita del puño y letra del aludido y enviada a Carmen Aristegui en la que se desestima esa acusación por ser falsa… porque lo dice él. ¡Válgame! Pienso que el Movimiento Progresista no esperaba que se utilizara este nivel de “sofisticación” por parte de Televisa.

Sin embargo, el Movimiento Progresista disponía de más recursos de información. El contragolpe lo hace utilizando la investigación del periodista Jenaro Villamil sobre la existencia de un presunto plan de acción –del que hablaba Loret de Mola- para favorecer a Peña Nieto y el reportaje del periódico The Guardian que –de manera paralela- lo sostiene.

Para esto, es necesario decir que el Movimiento Progresista es muy “considerado”, pues parece haber buscado reducirle a los consejeros electorales el tiempo necesario para sopesar la evidencia presentando -en vez de enormes expedientes integrados con complicadísima evidencia que detallasen el origen y la ruta seguida de esta supuesta estrategia- fotocopias de lo que ellos consideraron relevante. “Menos es más”, y ellos parecen entenderlo muy bien.

Esta presentación de evidencia sin duda busca rasgar la toga de corrupción de la “empresatriz” Televisa para que así, de una buena vez, todo el pueblo de México pueda decir que, en efecto, ella va desnuda. Firme y segura de sí misma, Televisa responde que al no presentarse ningún tipo de fuente primaria, de ninguna manera eso podía considerarse una pieza de evidencia seria. La acusación queda en mera retórica porque la “evidencia” (y lo digo entrecomillado), al no presentarse de manera adecuada, no prospera.

Ay sí, ¿no? Ahora resulta que el Movimiento Progresista necesita rigor en su investigación, como si la evidencia con carácter científico fuera necesaria. Bueno, pues ¿de qué se trata? ¿Qué no se supone que la manera de hacer acusaciones es haciendo la suficiente alharaca como para que te pongan atención?

Pues al parecer no, porque sin importar que uno haya hecho más o menos alharaca, Televisa aparece en su defensa como imparcial en su cobertura. De acuerdo con el monitoreo de la empresa Medialog a la cobertura que Televisa realizó de 2005 a 2011 a Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard, resulta ser este último el más favorecido. Ebrard fue quién más tiempo apareció en televisión y, según el equipo de defensores de Televisa, esto demuestra clarísimamente que esta empresa no tiene de ninguna manera una estrategia oculta para favorecer a Peña Nieto, debido a que –según este argumento- si y sólo si un candidato aparece en la televisión más tiempo que otros es que puedes decir que hay una estrategia política perversa operando detrás de él o ella, y claramente ése no es el caso de Peña Nieto.

De la misma manera, el equipo de Televisa señaló que la cobertura realizada por esta empresa en el periodo de campañas presidenciales a los candidatos fue completamente equitativa.

A Josefina Vázquez Mota, Televisa le dedicó el 26.81% del tiempo total; a Enrique Peña Nieto, el 26.68%; a Andrés Manuel López Obrador, 26.41%, y a Gabriel Quadri de la Torre, el 20.10% del tiempo. El margen de diferencia entre Vázquez Mota y Peña Nieto es tan pequeño que no se puede deducir por lo tanto que haya habido una estrategia para favorecer a un candidato o a otro.

¡La premisa sociológica de Televisa se cumple! Más tiempo en tele es igual a ganar la Presidencia y, como dos candidatos tienen casi el mismo tiempo de cobertura y sólo puede haber un presidente… ¡ahí ta'!

De esta manera queda demostrado que el pueblo de México no fue manipulado, engañado, coaccionado u obligado a votar por ningún tipo de artilugio o mapachería, sino que eligió de manera libre y democrática al próximo presidente de México, y esto sin que Televisa tuviera algo qué ver.

Y así, después de un “debate” de tan elevado calado, el Instituto Federal Electoral –la joya de la corona institucional de nuestro país- aprueba con ocho votos a favor y uno en contra una resolución que determina la falta de elementos e indicios para comprobar la adquisición ilegal de tiempos de radio y televisión por parte de Peña Nieto. ¡Una “victoria” para la democracia mexicana! Queda demostrado que en la deliberación pública, siempre prevalecerá “el mejor” argumento. Y hasta aquí los hechos.

Se dice que el sonido que emitimos los seres humanos al reírnos tiene un equivalente en varias especies distintas de chimpancés. Este sonido es utilizado por estos animales como señal de alerta al momento de percibir algún peligro inminente a la redonda. Es fácil trazar nuestro antecedente animal al observar estas conductas. Dicho lo anterior, ahora entiendo por qué cuando observo cómo se desarrolla el tan absurdo debate postelectoral en México no puedo más que emitir una carcajada nerviosa al pensar en nuestro futuro inmediato como país.

Mientras el divorcio entre los agentes políticos y la ciudadanía siga existiendo (prueba de ello el debate anterior), no superaremos la debacle actual que como proyecto de país tenemos. Y mientras la sociedad civil no se organice, seguiremos viendo al país desplomarse como eso: changuitos amenazados.

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