TIARÉ SCANDA

Opinión: Desde el punto de vista de un policía

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Por Tiaré Scanda  @tiare_scanda
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NOTA DEL EDITOR: Tiaré Scanda es actriz de cine, teatro y TV. Participa actualmente en la telenovela "Por ella soy Eva”. Es autora del monólogo “Con la P en la frente” y otros espectáculos de cabaret, conductora de la Feria de Derechos Humanos de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y vocera de Save The Children México.


Cuando vi la película mexicana “Días de gracia” lo que más me impactó fue el realismo con que fue filmado desde el punto de vista de los policías, el momento en el que acuden a atender la denuncia de una balacera en Tepito. Como espectador, uno siente que el policía es bueno y lo que tiene enfrente al llegar al lugar de los hechos es un escenario confuso. Balas, balas, balas, de un lado y de otro. ¿Cómo saber quiénes son? ¿Quién es el agresor y quién se está defendiendo? O tomando en cuenta que los dos traen armas, ¿quién es el más peligroso? ¿A cuál hay que atrapar primero?

En ese contexto, sobra decir que no existe ningún recurso para detener el tiroteo que no sean más balas. (Aunque se me ocurre que los bomberos lo podrían detener a chorros de agua, sin matar a nadie).

Honestamente, yo sólo sería capaz de hacer un trabajo que implicara poner en riesgo mi vida y la seguridad y bienestar de mi familia, si tuviera alma de héroe y me pagaran millones de dólares por hacerlo. Si nomás me dieran prestaciones como el ISSSTE o el IMSS, donde nunca hay camas en urgencias y hay que esperar que alguien se muera para ocupar alguna, o donde los pobres médicos, rebasados por la carga de trabajo, han ido perdiendo  -salvo honrosísimas excepciones- la empatía hacia el paciente y el amor por su profesión… Y si encima, fuera víctima de la absoluta falta de respeto y el clasismo de muchos de los ciudadanos por los que se supone que debo dar mi vida… No. Yo no lo haría.

¿Qué tal si, obedeciendo órdenes de mis superiores, disparara contra unos vehículos sospechosos, que se venían persiguiendo a toda velocidad, y no se detuvieron cuando se les ordenó, en una zona considerada peligrosa? ¿Qué tal si resultara que los sospechosos eran nada menos que unos funcionarios de la embajada de EEUU?

No. Definitivamente no sería policía.

¿Cuántos jóvenes entrarán a las corporaciones policiacas o a las fuerzas armadas con ideales y buenas intenciones? ¿Cuántos lo harán por necesidad económica? Seguramente lo ven como una oportunidad de superarse y de servir al país pero se topan con que, ya estando dentro, “el que no transa no avanza”. Jóvenes que podrían haber sido héroes se contagian de la incontrolable epidemia de corrupción. Les matan la ilusión. Les arrancan los ideales. Les cortan las alas.  Y ya habiéndolos corrompido puede venir cualquiera a comprar su lealtad.

¿Habrán sido aliados de algún grupo criminal los 12 policías federales involucrados en el ataque a una camioneta de la embajada de Estados Unidos? ¿Será cierto que los norteamericanos eran miembros de la DEA y buscaban a un narco?

¡Qué triste no poder creerle a nadie!

Hemos visto tantas películas de Hollywood que automáticamente resulta que el norteamericano es bueno y los malos nosotros. ¿Y si no fuera así?  Leí declaraciones de los familiares de algunos de los policías, y visto desde sus ojos, todo era diferente.  

Aunque ya estamos acostumbrados a desconfiar de entrada de los guardianes del orden, duele  saber que también hay posibilidades de que entre esos 12 policías federales haya inocentes que, desde su punto de vista, estaban haciendo su trabajo.

Otra posibilidad, nada descabellada, es que yo esté siendo completamente ingenua y que todos los involucrados sean pésimas personas. Tratando de entender, uno se hace su propia película en la cabeza.

Por cierto, si no la han visto, vale la pena que vean “Días de gracia”.

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