VICENTE FERNÁNDEZ

Opinión: La crisis de fin de sexenio

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Por Vicente Fernández  @ADNPolitico
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NOTA DEL EDITOR: Vicente Fernández Fernández es doctor en Derecho por la UNAM y profesor e Investigador en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

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Aún y cuando las crisis recurrentes de fin de sexenio en la época del priismo del último tercio del siglo XX (crisis de 1982, 1988, 1994) parecen cosa del pasado, no obstante las grandes crisis mundiales recientes, ya en el siglo XXI (2008 en Estados Unidos y 2010 en la Unión Europea), lo cierto es que no podemos soslayar los graves problemas económicos por los que pasa México (más allá de la ausencia y encarecimiento del huevo), de los que no se habla tanto no porque no exista esa problemática, sino porque los titulares de los medios de información casi siempre están copados por la guerra contra el narco y los 50 mil o 90 mil muertos del sexenio (ya se perdió la cuenta, aunque resalta la cifra de 2011 con alrededor de 27 mil muertos solo en ese año).

El tema económico será la marca del nuevo gobierno, en donde el aspecto laboral destaca sobremanera, dadas las cifras preocupantes. De entrada, con más de la mitad de la población en niveles de pobreza y, de ellos, 10 millones en pobreza extrema, ya es de por sí algo con lo cual alarmarse. Si bien la cifra oficial de desempleo que ronda el 5%, parece rescatable ante el 8% de Estados Unidos y el 25% de España, mucho hay que ver en la forma de su obtención, porque en el caso mexicano, cifras recientes muestran un crecimiento del empleo informal, llegando a rondar los 30 millones de personas en ese sector y que, por lo tanto, no contabilizan las cifras del desempleo. Si se contaran solamente los empleos formales seguramente la tasa sería tan alarmante como las cifras de los muertos.

A los problemas de pobreza y de desempleo, hay que sumarle los relacionados con la calidad de los que se tienen. Si la cantidad es un problema porque cada año se necesitan crear cerca de un millón de nuevos empleos (sin contar los que se pierden), la calidad en los existentes es también de preocuparse: según las cifras oficiales recientes, se observa un incremento en el número de trabajadores que perciben de uno a tres salarios mínimos, es decir, que el ingreso se ha venido deteriorando, porque estamos hablando de un alto porcentaje de personas que sí perciben un salario mínimo, ganando poco más de $1,800.00 al mes, cantidad que desde luego está lejos de ser un salario remunerador en términos de los parámetros que la propia constitución exige y a la realidad del día a día.

Si a lo anterior le sumamos todavía temas como el mobbing o acoso laboral que se vive tanto en la iniciativa privada como en el sector público y el poder de los sindicatos que controlan la asignación y venta de plazas, así como los deficientes servicios de seguridad social, con servicios médicos de mala calidad, escasez de medicinas, un sistema de ahorro para el retiro que todos afirman que no responderá a las necesidades de quienes se jubilen en los próximos 20 años, resulta un coctel difícil de digerir.

Si a todo esto no le llamamos crisis económica es solamente porque los números macroeconómicos muestran estabilidad financiera y un sistema bancario sólido, sobre todo cuando se compara con los sistemas que han pasado o están padeciendo crisis de ese tipo. En estados Unidos, la crisis de 2008 tronó al sistema financiero y hoy en día Grecia, España, Italia, Portugal, están poniendo en jaque a la unión monetaria en Europa.

Si el último presidente priista del siglo XX (Zedillo), recibió a un país sostenido con alfileres y que no tardaron mucho en desprenderse, ahora al primer presidente priista del siglo XXI le toca recibir un país con una economía estancada y con un tema de seguridad insostenible.

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